"Uno se acostumbra a hacer la cuenta regresiva cantando"

Este año, Betty Pláate cambió los shows en hoteles por los de su propio bar. La experiencia de festejar junto a sus hijos y decenas de desconocidos

27 Dic 2009
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PURA DIVERSION. Betty Pláate comparte alegrías con propios y extraños. LA GACETA / ARCHIVO

"Mi hijo menor está descubriendo ahora lo que es festejar en familia y tirar cohetes en la calle", cuenta la cantante Betty Pláate, que por primera vez en una década no trabaja en hoteles en Noche Buena y la última jornada del año. En estas fiestas, en cambio, actúa en Pakuá, el restaurante que puso recientemente, lo que le da más margen para festejar con sus seres queridos.
Ella dice que siempre que trabajó en alguno de los dos principales hoteles tucumanos, fue con sus cuatro hijos a cuestas. "Ellos veían los cohetes desde un séptimo piso", explica, algo apesadumbrada.
"Es duro, porque a los chicos mucho no les gusta esta idea, porque no cortás nunca. Y ahora que compramos el bar, nos pasamos el día ahí porque hay actividades culturales a toda hora, no sólo espectáculos a la noche", señala Betty.
Más allá de eso, para la reconocida cantante actuar en estas noches de fiesta es como trabajar cualquier otro día. "Somos la diversión de los demás, para mí esto es un trabajo y lo amo, es una suerte poder hacerlo y que encima te paguen", agrega.
Pero sí reconoce que hay diferencias en cuanto al ánimo del público. "Es como que la gente hace catarsis en estas fechas, y nos pasó que en medio de la fiesta en una familia se agarren a trompadas a la medianoche, o que hay lío entre la ex mujer del tipo y la novia... uno tiene que tratar de que siga la fiesta, que las demás familias que están en el salón no se sientan mal. No es fácil", explica la reconocida maestra de cantantes.

La noche más oscura
"Uno se acostumbra a trabajar, a hacer la cuenta regresiva desde el escenario, para unos minutos para brindar con la banda y la familia", insiste, y recuerda que una de las animaciones más complicadas fue la de la última noche de 2004, un día después de la tragedia de Cromagnon.
"Me pedían minuto de silencio... Pero cómo hacer en medio de un festejo para que no sea algo depresivo... Fue bastante feo, pero son situaciones que hay que revertir sobre la marcha, porque estas de por sí son fechas complicadas en las que aparecen cosas no resueltas, el recuerdo de la pérdida de seres queridos. Y mi trabajo es mostrar que está todo bien, que a pesar de eso todos se pueden divertir", dice.
Betty cree que esa es la clave del buen maestro de ceremonias. "La idea es que cuando canto, los demás puedan limpiar su alma, que saquen lo que les duele mientras canto", agrega.
"Yo me divierto mucho cantando, y por suerte tengo una banda re loca, La Batucada, que es gente que quiere divertirse junto al público, y hace cosas extrañas, payasadas... Nos reímos mucho, y si no fuera así, no subiríamos al escenario", confirma.

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