Las ruinas de Quilmes asombran a los turistas

El tesoro arqueológico sigue siendo uno de los mayores atractivos de los Valles Calchaquíes, pero hay deficiencias en los servicios. "No puede ser que un sitio que recibe 500 visitas diarias no tenga un bar", dijo un bonaerense. Sólo dos baños químicos.

19 Ene 2009
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ENTRE LAS PIRCAS. Los visitantes reciben información de los guías habilitados. El lugar es visitado durante el año por personas de todo el mundo. LA GACETA/ OSVALDO RIPOLL

A lo lejos, al mirar desde la ruta 307, un cerro llama la atención. No es igual que los que lo rodean. Como si estuvieran protegiéndolo, decenas de pircas que se mimetizan con la vegetación gris lo cubren casi por completo. Las ruinas de Quilmes, un tesoro arqueológico que está a tres horas en auto desde San Miguel de Tucumán, siguen siendo uno de los mayores atractivos turísticos de los Valles Calchaquíes. Sin embargo, quienes lo visitan sostienen que su encanto no es el mismo de hace unos años.
Juan Lus es de Pergamino, Buenos Aires. Tiene 36 años y la primera vez que visitó el lugar fue hace 10 años. Desde entonces, viajó cuatro veces a Amaicha del Valle y en todas las oportunidades se dio una vuelta por Quilmes. Afirma que en una década, el paisaje cambió rotundamente. "La última vez que vine fue en 2007 y el descuido se nota en varios aspectos", sostiene. Lo que más le sorprendió es que un sitio que recibe unas 500 visitas diarias en temporada alta no tenga un bar. Los únicos dos baños que hay en el lugar son químicos y están ubicados en la zona donde se venden las entradas, a varios metros de las ruinas. "Tampoco entiendo cómo puede ser que ahora, en la cima de las pircas, haya tantos yuyos. Eso no ocurría hace unos años", comenta.

En español
Unos metros más arriba, cerca de la terraza principal que está adornada con triángulos formados por piedras blancas, una pareja recorre las ruinas. Sus miradas muestran desconcierto. No saben en qué orden visitar las grandes terrazas y los pasillos de piedra que forman parte de las ruinas. María Silvia Rodrigo, de Tucumán, y su novio, Aaron Leaman, de Massachusets, Estados Unidos, tuvieron que visitar la zona sin guías puesto que ninguno habla inglés. "Sólo hay folletos en español que cuentan la historia reciente de las ruinas así que no pudimos interiorizarnos acerca del origen del lugar", reclama María Silvia.
Aaron, sin embargo, no disimula su fascinación por el lugar. Nunca antes había visto un museo a cielo abierto como el de Quilmes. Para admirarlo mejor, se acomoda el sombrero que se puso para protegerse del sol. "Es lo más lindo que vi en mi viaje a Tucumán. Los Valles no dejan de sorprenderme", expresa en un español con acento norteamericano.
Unos metros más abajo, Silvia Paredes, Omar Varela y Gabriel González se detienen frente a un montículo de piedras. Les llama la atención, ya que en su recorrido vieron por lo menos cinco estructuras similares. Las "apachetas" -con las que la comunidad Quilmes rinde culto a los dioses- son una de las marcas que más sorprendieron al grupo de turistas de Jujuy. "Es sorprendente descubrir cómo se organizaron los indios", señalaron. Pero, al mismo tiempo, no comprenden por qué los descendientes de la comunidad que construyó ese imperio no lo mantienen "como corresponde".
Cuando descienden, después de realizar el recorrido que demanda por lo menos una hora de a pie, los turistas se detienen a observar -casi por obligación- el predio donde funcionaban un hotel y un bar, construidos con grandes piedras de diferentes colores. Las telas de araña y las fajas de clausura anuncian que las instalaciones están fuera de servicio. En 2002, por orden de la Justicia, el predio tenía que ser desalojado por la empresa que lo explotaba ya que se había vencido la concesión. Sin embargo, siguieron trabajando hasta 2007, cuando los miembros de la comunidad india Quilmes se hicieron cargo de la Ciudad Sagrada.
En el hotel y en el bar no quedan huéspedes ni clientes: las únicas que se hospedan bajo el techo del lugar son cuatro llamas que descansan plácidamente bajo la sombra de la galería. "Sería muy bueno reflotar todo esto para darle más vida al lugar", opina Silvia.

Precios y horarios
- La entrada a las ruinas de Quilmes cuesta 5 pesos por persona.

- Los guías que acompañan a los contingentes de turistas en el recorrido por el lugar son 19.

- La ciudad sagrada de Quilmes puede ser visitada todos los días, de 8 a 18.

- Se recomienda a los turistas llevar protector solar, sombrero o gorra los días de sol.

- Vestir ropa cómoda es fundamental para poder disfrutar de los diferentes circuitos y escalar sin problemas hasta la cima de las ruinas.

- En la entrada, un quiosco ofrece sándwiches, gaseosas y botellas de agua mineral de medio litro y de un litro.

- A causa de una deficiente planificación del programa de visitas, en los últimos 20 años la Ciudad Sagrada sufrió un fuerte grado de deterioro.

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