Un disfraz que oculta el sufrimiento de nuestra cultura

Lucía Lozano
Por Lucía Lozano 28 Enero 2010
El tránsito suele ser el mejor espejo de una cultura. Sus reflejos desnudan individualismo, omnipotencia y desapego a las normas.

Las coimas forman parte de ese cóctel y generan en el infractor una sensación de impunidad.

¿Cómo se puede terminar con este pernicioso hábito?

Un cambio generacional de inspectores y una mayor preparación profesional, sin dudas, ayudará a mejorar la imagen despreciada de los agentes.

Pero el sistema será efectivo solamente si al final las multas se pagan sí o sí, sin privilegios ni acomodos.

También sería bueno avanzar en un serio plan para informar a los conductores sobre sus derechos: quien no conoce las reglas puede ser susceptible de caer en la picardía de un agente.

No bastará sólo con esto. Para que exista un cohecho, se necesitan dos.

Entonces, también los conductores tendrán que aprender a respetar la ley ante todo. Sólo así las coimas dejarán de ser un disfraz para ocultar el sufrimiento de nuestra cultura.

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