Si el visitante cierra los ojos, el sonido abrumador de la caída del agua parece envolverlo, pero apenas los abre descubre admirado el paisaje majestuoso y entiende de dónde surge esa fuerza que instantes atrás parecía aplastarlo. Las Cataratas del Iguazú están constituidas por 275 saltos dispersos en forma de herradura sobre el río Iguazú, en la provincia de Misiones. Por su mejestuosidad fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
El ambiente es de ensueño: el entorno está compuesto por la selva, el aire está cargado de humedad y una llovizna muy leve empapa a los visitantes, y la espuma blanca de los saltos es decorada por coloridos arco iris
El Parque Nacional Iguazú, donde se encuentran los saltos, posee una diversidad muy grande de flora y de fauna. Los animales que los turistas pueden advertir fácilmente entre la vegetación son los monos, los tucanes y los picaflores, entre otras especies. Además no es raro que los coatíes se acerquen a los visitantes y terminen jugando entre sus pies.
Lado argentino
Las cataratas están repartidas entre Argentina y Brasil, aunque la mayor parte de los saltos se encuentra del lado argentino. "Fue algo majestuoso y estuve muy cerca de los saltos. Pude ver lo inmensa que son. Lo que más me impresionó fue la Garganta del Diablo", contó el tucumano Rodrigo Coria. Este es el salto más grande y se halla en el sector argentino.
Dos circuitos permiten conocer desde diferentes perspectivas cada salto: el inferior y el superior. En el primero se observan la Garganta del Diablo y los saltos San Martín, Bossetti y Dos Hermanas. Su extensión es de un kilómetro. En el segundo se visitan, además de los anteriores, Chico, Ramírez, la Isla San Martín y parte de la costa brasileña.
Para aquellos que quieren internarse en la selva, está disponible un tren ecológico que funciona a gas y que parte desde la Estación Central y recorre gran parte del parque nacional. También se puede navegar en lancha hasta la Garganta del Diablo.
Lado brasileño
"Te sentís chiquito. Me gusta las cataratas porque son lo más increíble que hay; te dan miedo y una sensación de alegría a la vez. Los dos lados me fascinaron, aunque el brasileño está mejor presentado; es más pituco", expresó otro tucumano, Walter Serreau.
La diferencia entre los dos lados está en que en el argentino se camina entre los saltos, mientras que desde el brasileño se los aprecia de manera panorámica, desde la otra banda del río Iguazú. En este sector existen pasarelas de madera y terrazas a distintas alturas que funcionan como miradores. En las zonas cercanas hay negocios donde se venden artesanías del lugar y distintos tipos de comidas. También se realizan vuelos en helicóptero para observar todo el paisaje.

Otros atractivos
Es ideal alojarse en Puerto Iguazú donde se consiguen hoteles de toda clase, campings, restaurantes, pubs y un casino internacional. Otra opción es la brasileña ciudad de Foz do Iguazú, a la que se accede con sólo cruzar el puente internacional Tancredo Neves.
Pero el viaje a Iguazú no se agota en la visita a las cataratas. Conviene tomarse varios días para visitar otros atractivos de la zona. Alguna de las alternativas son las minas de piedras semipreciosas, en Wanda. Las ruinas de San Ignacio, una reducción jesuita con majestuosas construcciones, y la represa hidroeléctrica de Itaipú también son atractivos dignos de visitarse y que justifican la estadía.







