AREAS NATURALES - CRISIS AMBIENTAL

La ONU declaró 2010 como el Año Internacional de la Biodiversidad

Hoy inauguran en Berlín el calendario verde.
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DAÑOS. Con el esfuerzo colectivo se puede frenar el deterioro del planeta. DYN

"Verdadera telaraña de la vida" y "póliza de seguro de supervivencia de la humanidad". Con estas palabras definen la biodiversidad los técnicos Hamdallah Zedan y Klaus Töpfer, que se desempeñaron respectivamente como secretario ejecutivo del Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB) y director del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente (UNEP, por sus siglas en inglés). Ellos reflejan la preocupación de la comunidad de políticos y científicos que desde la Cumbre de la Tierra de 1992 (Río de Janeiro) impulsan la coordinación mundial de las acciones ecológicas. Anhelo que al menos ha conseguido que la Organización de las Naciones Unidas declare a 2010 como el Año Internacional de la Biodiversidad.
La inauguración oficial del calendario verde estará a cargo de la canciller alemana Angela Merkel, que en el Museo de la Naturaleza berlinés recordará hoy los objetivos del CDB (del que 193 países forman parte, incluida la Argentina): alcanzar en 2010 una significativa reducción de la pérdida de la biodiversidad en los contextos global, regionales y nacionales como contribución al alivio de la pobreza y para beneficio de todas las formas de vida terrestre.
Merkel estará rodeada de las autoridades internacionales en la materia: Achim Steiner, director del UNEP, y Ahmed Djoghlaf, secretario del CDB. Son las caras visibles de un propósito infructuoso: los analistas del pacto ya han anticipado que sólo un esfuerzo colectivo sin precedentes podrá lograr una reducción significativa del deterioro de la biodiversidad para finales de este año.
La tesis de Sukhdev
"La mayoría de los indicadores de degradación de la diversidad biológica se mantienen constantes y hasta parece que se agravarán en el futuro próximo", pronosticó la Secretaría del CDB. La perspectiva negativa profundiza el magro resultado de la reciente Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático celebrada en Copenhague (Dinamarca), entre el 7 y el 18 de diciembre de 2009.
Los promotores del convenio ven una luz al final del túnel, a partir de la posibilidad de cuantificar las pérdidas económicas derivadas del daño a la naturaleza. A esa tarea se ha abocado el economista Pavan Sukhdev, cabeza del estudio titulado "Economía de los ecosistemas y la biodiversidad". Convocado por al UNEP, Sukhdev sugiere que las cuentas nacionales incluyan y calculen el significativo beneficio que obtienen de los ecosistemas y la biodiversidad. "Esta cuantificación llevará a los políticos a adoptar las medidas y mecanismos financieros adecuados para la conservación", apuntó.
En un escenario de destrucción como el vigente, el economista pronostica que el 11% de las áreas naturales existentes en 2000 desaparecerán en 2050 como consecuencia de la expansión de la agricultura, la infraestructura y el cambio climático.
El coral está en peligro
La perspectiva es todavía más delicada en el caso de las barreras de coral: Sukhdev considera que el 60% puede desaparecer para 2030 por acción de la pesca, la polución, las epidemias, la invasión de especies foráneas y el recurrente cambio climático. Diferentes métodos para medir el valor económico de la pérdida de ecosistemas selváticos arrojan un quebranto de 28.000 billones de euros (153.350 millones de pesos) por año. "El impacto de la degradación del ’stock’ de capital natural se siente no sólo cuando este se produce: la reducción en el flujo del servicio continúa a lo largo del tiempo", advierte el experto.
La amenaza económica y financiera ha comenzado a funcionar en países como Venezuela, donde la inversión en el sistema nacional de áreas protegidas impedirá una sedimentación que, sin actividades de contención, puede reducir las ganancias de los campesinos por 3,5 millones de dólares (13,3 millones de pesos) anuales.
Según las conclusiones del equipo de Sukhdev, divulgadas en Bélgica, uno de cada 40 empleos en Europa ya están relacionados con la preservación del medioambiente. Las pruebas confirman que el cumplimiento del CDB depende de hacer visible el precio de destruir la biodiversidad. Los foros de todo tipo previstos en 2010 -incluso un congreso latinoamericano con sede en Tucumán- intentarán ampliar esos logros.

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