En tiempos de la antigua Grecia, el físico Galeno afirmaba que el hipo era simplemente la expresión de emociones violentas que empiezan en el estómago e irrumpen en la boca. Si bien con el paso del tiempo esta hipótesis quedó desactualizada, hay gestiones que se encargan de reflotarla. En una charla -café de por medio-, el editor de Política, Alvaro Aurane, me comentaba que a la gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner le cabe la teoría del hipo. "Un día actúa desde el estómago y al otro lo refleja desde la boca", afirmaba.
Los hechos y los anuncios cotidianos avalan aquella teoría. Durante la gestión kirchnerista hubo dos crisis internas que acabaron por tirar a tierra las oportunidades que se les presentaba a la economía argentina para avanzar hacia un crecimiento sostenible. Durante 2008, cuando el valor de las commodities estaban por las nubes, el Gobierno decide aumentar las retenciones móviles a la soja y entra en una espiral conflictiva que terminó con el "no positivo" del vicepresidente Julio Cobos a la polémica resolución 125. Casi dos años más tarde, el Gobierno se plantó nuevamente en sus necesidades. La avidez por conseguir financiamiento -el externo sigue siendo inalcanzable para una Argentina a la que los mercados miran con desconfianza-, el Gobierno apela a las reservas del Banco Central para hacer frente al pago de las deudas de este año, aún cuando el Presupuesto Nacional 2010 contempla las partidas necesarias.
El freno que le puso Martín Redrado a aquella decisión presidencial le ha provocado al Gobierno molestas contracciones que le impiden sostener el diálogo con los sectores enfrentados. Ese hipo ha sido una constante durante la actual administración. Sin embargo, desde 2003 la economía argentina transitó un sendero virtuoso de casi seis años creciendo a tasas chinas.
Sin embargo, la intervención estatal en la actividad privada se profundizó. En 2007, la Casa Rosada le puso un freno a la inflación a través de las estadísticas oficiales. Desde entonces, una cosa es lo que sucede con los precios dentro del supermercado kirchnerista y otra distinta es la percepción de la sociedad sobre la evolución de los precios en las góndolas de las grandes cadenas, de los mayoristas y hasta de los almacenes, para no dejar afuera a ningún eslabón del consumo. La economía argentina vivió en 2009 su peor año, con una inflación que osciló entre el 15% y el 20%, mientras el Indec midió tan sólo un 7,7% para todo el año.
Algo parecido sucede con la desocupación. La Presidenta anticipó ayer que el desempleo en la Argentina urbana cerró el año anterior con una tasa del 8,4%. En otro momento, el Gobierno hubiera hablado de un índice que se acerca al pleno empleo, pero la crisis aún no se cerró. Los conflictos internos han abierto grietas que hacen temblar al mercado laboral. Una prueba de ello es la última medición sobre el Clima de Negocios en la Argentina, elaborado por SEL Consultores. Según ese diagnóstico, la incertidumbre política retrae las inversiones y alimenta la inflación. Ambas razones pueden ser causales de ciertas restricciones a la generación de empleo.
Tucumán está a tono con los anuncios presidenciales. Antes de tomarse vacaciones, el gobernador José Alperovich anticipó que en la provincia el desempleo alcanzó al 8% durante el último trimestre del año anterior. Es decir que unos 29.000 habitantes del Gran San Miguel de Tucumán no consiguieron empleo, pese a la reactivación del consumo.
La provincia viene de un tercer trimestre con fuerte impacto en el mercado laboral. Por la pérdida de empleos en pleno ciclo de la agroindustria (principal tomadora de trabajadores), el índice de desempleo superó los dos dígitos. Las oscilaciones en la tasa se vienen reflejando trimestre tras trimestre. En la Provincia, los call center dieron empleos a centenares de jóvenes, pero la tasa oficial registra una desocupación de entre el 16% y el 20% entre los jóvenes de hasta 29 años. Hasta los planes jefas y jefes de Hogar descendieron a niveles impensados: quedan sólo 4.600 beneficiarios, casi 10 veces menos que hace tres años. No obstante, cuesta reducir la desocupación y mucho más el empleo no registrado, que afecta al 46% de los asalariados.
El Gobierno provincial confía en que el plan "Argentina Trabaja" mitigue los efectos del desempleo en el primer trimestre del año, un período que -de por sí- está signado por la falta de oportunidades laborales. Sin embargo, se trata de un programa coyuntural que, en principio, podrá sacar de la subocupación y hasta de la pobreza a cientos de familias, pero a plazo fijo.
