"No me siento Elliot Ness, ni Montoya, sólo soy Clavarino, una persona que busca lo justo"

Para muchos empresarios, el director de Rentas, Pablo Clavarino, es sinónimo de presión fiscal. Durante sus seis años de gestión, el recaudador avanzó en la actualización del Código Tributario, incorporando nuevas actividades y profundizando la fiscalización. En una charla con LA GACETA, el funcionario cuenta por qué es necesario estar al día con los impuestos.

EN SU DESPACHO. Clavarino afirma que 8.000 contribuyentes aportan el 80% de la recaudación mensual. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
EN SU DESPACHO. Clavarino afirma que 8.000 contribuyentes aportan el 80% de la recaudación mensual. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
26 Julio 2009
Estado civil: 43 años, bonaerense, casado, dos hijos.
Profesión: Contador y abogado (UBA), especializado en Derecho Tributario, con un Posgrado en la Universidad de Salamanca (España).
cargos: ingresó a la DGI en 1991, fue subsecretario de Ingresos Públicos y luego director de Rentas en Salta.

Un día una anciana se le acercó para saludarlo. Le dijo que, al verlo por televisión, su personalidad le intimidaba a tener los impuestos al día. Los empresarios, por su lado, prefieren tenerlo lejos. Están convencidos que, desde que llegó a Tucumán, la presión fiscal aumentó exponencialmente producto de las políticas de fiscalización, del seguimiento fiscal y de las actualizaciones de normas que, según los testimonios recogidos en distintos referentes, tornan difícil poder cumplir las obligaciones fiscales. Pablo Adrián Clavarino es considerado, en el mundo de los negocios, como el malo de la película. No hay empresario que no se queje por la política que instrumenta el director de Rentas de Tucumán desde hace seis años.
Clavarino dice que cumple a rajatablas las indicaciones que le dio el gobernador José Alperovich aquel martes 28 de octubre de 2003 (un día antes de haberse iniciado la era Alperovich en el Poder Ejecutivo) cuando desembarcó en Tucumán. Dice que recuerda ese día como si fuera ayer mismo. Y, en una charla a fondo con LA GACETA, considera que, por convicción y por formación, siempre estará atrás del que evade y que el secreto de recaudar pasa por tener reglas y mensajes claros, que cada contribuyente pague de acuerdo con su capacidad contributiva.

-Hay empresarios que lo observan como el malo de la película, el que busca recaudar a toda costa, y también hay empleados que lo ven como una persona exigente...
-No me siento ni el bueno ni el malo de la película. Tengo un amor muy especial por mi trabajo. Yo empecé de abajo (confesó trabajar desde muy joven como oficial albañil, carpintero, metalúrgico, cadete en un estudio contable, vendedor puerta a puerta de seguros y hasta dobló papeles en una imprenta) y nadie puede decir que tengo falta de compromiso, de honestidad o de profesionalismo. Me considero uno más. Por eso estoy convencido de que, al menos, el 80% del personal del organismo está conforme con la gestión. Sin ellos no habríamos logrado tanto. Del otro 20% he recibido críticas falaces y hasta me imputaron cosas infundadas. No les doy entidad.

-Muchos contribuyentes consideran que usted es sinónimo de presión fiscal porque actualizó valuaciones, aplicó mayores cargas en Ingresos Brutos, fiscaliza, multa, inicia juicios y, día a día, incorpora figuras con el afán de sostener la recaudación...
-Al iniciar la gestión nos planteamos dos cosas. Por un lado, evaluar área por área y eliminar la burocracia operativa del organismo. Por el otro, con el personal de experiencia de Rentas, analizar el compendio normativo. Se aclararon las normas para que todo el mundo tuviera reglas de juego claras y no diera lugar a más de una interpretación de la norma impositiva. A mi entender, había muchas leyes que habían perdido vigencia, con un montón de negocios y de actividades nuevas no contempladas en un código  de la década de 1970. Nos propusimos, entonces, actualizar todo, siempre garantizando el derecho de defensa del contribuyente.  

