El cataclismo de la violencia

Por Héctor Caldelari - Sociólogo.

07 Marzo 2010
La sociedad humana se sustenta en frágiles redes de contactos que facilitan la existencia de relaciones relativamente fluidas entre individuos y sectores sociales. Esas redes permiten prescindir del recurso de la fuerza física, última "ratio" que, sin embargo, aparece en algunas situaciones particulares aún dentro de la situación de "normalidad".

Cuando el esquema social soporta tensiones o se rompe -y las catástrofes naturales son una ocasión para ello- el recurso a la fuerza salta al primer plano.

En el caos que suele sobrevenir a los desastres pueden surgir conductas extremas que, guiadas tanto por la abnegación como por el egoísmo, se traduzcan en violencia. Es el caso probable de la madre o el padre que se enfrenta con sus compañeros de desgracia para defender a su familia u obtener los alimentos necesarios apelando a la misma violencia a la que recurre un delincuente que ve en el desorden una oportunidad de lucro.

El nivel de desigualdad y conflicto que caracterizaba a la sociedad antes de la catástrofe así como la capacidad de organizar el auxilio a las víctimas son, sin lugar a dudas, determinantes en la emergencia de la violencia. Pero ni aún las sociedades más desarrolladas están aseguradas contra estas situaciones. La agresión surgida durante la distribución de la ayuda y los saqueos estuvieron presentes no sólo en Haití y Chile, sino también en Nueva Orleáns, durante la contingencia del huracán "Katrina".

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