El pueblo llevó piedras para la Catedral

La construcción, iniciada en 1848, enfervorizó a todo Tucumán. Por Carlos Páez de la Torre (h) - Redacción LA GACETA.

LA CATEDRAL. Esta fotografía de fines de la década de 1860, muestra el templo frente a una plaza distinta y rodeado por edificios desaparecidos ya en su totalidad.
LA CATEDRAL. Esta fotografía de fines de la década de 1860, muestra el templo frente a una plaza distinta y rodeado por edificios desaparecidos ya en su totalidad.
21 Julio 2009
Nuestra actual Catedral (que se llamó Iglesia Matriz hasta que Tucumán contó con su obispado) fue construida entre 1848 y 1856, sobre el proyecto del ingeniero francés Pedro Dalgare Etcheverry y gracias a los empeños del gobernador Celedonio Gutiérrez.
Las cuentas de la obra -que eran de un monto imponente- fueron llevadas con todo esmero por Juan Manuel Terán, quien fue gobernador de la provincia en 1861. La obra entusiasmó a todos los niveles de la población.
En sus recuerdos de la ciudad en la década de 1840, don Florencio Sal atestigua que "gobernador, dignidades, damas y caballeros, exteriorizando alegrías y entusiasmos místicos, transportaban piedras para el templo de la Matriz que empezó a edificarse".
Juan B. Terán narra que "Tucumán todo se puso a la obra. Tiene el episodio un semblante bíblico. Los artesanos ponen su maestría, los pobres sus brazos, otros cal y arena, otros carretas y bestias para el transporte, que traen piedras escogidas desde los ríos del sur, o bajan desde las faldas del monte trozos de fino nogal o de duro cedro para el techo y las puertas del templo. Como las Catedrales de la Edad Media de Francia, la Iglesia Matriz de Tucumán encierra en sus muros el sudor cordial de sus hijos. Fue un canto coral de esperanzas y de votos íntimos".
Nicolás Avellaneda era niño cuando tuvo lugar, el 20 de febrero de 1856, la solemne inauguración. La homilía estuvo a cargo de Fray Mamerto Esquiú. "Apareció -recordaba Avellaneda- en el púlpito de la nueva iglesia; preguntó, comprimiendo los brazos sobre el pecho y con una voz cuyos acentos no hemos olvidado después de tantos años: '¿Qué es el templo? ¿Qué es la patria?'. Explicó con magnificencia el dogma cristiano de un Dios encerrado bajo formas visibles en el tabernáculo, la solidaridad en el bien, en el dolor, en su destino inmortal, de las generaciones que vienen unas en pos de otras a postrarse bajo las sagradas bóvedas".

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