Los penales taparon las falencias
Las dos bombas de Alvarez no bastaron para anular a Olimpo, que juega bien al fútbol. Por Leo Noli - Redacción de LA GACETA.
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27 Noviembre 2009 Seguir en 
Se va una nueva fecha. Se escapa una nueva victoria en casa. San Martín no levanta vuelo, continúa moviéndose cuerpo a tierra por el campeonato y el sueño de la vuelta cada vez se hace más lejano, pesado e imposible de avalar. El "santo" está perdido como turco en la neblina. No pega una y, cuando lo hace, se duerme en los laureles. Le entrega la iniciativa al enemigo y termina llorando por mérito propio. Ayer, tuvo todo para pegar el salto de calidad. En frente estaba Olimpo, quizás el mejor plantel de la divisional, que juega, mete y lleva el cuero atado a los pies. Todo lo contrario a ese puñado de emociones violentas que acompaña al dueño de casa que, si no fuera por la potencia de Alvarez, todavía estaría pidiendo aire para levantarse.
Algo es cierto. Los de La Ciudadela fueron superiores al inicio. Un poco por la voluntad de sus hombres, otro tanto por la pasividad de un grupo sin comando. Rolle se tomó una siesta y dejó en pampa y la vía a Delorte y a Concistre, que hicieron lo que pudieron, como sucedió con Alvarez y Oreja, en la otra vereda. De ellos nació la jugada del primer gol. El nueve abrió para el cuatro, este encaró a Santín, que estiró la mano en una barrida y llegó el penal. Héctor fusiló a Tombolini e invitó a soñar al hincha con un posible baile en el complemento. Pero nada de eso sucedió. Al comenzar el segundo acto, Cantero fue expulsado y el equipo lo sintió. Rolle se despertó, puso el 1 a 1 y todo cambió.
San Martín perdió la noción del tiempo, los espacios, las marcas. Olimpo, en vez de liquidar el pleito, se dedicó a esperar mansamente. Por eso llegó el segundo penal a favor. A los 46?, Villanueva bajó al "Ratón" y Alvarez hizo lo suyo. El triunfo se saboreaba. Tanto es así que Martínez se tiró al suelo antes de cortar a Ricci, que le puso un pelotón en la cabeza a Delorte. Nadie lo marcó, claro, y el "Flaco" le puso justicia al resultado.
No pegan una
Salvo Alvarez, Oreja, López y Prichoda (ayer fue la excepción), el resto de los jugadores no logra recuperar el nivel individual y lo siente el equipo.
Cuestión de trabajo
Roldán deberá encontrarle rápido la vuelta al equipo, que hasta se lo notó sin resto para aguantar a un rival de fuste como Olimpo. Tiempo hay todavía.
Empezó bien, pero...
La improvisada defensa que Roldán debió utilizar sin quejarse, al principio rindió, aunque después fue una invitación a los ataques de los bahienses.
Algo es cierto. Los de La Ciudadela fueron superiores al inicio. Un poco por la voluntad de sus hombres, otro tanto por la pasividad de un grupo sin comando. Rolle se tomó una siesta y dejó en pampa y la vía a Delorte y a Concistre, que hicieron lo que pudieron, como sucedió con Alvarez y Oreja, en la otra vereda. De ellos nació la jugada del primer gol. El nueve abrió para el cuatro, este encaró a Santín, que estiró la mano en una barrida y llegó el penal. Héctor fusiló a Tombolini e invitó a soñar al hincha con un posible baile en el complemento. Pero nada de eso sucedió. Al comenzar el segundo acto, Cantero fue expulsado y el equipo lo sintió. Rolle se despertó, puso el 1 a 1 y todo cambió.
San Martín perdió la noción del tiempo, los espacios, las marcas. Olimpo, en vez de liquidar el pleito, se dedicó a esperar mansamente. Por eso llegó el segundo penal a favor. A los 46?, Villanueva bajó al "Ratón" y Alvarez hizo lo suyo. El triunfo se saboreaba. Tanto es así que Martínez se tiró al suelo antes de cortar a Ricci, que le puso un pelotón en la cabeza a Delorte. Nadie lo marcó, claro, y el "Flaco" le puso justicia al resultado.
No pegan una
Salvo Alvarez, Oreja, López y Prichoda (ayer fue la excepción), el resto de los jugadores no logra recuperar el nivel individual y lo siente el equipo.
Cuestión de trabajo
Roldán deberá encontrarle rápido la vuelta al equipo, que hasta se lo notó sin resto para aguantar a un rival de fuste como Olimpo. Tiempo hay todavía.
Empezó bien, pero...
La improvisada defensa que Roldán debió utilizar sin quejarse, al principio rindió, aunque después fue una invitación a los ataques de los bahienses.











