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Sábado, 27 de Febrero de 2010
PANORAMA TUCUMANO

Los sueños, sueños son; pero aquí...

Los políticos sueñan una realidad que no es la que vive la mayoría de los argentinos. Yedlin pidió auxilio a Manzur y obtuvo el espaldarazo oportuno de Alperovich
LA GACETA
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Como los participantes de aquel programa de Berugo Carámbula a fines de los 80, algunos políticos creen caminar por un arco iris pintado en el piso hasta esconderse detrás de la escenografía. Y, gracias a la magia de la televisión, vuelven segundos después con ropa y peinado nuevos, maquillados y relucientes. Sólo falta que alguien se pare enfrente y grite "los sueños, sueños son; pero aquí, se hacen realidad".
Ese, quizá, sea el principal problema de la dirigencia local. Vivir en un sueño continuo. Lástima, por cierto, que no sea el mismo que hace más largas las noches a la mayoría de los argentinos. Cristina Fernández de Kirchner, tan suelta como de costumbre, se puso el traje de Cenicienta y, cual historia de Walt Disney, dijo que nunca pensó en la llegada de Barack Obama como en la de un príncipe en un corcel blanco. De lo que no se percató es que muchos argentinos que confiaron en su marido, primero, y en ella, después, también soñaron con que las agujas del reloj no marquen nunca las 12. Pero todo volvió a la realidad. A ser como antes. Y, por lo menos hasta ahora, su historia no camina hacia un final feliz.

La bella y la bestia

Mientras muchos políticos siguen durmiendo, la sociedad se despertó hace rato. Y vive como Cenicienta durante el día, fregada. En sus sueños, los dirigentes imaginan una noche estrellada; en cambio, la mayoría de los argentinos padece una tormenta con truenos y relámpagos. Y amanecen con el agua hasta el cuello.
Desde lo que les dice su almohada, los políticos pintan una realidad de ensueño. Y mientras la sociedad grita por la inflación, por el desempleo, por la pobreza, por la falta de un techo, ellos hasta sueñan que sueñan. Lo que pasó en el Senado de la Nación este miércoles es una muestra de ello. Con la travesura cortoplacista de retirarse del recinto, el oficialismo extendió por un par de horas más su sueño de poder inlimine. Y la oposición, que soñaba con convertirse en el ogro que conquistaba a la bestia, sufrió un cachetazo de realidad. Al parecer, los malos de verdad no son tan fáciles de derrotar como sucede en las historias de bolsillo.

Abrir y cerrar de ojos

José Alperovich también tiene un sueño. Pero comenzó a dar vueltas en la cama porque una pesadilla amenaza con despertarlo. Repite como sonámbulo a sus colaboradores que lo principal "es terminar bien la gestión".
En otras palabras, el gobernador sabe que, más tarde o más temprano, el sueño de la provincia propia acabará. Si en 2011 es elegido por tercera vez para conducir el Poder Ejecutivo, soñará con un prado de hiedras apenas unos días más, pero no despertará -precisamente- con el beso del príncipe. Cuando eso ocurra, constatará que todo lo que vivió a lo largo de estos años fue un efímero sueño: sin posibilidad constitucional de ocupar por cuarta vez el sillón de mandamás, verá cuán hipócritas fueron las palmadas y las rondas de mate que cada mañana compartió con unos cuantos. Por eso no quiere abrir los ojos. Al menos, por ahora.

Con tres cabezas
El sueño de Juan Manzur casi se interrumpe de repente. En realidad, desde que se fue a Buenos Aires, el vicegobernador y ministro de Salud de la Nación no puede conciliar el sueño. Porque cada vez que cierra los ojos se le viene la misma imagen a la cabeza: en 2011, él ya no está en la foto de José. Por eso, como bebé de seis meses, llora a gritos para que vuelvan a ubicarle la cuna al lado de la cama matrimonial, mientras ilustra paredes con fotografías de Sergio Mansilla y de Osvaldo Jaldo, como si fueran troles o duendes que lo espantan.
Para colmo de males, cual hijo a un padre, Pablo Yedlin le pegó un grito de auxilio desde el otro cuarto en plena madrugada. El mini-Manzur ilustrado vive una pesadilla desde hace 10 días: el Tribunal de Cuentas y la prensa, convertidos en monstruos de tres cabezas, lo persiguen por un bosque encantado para preguntarle por una fundación cuyo presidente es amigo de un funcionario de Manzur, que no tenía los papeles en orden y que le facturó al Estado $ 800.000 por una capacitación en odontología cuyos capacitados se perdieron intentando cruzar el fango.
Para su suerte, cuando ya se encontraba cansado de correr en arena movediza y sin poder salir, sus alaridos despabilaron a Alperovich, que rápidamente le dijo -con instinto paternal- que sólo había sido un sueño, y que aún gozaba de buena salud. "Son los niños mimados; ellos son los técnicos, los buenitos; nosotros los políticos. A cualquiera de nosotros, por menos que eso, ya nos hubiera crucificado", rezongó un hombre que también ocupa un despacho en el primer piso de la Casa de Gobierno.
En todo cuento hay algunos que están tocados por la varita mágica y otros que, simplemente, están porque son necesarios.

Almohadas, por favor
Los legisladores también tienen sueño. Por eso duermen desde hace… uno, dos, tres… ¡tres meses! A decir verdad, los parlamentarios del oficialismo y de la mayoría de los partidos de la oposición sí que duermen.
Total, el sueño de la casa propia es el único que parece no sentir los efectos de la crisis económica. De hecho, la empresa que construye el nuevo edificio del Poder Legislativo en la esquina de Muñecas y avenida Sarmiento recibe todos los meses fondos suficientes para avanzar con el proyecto. Mientras tanto, las demás constructoras pasan con la mano extendida por cuanta puerta de despacho oficial ven entreabierta. Pareciera ser que Alperovich tiene ganas de que Manzur, ideólogo del proyecto de un nuevo edificio legislativo, pase una buena noche hasta que regrese a su función.
Pese, claro está, a que miles de tucumanos no duermen de la ansiedad: abren el diario todos los días con la esperanza de que el Estado anuncie la entrega de su casita en Lomas de Tafí. Y eso que ya pasaron cinco años desde la fecha de lanzamiento.
Perezosos, en la Cámara programaron el despertador para el lunes, pensando en que el rey José de sus cuentos se sirva el banquete de los aplausos. Pero ante el anuncio de la ausencia forzada por cuestiones de salud de Alperovich, la corte de edecanes comenzó a bostezar de nuevo. Y amenaza con dormirse.

Cuentos sin hadas

Se ve, no hay hadas en los cuentos de la política. Para la sociedad, la realidad que narran los gobernantes aparece tan lejana como la torre más alta del castillo en el que la doncella descansa, custodiada por dragones que echan fuego a los que se acercan.
Es que mientras los políticos sigan soñando con batallas que a nadie le interesan, con epopeyas que nunca cumplen y con finales felices que nunca llegan, nunca querrán despertarse. A pesar de que la sociedad ya se sentó al pie de la cama para decirles que ella también puede atreverse a soñar. Pero, lamentablemente, los sueños, sueños son, pero aquí…


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