03 Febrero 2010 Seguir en 
El vespertino sigilo que rodea los rincones del departamento de Manuel Serrano Pérez invoca desde el silencio la figura de Tomás Eloy Martínez. Manuel, que fue amigo y compañero universitario del fallecido escritor tucumano, sigue de luto pero en diálogo con LA GACETA procura recordar aquellos eventos que sólo le arrancaron una sonrisa del rostro, un guiño cómplice del ojo, un abrazo solemne con aquel periodista emblemático que fue y será Tomás Eloy.
"Egresamos juntos de la Facultad de Filosofía y Letras. Recuerdo que mi hermano Raúl, junto con Tomás, participaron de un certamen de poesía y ganaron. A partir de entonces pude comprender que mi amigo era un hombre como pocos: activo, inteligente, formado en sus lecturas y preocupado por difundir su particular sentimiento por la cultura", rememoró Serrano Pérez.
Admiración sin tapujos
Los vínculos que lo acercaron al novelista lo trasladan a ese momento de la historia argentina en el que la juventud tomó el papel protagónico con palabras y pensamientos de alto calibre. "Eramos parte del movimiento intelectual, parte del cambio, miembros de la nueva excelencia. Fue un momento ideal para vivir con Tomás", manifestó.
Serrano Pérez no puede disimular la admiración que le provoca la humanidad de ese viejo camarada que descubrió en el ámbito académico. Tampoco se desvela por ocultarlo. Lo manifiesta con orgullo: "yo fui amigo de Tomás Eloy Martínez".
Se refiere a él como "uno de los máximos escritores y periodistas del siglo XX, un pivote de relación entre la noticia que se ofrece a la gente y la noticia que la gente debe leer".
Deslumbrado por la capacidad que demostraba el novelista para entablar contacto con el mundo, Serrano Pérez asegura que hubiese sido muy gratificante despedirse de su amigo con estas palabras: "No dejes de escribir nunca, Tomás".
"Egresamos juntos de la Facultad de Filosofía y Letras. Recuerdo que mi hermano Raúl, junto con Tomás, participaron de un certamen de poesía y ganaron. A partir de entonces pude comprender que mi amigo era un hombre como pocos: activo, inteligente, formado en sus lecturas y preocupado por difundir su particular sentimiento por la cultura", rememoró Serrano Pérez.
Admiración sin tapujos
Los vínculos que lo acercaron al novelista lo trasladan a ese momento de la historia argentina en el que la juventud tomó el papel protagónico con palabras y pensamientos de alto calibre. "Eramos parte del movimiento intelectual, parte del cambio, miembros de la nueva excelencia. Fue un momento ideal para vivir con Tomás", manifestó.
Serrano Pérez no puede disimular la admiración que le provoca la humanidad de ese viejo camarada que descubrió en el ámbito académico. Tampoco se desvela por ocultarlo. Lo manifiesta con orgullo: "yo fui amigo de Tomás Eloy Martínez".
Se refiere a él como "uno de los máximos escritores y periodistas del siglo XX, un pivote de relación entre la noticia que se ofrece a la gente y la noticia que la gente debe leer".
Deslumbrado por la capacidad que demostraba el novelista para entablar contacto con el mundo, Serrano Pérez asegura que hubiese sido muy gratificante despedirse de su amigo con estas palabras: "No dejes de escribir nunca, Tomás".










