La alegría de ver caras nuevas que hacen olvidar la distancia

27 Dic 2009
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MIGUEL MARTIN. LA GACETA / ARCHIVO

"El ambiente es muy bajón, pero la gente está tan contenta por recibir visitas y ver una cara nueva, que todo termina siendo como muy familiar", contó Miguel Martín, el actor cómico que con su personaje "oficial Gordillo", un policía excesivamente tucumano (foto), animó una fiesta de fin de año en la Minera La Alumbrera.
Al llegar, Miguel recibió una advertencia: "no se hacen chistes sobre la infidelidad". "Me mataron... ¿cómo iba a hacer, si Gordillo es un terrible carnero? Y bueno, le metí, total era él y no el público al que lo hacían rebotar... y por suerte salió todo bien.

Todo fríamente calculado
La fiesta, contó, estaba perfectamente cronometrada. El tiempo para cenar, para llamar por teléfono a la familia, y el espectáculo. "A las 0.20 terminó todo, cero alcohol", relató.
"Cuando terminé los tipos se me vinieron encima, a darme las gracias por haber ido, a preguntar cosas, a mostrarme su boliche y su sala de juegos. Me sentí muy raro", dijo.
Lo peor, contó, fue el regreso. "Como se nos hizo tarde y no se puede salir de ahí después de la 1am, tuvimos que esperar hasta las 6. Llegué a mi casa a las 13, con la cabeza revuelta por el sueño y el viaje, que fue puro pánico", recordó.

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