Una mesa inestable de tres patas

En la marcha por la inseguridad se ve el efecto de la tarea de la Policía, la Justicia y de Políticas Sociales.

LA GACETA
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Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 05 Enero 2010
¿Dónde está el responsable? La marcha en reclamo de Justicia por el crimen de Silvia de Roselló dejó una sensación extraña: en la búsqueda de respuestas, los doloridos familiares y amigos de la víctima pusieron el eje en la Justicia, sin dejar de señalar que la Policía aún no puede atrapar a los autores del asesinato. Una de las pancartas decía "Policía vs Justicia=ciudadanos indefensos", lo cual traducía la impotencia frente a un hecho irreversible, la pesadilla de la muerte.
La Policía dio una primera respuesta: la identificación de quien se cree que fue el asesino. Un tal "Garrón", sindicado como adicto, violento, muy peligroso y de vasto prontuario. Encaja perfectamente en los estereotipos de la inseguridad que atormentan desde hace tres lustros a los tucumanos: según informaron fuentes policiales, ha sido menor delincuente, estuvo preso en la cárcel de Villa Urquiza y se escapó, tras un permiso extramuros.
Estos datos, por cierto, han sido los que permitieron poner en la mira a la justicia. A ello contribuyó, además, el hecho de que la jueza Emma de Nucci demoró una semana en conceder la orden de detención luego de que la Policía (al cabo de otros largos 10 días de investigación) afirmara tener la identidad del asesino. ¿La demora contribuyó a la fuga del agresor? No se puede decir. Pero la gente piensa. Lo mismo ocurrió con el hecho de que, según dijo ayer el esposo de Silvia, Claudio Roselló, el fiscal Carlos Albaca, que estaba a cargo de la pesquisa hasta que comenzó la feria de Tribunales, no recibió a los familiares de la víctima.
Sin embargo, otros elementos han quedado en el tapete. Es cierto que la pata judicial parece estar demasiado lenta en la investigación del crimen -el fiscal de Feria, Carlos Sale, apenas contuvo a los desolados familiares afirmando que las puertas de la Fiscalía estaban abiertas para ellos y que la pesquisa seguirá durante el receso en el Poder Judicial-. Pero también está el hecho de que el barrio Ciudad Parque, donde fue asesinada Silvia hace 18 días, no tuvo patrullaje policial durante años, con lo cual la otra pata, la de la prevención policial, también había fallado.
Y la tercera, la de la política de seguridad, que debería incluir una visión macro de las crisis sociales que empujan a mucha gente a la marginalidad, también había fracasado. Eso se ve en el incremento incesante de la violencia, de las adicciones y de la aparición de menores de edad peligrosos e inmanejables para sus padres y para la sociedad.

Fallido manodurismo

La reacción del sistema para este fenómeno, desde hace demasiado tiempo, es tan repetitiva como insuficiente. Lo acaban de destacar en un reciente acto político multisectorial en Buenos Aires, para dar a conocer propuestas para una seguridad en democracia, donde se criticó el "facilismo represivo". León Arslanian, que fue responsable de la Justicia y de la Policía en Buenos Aires, dijo que el problema de la seguridad se ha agravado "por la repetición de políticas fallidas e ineficientes como el manodurismo".
Allí fue significativa también la presencia de Alberto Lebbos, cuya hija fue brutalmente asesinada hace casi cuatro años, y cuya causa -que está en manos del fiscal Albaca- parece estancada. Es muy probable que este crimen jamás se resuelva. Lebbos padece una especie de aislamiento por falta de respuestas, después de haber protagonizado muchas marchas contra la inseguridad en nuestra provincia. Pero él se las ingenia para hacer oír su voz de protesta y así se coló en la reunión de Buenos Aires. "No quiero que bajen la edad de imputabilidad, ni que endurezcan las penas, ni que haya más policías en las calles para que estén al servicio de la corrupción y repriman al pueblo. Sólo quiero que se haga cumplir la ley de protección a testigos y se respeten las normas que están aún vigentes", dijo, duro, contundente y con una visión absolutamente distinta. Nadie le contestó y sus palabras resuenan sin eco.
Acaso una explicación de las fallas que han llevado a esta situación que hoy se lamenta esté en poner énfasis en una política que no ha dado resultados, que ha llevado al agravamiento de la violencia y a la falsa dicotomía de policías que detienen y jueces que liberan, sin que la sociedad se pregunte quién tiene la culpa, o si los dos la tienen. Y lo que es peor, nadie se pregunta seriamente si se pueden cambiar cosas para que esta relación neurótica se modifique.

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