"Reproducir lo que ya hay es una tarea que tiene escaso valor"

Para Montilla Santillán, representar la realidad es tarea de copistas.

13 Sep 2009
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DESDE ADENTRO. "Se necesita un cadáver" partió de vivencias del autor. LA GACETA / ARCHIVO

"Convertir la realidad en ficción, capturarla para ser representada no ha sido nunca una inquietud para mí. La realidad, tal y como es, ya existe y está bien lograda. Intentar reproducirla es hacer de copista", asegura Guillermo Montilla Santillán. "Reproducir lo que ya existe, a mi entender, es una tarea de escaso valor", insiste.
Para el autor de "Se necesita un cadáver", entre otras obras, el desafío está en la capacidad de transformar lo existente. "La realidad es la chispa inicial, la excusa primera para que el contador de historias pueda recrear y transformarlo en propio. Si la memoria no se reinventa no tendrá posibilidad de perdurar y atravesar el tiempo", manifiesta. Como ejemplo, cita casualmente "Se necesita...", cuyo disparador fue una disputa en el seno de su familia por una propiedad. "La historia, más oscura y siniestra que muchas ficciones, no tendría valor para mí si se reprodujera exactamente. Pero Crossford, pequeña localidad de Inglaterra, donde se desarrolla la obra, me permitió plantear otra casa en ruinas y me regaló tres primos que, a precio de su propia dilapidación, son capaces de todo para conservar las ruinas de lo que su tío nunca quiso dejarles. Y esto no significa que trasladé el lugar geográfico y cambié nombres, sino que me permití contar mi propia historia, reinventarla y permitirle incluso que fuese libre de las ataduras de la realidad, para que pudiera tener su propio vuelo", explica.
"El dramaturgo debe, a mi entender, volver a contar el relato faltando a la verdad y entendiéndose el concepto de verdad como lo real, de lo contrario se convierte en un mero recopilador, en el reproductor de una obra ya muy bien escrita", confirma. También cuenta que en la obra "El jardín de piedra", donde la mitología griega se entrelaza con la historia tucumana, "el desafío fue contar eso antiguo y sentirlo nuevo. Entregarlo para que pueda ser de otros".

Cacerolas sobre las tablas
En 2001 el estruendo de las cacerolas fue la semilla germinal que dio vida a Uslivania en 'Popesku debe morir' y a cuatro locos inspirados por el idealismo de otros tiempos. "Ellos deciden hacer algo para despertar la pasión perdida, aunque eso signifique dar muerte a un dictador, de los que hoy tenemos de sobra y en democracia", dice Montilla Santillán.


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