Reconocen que algunos maestros se niegan a integrar a chicos discapacitados

Seis jóvenes sordos finalizaron la primaria con régimen común guiados por profesionales.

PREMIADOS. Los alumnos hipoacúsicos recibieron una condecoración por el esfuerzo que hicieron. LA GACETA/ ENRIQUE GALINDEZ
PREMIADOS. Los alumnos hipoacúsicos recibieron una condecoración por el esfuerzo que hicieron. LA GACETA/ ENRIQUE GALINDEZ
09 Diciembre 2008

"Integrar a chicos con discapacidades en escuelas comunes es una tarea compleja y muchos maestros se oponen. Pero es una situación que de a poco va cambiando", afirmó Silvia Alonso, psicóloga de la escuela especial para sordos "Próspero García".
Este año, seis chicos con dificultades auditivas egresaron de la primaria tras haber estudiado en escuelas comunes. Aunque no son las primeras experiencias de integración que se hacen en esa escuela (los primeros terminaron sus estudios en 2006) constituyen un logro. Porque, a diferencia de los anteriores, estos chicos presentan dificultades de audición moderadas y profundas. "Algunos no escuchan absolutamente nada pero saben leer los labios y para comunicarse utilizan el lenguaje de señas", dijo Alonso.
Sin ayuda de audífonos (porque son insuficientes para suplir la discapacidad que tienen) Mayra Maya, de 14 años; David Trejo, de 16; Carla Juárez, de 15; Gisella Villega, de 13; Jorge Martínez, de 15, y Jonathan Sorarire, de 14, terminaron la primaria en la escuela Raúl Colombres. Por su esfuerzo en el proceso de integración recibieron una medalla en el acto de colación de grados.
"Es un logro del niño y de la familia porque en el proceso de integración todos están involucrados. Necesitan el apoyo de profesionales, pero también el de los hermanos y los padres que los motivan y les dan contención", aclaró la asistente social Analía Ribó, que trabajó en el proceso.
Hay diversas modalidades de integración que dependen de las características de cada chico. Según aclaró la fonoaudióloga de la escuela, Patricia Isaac, se reciben chicos desde los tres años y se integra desde Jardín de Infantes. "Pero no todos son integrables. A veces, para un papá es difícil aceptar que tiene un hijo con discapacidad. Pero forzarlo a adaptarse al sistema común también puede ser perjudicial", recalcó.
Luego de una evaluación en la que miden las capacidades potenciales de integración de los chicos, el equipo de trabajo busca un asiento en una escuela común. "Esto requiere de apoyatura técnica que da la escuela, por lo que un profesional se traslada a la escuela común y acompaña al hipoacúsico", explicó Alonso. Según el grado de dificultad, se adaptan los contenidos. Un docente cada dos chicos brinda apoyo pedagógico y fonoaudiológico. "Cumplen un régimen de doble escolaridad. Además, de asistir a la escuela común vienen a la escuela especial como un apoyo", agregó Ribó. En la escuela hay en total, 110 chicos sordos, 30 de ellos están integrados a instituciones comunes, dijo la directora, Teresita Olmedo.

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