En seis años, el Gobierno nacional no ha encontrado la fórmula para derramar la riqueza o redistribuir el ingreso de forma equitativa entre las regiones. El NEA y el NOA siguen siendo las zonas más castigadas del país por los indicadores socioeconómicos. Con dos años más de gestión por delante, preocupa que al kirchnerismo el hipo persistente (que es pasajero) se le convierta en intratable, de esos que llevan a los ataques de histeria y que pueden agravar la salud institucional del país.
Los hechos y los anuncios cotidianos avalan aquella teoría. Durante la gestión kirchnerista hubo dos crisis internas que acabaron por tirar a tierra las oportunidades que se les presentaba a la economía argentina para avanzar hacia un crecimiento sostenible. Durante 2008, cuando el valor de las commodities estaban por las nubes, el Gobierno decide aumentar las retenciones móviles a la soja y entra en una espiral conflictiva que terminó con el "no positivo" del vicepresidente Julio Cobos a la polémica resolución 125. Casi dos años más tarde, el Gobierno se plantó nuevamente en sus necesidades. La avidez por conseguir financiamiento -el externo sigue siendo inalcanzable para una Argentina a la que los mercados miran con desconfianza-, el Gobierno apela a las reservas del Banco Central para hacer frente al pago de las deudas de este año, aún cuando el Presupuesto Nacional 2010 contempla las partidas necesarias.
El freno que le puso Martín Redrado a aquella decisión presidencial le ha provocado al Gobierno molestas contracciones que le impiden sostener el diálogo con los sectores enfrentados. Ese hipo ha sido una constante durante la actual administración. Sin embargo, desde 2003 la economía argentina transitó un sendero virtuoso de casi seis años creciendo a tasas chinas.
Sin embargo, la intervención estatal en la actividad privada se profundizó. En 2007, la Casa Rosada le puso un freno a la inflación a través de las estadísticas oficiales. Desde entonces, una cosa es lo que sucede con los precios dentro del supermercado kirchnerista y otra distinta es la percepción de la sociedad sobre la evolución de los precios en las góndolas de las grandes cadenas, de los mayoristas y hasta de los almacenes, para no dejar afuera a ningún eslabón del consumo. La economía argentina vivió en 2009 su peor año, con una inflación que osciló entre el 15% y el 20%, mientras el Indec midió tan sólo un 7,7% para todo el año.
Algo parecido sucede con la desocupación. La Presidenta anticipó ayer que el desempleo en la Argentina urbana cerró el año anterior con una tasa del 8,4%. En otro momento, el Gobierno hubiera hablado de un índice que se acerca al pleno empleo, pero la crisis aún no se cerró. Los conflictos internos han abierto grietas que hacen temblar al mercado laboral. Una prueba de ello es la última medición sobre el Clima de Negocios en la Argentina, elaborado por SEL Consultores. Según ese diagnóstico, la incertidumbre política retrae las inversiones y alimenta la inflación. Ambas razones pueden ser causales de ciertas restricciones a la generación de empleo.
Tucumán está a tono con los anuncios presidenciales. Antes de tomarse vacaciones, el gobernador José Alperovich anticipó que en la provincia el desempleo alcanzó al 8% durante el último trimestre del año anterior. Es decir que unos 29.000 habitantes del Gran San Miguel de Tucumán no consiguieron empleo, pese a la reactivación del consumo.
La provincia viene de un tercer trimestre con fuerte impacto en el mercado laboral. Por la pérdida de empleos en pleno ciclo de la agroindustria (principal tomadora de trabajadores), el índice de desempleo superó los dos dígitos. Las oscilaciones en la tasa se vienen reflejando trimestre tras trimestre. En la Provincia, los call center dieron empleos a centenares de jóvenes, pero la tasa oficial registra una desocupación de entre el 16% y el 20% entre los jóvenes de hasta 29 años. Hasta los planes jefas y jefes de Hogar descendieron a niveles impensados: quedan sólo 4.600 beneficiarios, casi 10 veces menos que hace tres años. No obstante, cuesta reducir la desocupación y mucho más el empleo no registrado, que afecta al 46% de los asalariados.
El Gobierno provincial confía en que el plan "Argentina Trabaja" mitigue los efectos del desempleo en el primer trimestre del año, un período que -de por sí- está signado por la falta de oportunidades laborales. Sin embargo, se trata de un programa coyuntural que, en principio, podrá sacar de la subocupación y hasta de la pobreza a cientos de familias, pero a plazo fijo.
En seis años, el Gobierno nacional no ha encontrado la fórmula para derramar la riqueza o redistribuir el ingreso de forma equitativa entre las regiones. El NEA y el NOA siguen siendo las zonas más castigadas del país por los indicadores socioeconómicos. Con dos años más de gestión por delante, preocupa que al kirchnerismo el hipo persistente (que es pasajero) se le convierta en intratable, de esos que llevan a los ataques de histeria y que pueden agravar la salud institucional del país.







