Lo que hace un mes se veía como una pequeña columna de humo entre las montañas ayer se extendió a toda la Quebrada de Lules, cubriendo con un intenso manto de niebla el lugar. El sol, que se asoma entre las nubes, reaviva las llamas. De repente, el avión hidrante deja su sello en el cielo: a lo lejos, el chorro que expulsa, aunque está constituido por 2.000 litros de agua, parece una delgada estela blanca que se pierde rápidamente.
El incendio forestal en la Quebrada, que ya dura más de un mes, ha sembrado preocupación entre quienes trabajan en el piedemonte y en las autoridades. Lo que comenzó como una pequeña llama en el cerro ahora presenta ocho frentes ígneos.
La destrucción abarca una superficie de más de 70 hectáreas. El pronóstico que indica que habrá pocas lluvias este mes incrementó la alarma, ya que en las montañas la mayoría de los árboles no ha reverdecido y sigue sin hojas. El marrón, que predomina sobre el verde, no es buena señal: refleja la terrible sequía que castiga la provincia y que contribuye a alimentar los incendios forestales.
Alto riesgo
Para llegar hasta donde está el fuego, los bomberos se exponen a situaciones de alto riesgo. Hay sectores a los que ni siquiera pueden acceder, según detallaron los efectivos del cuartel de Voluntarios de Lules. Ayer, la Provincia decidió contratar un avión particular, de una firma encargada de hacer fumigaciones en campos, para que llevara agua hasta los sectores más críticos, informó el director de Defensa Civil, Fernando Torres.
"La aeronave trabajará hasta extinguir lo más que se pueda del fuego", declaró el funcionario. La tarea no será fácil y llevará varios días. En la Quebrada hay tres grandes incendios, que a la vez están subdivididos. Para complementar el trabajo del avión hidrante intervienen bomberos de Lules, de Yerba Buena y de Tafí Viejo. Además, ayer arribaron a la provincia dos brigadas especiales de agentes, provenientes de Chubut. Por la tarde hicieron un reconocimiento del terreno y hoy comenzarán a combatir las llamas.
Mariel Varale pasa sus horas entre cosechas de frutillas y arándanos. Madre de cinco hijos, la mujer comienza sus labores muy temprano, al amanecer, en los campos ubicados a la vera del camino a la Quebrada.
"Cada día es peor el humo que sale del cerro. Teníamos la esperanza de que la lluvia lo apagara. Pero parece que no alcanzó para nada. Cuando corre viento, el incendio se duplica. Si no logran frenarlo arruinará las cosechas. Es una pena cómo se dañó toda la vegetación", advirtió.
Derrumbes
Los bikers también lamentaron la destrucción que dejó a su paso el fuego. "Muchos sitios eran vírgenes. El incendio afectó el circuito, pero eso no es lo más grave. Ahora quedó la mitad del cerro devastado: hay árboles caídos por todas partes, el suelo se ve negro y se produjeron derrumbes importantes", describió Gonzalo Carabajal, al bajar de la Quebrada, donde pasea todos los días para hacer deporte.
Los bomberos calculan que hoy estará controlado el fuego: el objetivo principal es que no siga avanzando. Trabajan con machetes y palas para aislar el material afectado por las llamas.
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