No saben que su adicción a las drogas es una enfermedad. Y no sienten necesidad de ir al médico. En los CAPS de la Costanera, atender a mayoría de los adolescentes es una utopía. Los médicos y especialistas saben que esta población etaria de la zona está en graves problemas por el alto consumo de "paco". Pero no dan abasto para atender a la gran cantidad de niños y madres que hay en el sector, y reconocen que no pueden contener a los jóvenes.
A ambos lados del río Salí se calcula que hay cerca de 3.000 adolescentes y jóvenes. Los expertos calculan que el 80 % consume "paco", el desecho que se obtiene de los distintos procesos para la elaboración del clorhidrato de cocaína. Esta sustancia es muy adictiva y altamente nociva. Es por eso que los vecinos aseguran que la mayoría de las personas que habitan la zona, desde los 10 hasta los 24 años, muestra graves deterioros físicos: tienen signos de desnutrición y problemas respiratorios.
Las adicciones, según los médicos, afectan principalmente a los varones, aunque también ya hay muchas mujeres que consumen estupefacientes. La mayoría de los adolescentes ni siquiera van a la escuela, porque no hay secundarios en la zona. Y terminan usando su tiempo en las calles, adonde conocen la droga, la prueban y la incorporan a sus vidas.
Sin futuro
La zona de la Costanera ubicada en la Banda del Río Salí está compuesta por 11 barrios. Se calcula que la población de adolescentes del sector es de 2.200. El CAPS Soldado Tucumano, que atiende a todas estas vecindades, no tiene médicos para tratar la problemática de las adicciones. Sólo cuenta con ginecólogos, pediatras y médicos clínicos.
La directora del centro asistencial, Verónica Alí, reconoció que el CAPS está saturado de casos de embarazadas y niños. "Lamentablemente, no damos abasto para atender la problemática de los adolescentes. No obstante, sabemos que la zona es muy conflictiva: hay familias numerosas y muchos adolescentes sin futuro, y se registra una alta deserción escolar", detalló la médica. Alí consideró que en la provincia faltan políticas de inserción de salud del adolescente. "En realidad, se considera que es una edad saludable", explicó. "Todavía no sabemos cómo trabajar con sus problemáticas", reconoció.
Alí comentó que, aunque tienen una psicóloga en el CAPS, no cuentan con programas para asistir a los adictos. "La psicóloga tiene muchos otros problemas. Estamos más abocados a resolver los dramas de desnutrición: hace cinco años teníamos 500 casos de esta patología y ahora 150", indicó.
La doctora destacó que, pese a que el problema de las adicciones está naturalizado entre los habitantes de la Costanera, muchas madres saben que sus hijos se drogan y se acercan al centro asistencial a pedir ayuda. "Pero no podemos asumir este drama. No tenemos los medios para sostener un tratamiento que incluye a toda la familia del enfermo", especificó. "Sería interesante que se formara una red solidaria para asistirlos", concluyó.
Del lado de la capital la realidad no es tan distinta. El director del CAPS de la zona, Raúl Olveira, detalló que en el sector viven alrededor de 1.200 personas de entre 10 a 24 años. La escuela que funciona en el barrio tiene dos turnos, pero sólo es primaria. Hay 1.055 analfabetos y de un total de 593 familias, 320 son críticas, especificó.
"Los chicos tienen un problema muy grave con la droga. Todo el mundo sabe que se vende en la calle. Incluso, los agentes sociales me contaron que a pocos metros de acá se comercializan estupefacientes", recalcó.
El especialista reconoció que los adolescentes no llegan al CAPS por su propia voluntad. "Lo que hacemos es ir a la escuela y hacer un trabajo conjunto con las maestras. Ellas son los que detectan qué chicos están con problemas", contó. Sin embargo, admitió que es muy difícil llegar a la población de jóvenes que no estudian, que es bastante alta.
"El adolescente es el que más sufre la problemática de la droga, pero a veces no podemos llegar a él. Sus mamás vienen a hacernos consultas cuando la adicción ya está muy avanzada y no pueden controlar al chico", especificó.
Olveira contó que el psicólogo del CAPS intenta ayudarlos, pero los adictos no quieren proseguir con el tratamiento. "Me desespera que se vean grupos de varios chicos en la calle con bolsitas de pegamento o calentando el ?paco?. A eso lo sabemos todos los que estamos acá. Para colmo, cuando pasan las motos de la Policía, ellos desaparecen misteriosamente. Es una situación social muy compleja. Cada día que pasa esto se va a complicar más y más", advirtió.