-¿Quién promovió esa política, Clavarino, Alperovich, ambos?
-El gobernador nos ha dado libertad de acción, dentro del marco normativo, para avanzar con las medidas. Y el concepto es claro: todos tienen que pagar los impuestos porque es una obligación legal y porque sin recursos el Estado no puede sobrevivir. El apoyo político del gobernador fue fundamental para cambiar la imagen de Rentas, en el entendimiento de que todo lo que se aportara al organismo era una inversión, no un gasto.

-¿Se siente un Santiago Montoya (el ex recaudador bonaerense) a la tucumana?
-No, en todo caso soy Pablo Adrián Clavarino. Nunca estuve de acuerdo con la forma de expresar y de publicitar medidas que tiendan al pago de los impuestos. Nunca se me ocurriría vestir a la gente de Rentas de Papá Noel. Ese tipo de cosas no son necesarias.

-¿Actúa como Elliot Ness, con un grupo de inspectores de un área como Inteligencia Fiscal, que genera ciertos recelos?
-Tampoco me siento como ese personaje. Me siento como una persona que busca lo justo y que está dispuesta, todos los días, a concientizar a la gente de que hay que pagar los impuestos porque es una obligación legal.

-¿No percibe, entre la sociedad, que a muchos les resulta pesada la carga impositiva?
-Insisto, pagar los impuestos es una obligación legal. Y las leyes están para hacerlas cumplir. Las conductas de los que la incumplen están tipificadas, más allá de que hay que sumarle la carga moral que significa tener al día los impuestos. Todo es sencillo si uno cumple en tiempo y forma sus obligaciones, conforme a su capacidad contributiva. Si esa es la conducta, será difícil que Rentas los moleste. Reconozco que muchas veces insistimos con el pago en determinadas actividades que se las fiscaliza y se las intima al pago. Mensualmente monitoreamos la conducta de todos los contribuyentes, pero en especial la de unos 8.000 que aportan casi el 80% de la recaudación mensual. Y esto es para que no se relajen.

-¿Esa atendible el reclamo de los empresarios para diferir el pago de los impuestos por 60 días?
-No lo es. Imagínese si, por ejemplo, ahora accedemos a una prórroga de vencimientos por 60 días, entonces tendríamos que cerrar el Estado y Rentas no recauda. La pregunta, entonces, es cómo afrontamos las obligaciones de servicios que demanda la sociedad. Acertadamente el gobernador ejemplifica la cuestión diciendo qué sucedería si a los estatales se les comunicara que se postergará el pago del sueldo durante dos meses. No se puede cerrar o paralizar la provincia.

-¿Qué le dice la gente cuando lo reconocen por la calle?
-Soy una persona común y corriente. Me pongo jeans como cualquier otro y salgo a comprar por las galerías. Nunca, pero nunca me insultaron. Lo juro por mis hijos. Hay personas que me felicitan, otras que me hacen consultas impositivas. En los lugares donde voy a comer me atienden como una persona cualquiera y muchas veces no me dieron factura...

-...¿Y qué hace en esos casos?
-Exijo las facturas. Si a mi no me la dan, me imagino que tampoco se la darán a otros que no son funcionarios. Obviamente que hacemos control de facturación. Siempre estaré detrás del que evade o del moroso. Quiero que todo el mundo pague los impuestos. Me molesta aquellos que se creen vivos evadiendo y luego salen a criticar las acciones del Estado.

-¿Alguna vez le pidieron que favorezca a ciertos sectores, flexibilizando la presión impositiva?
-Jamás se me pidió que a un contribuyente se lo trate distinto de lo que debe ser tratado por ley.

-¿Favoreció o perjudicó a su gestión ser de otra provincia?
-Tal vez eso sea un valor agregado o ventaja. No tengo compromisos con nadie que tenga que pagar impuestos, ni deudas morales que puedan condicionarme. Tal vez lamente el hecho de no haberme socializarme, pero fue para no autogenerarme compromisos y por eso no dejo de saludar a la gente.

-¿Qué le dice a aquellos que lo ven como el malo de la película?
-Aquellos que no me quieren o que no me aprecian en el sector privado por mi gestión, en el fondo, reconocen el trabajo que hicimos en Rentas. Y están convencidos de que debe ser así. A ellos les conviene tener una Dirección de Rentas fuerte y que se controle a todas las actividades por igual para tener una competencia leal. Siempre me he preocupado de que el mensaje sea claro y que Rentas actúa en serio.

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