Rastreando la identidad en el origen de la palabra Tucumán

Ensayo "El Tucma y sus orígenes. Tucuman indígena 4000 a.C. y 1700 a.C", Marta Dichiara, (Chamaco - Tucumán). Análisis de la evolución económica y cultural de los primeros grupos que recorrieron estas tierras. Por Olga Liliana Sulca.

14 Jun 2009
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ACIERTO. La investigadora tucumana enfoca el paulatino paso de una economía de subsistencia a otra en la cual se producen los alimentos.

Esta obra de divulgación propone un recorrido desde los inicios del poblamiento de Tucumán hasta el momento del contacto hispano-indígena.
La autora alude al origen de la palabra Tucumán, intentando dejar en claro que en esa búsqueda se plantea la existencia de nuestra identidad, lo que en última instancia es la idea que domina el texto.
Se informa sobre los primeros grupos de cazadores-recolectores que recorrieron la región, los ayampitín, cuya llegada se remonta al 4.000 a.C. Si bien las evidencias arqueológicas constatan su presencia en estas tierras, debemos ser muy cautos al dar explicaciones sobre el simbolismo de su arte rupestre y sobre el mundo de sus creencias, ya que nos manejamos con hipótesis.
Se analiza acertadamente, aunque de manera un tanto simplista, el paulatino paso de una economía de subsistencia a otra productora de alimentos. Este cambio trascendental implicó modificaciones en las formas de vida, en las relaciones sociales, en la división del trabajo familiar, en el rol de la mujer, en la aparición de la cerámica, en el mundo simbólico y, sobre todo, en la dieta. Se analiza la sociedad de Tafí como el grupo más antiguo que habitó nuestro territorio. Prueba de ello son los vestigios dejados por su cultura (morteros, menhires, patrones de poblamiento, etcétera). La autora enfatiza el significado de los menhires, vinculándolos a la fecundidad y a “deidades tutelares familiares”, tal como los define, siguiendo otras corrientes interpretativas.
El aporte del ingeniero Altamirano sobre las características ambientales de Tafí es interesante como información acerca de los recursos sustentables que posee el área, si bien resulta un corte en el desarrollo de la obra (podría haberse insertado en la dinámica socio-económica del período formativo).
En cuanto al Valle de Choromoro y su relación con la cultura Candelaria, Dichiara se refiere escuetamente a las características sociales, económicas, religiosas y artísticas que denotan la presencia de una sociedad compleja en esa región. Al abordar el período de los “Desarrollos Regionales”, establece una generalización de esta etapa, enfocando la sociedad santamariana. El acento está puesto en la iconografía, en su interpretación y en su vinculación con el elemento mitológico, aunque debemos reconocer que es difícil hacer este tipo de análisis cuando contamos con fuentes incompletas para su estudio.
En la actualidad, los estudios arqueológicos, etnohistóricos, históricos y lingüísticos reconocen la presencia inca en Tucumán, tema que la autora omite, ya que presenta directamente la llegada del conquistador europeo.
Como información adicional, dirigida sobre todo al visitante, encontramos referencias a los aportes nativos al arte culinario, a la caminería y a la medicina tradicional.
Hubiera sido interesante que se incorporaran las fuentes bibliográficas consultadas, así como un mayor cuidado en el diseño editorial de una obra auspiciada por el Gobierno provincial. Pese a ello, se destacan las representaciones iconográficas que acompañan el texto.
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