La controvertida vida del ex comisario Mario Oscar ?Malevo? Ferreyra suscita, como era de esperar, diversos interrogantes acerca de la proyección popular de su figura, de aquí en más. Provoca, por ejemplo, preguntas acerca de si el ex comisario que eligió suicidarse frente a las cámaras de un canal televisivo puede llegar a convertirse en mito.
"No podemos decir que sea un mito, pero su vida y su final contienen elementos míticos. En primer lugar, porque él se pone como modelo, como arquetipo de acción; por el otro lado, hay que contemplar que tiene un final trágico, lo que lo hace susceptible de poder ingresar en lo que es la religiosidad popular, de alguien que puede ayudar, o cura. Es, en cierto aspecto, similar a Bazán Frías, que también tiene una muerte trágica y que se erige como modelo", afirma el doctor en Filosofía Raúl Nader.
" Además -añade- hay un componente que, podríamos decir, viene a ponerle un ingrediente de modernidad a esta construcción, y es el suicidio ante las cámaras. No hay que olvidar que diversos aspectos de su vida han estado relacionados con los medios de comunicación".
La psicóloga social Ana Quiroga, que es la continuadora de la obra de Enrique Pichón Riviére, destaca el componente exhibicionista del personaje. "Por impactante o sorprendente que resulte una situación de este tipo, dentro de lo que podemos conocer muy superficialmente la personalidad del ?Malevo?, siempre hubo en él un aspecto de exhibición, de mostración", afirmó la experta. "Nunca ocultó ni sus ideas ni lo que había hecho, sino que hizo cierta gala de ello. Eso daría un cierto perfil de personalidad. Ahora, veamos el acto del suicidio en público y sorpresivamente ; aunque es de pensar que lo tenía decidido. La pregunta no es por qué se suicidó. Yo no podría saberlo; pero sí se puede analizar qué hay detrás del acto de suicidarse ante los medios. Sería posible pensar que tienen la intencionalidad de dejar una huella indeleble; de hacer culpable a un sector de la sociedad. Habría que preguntarse a quiénes. Es como un desafío, a la vez que una culpabilización a varios sectores de la sociedad tucumana a los que responsabiliza de su situación", prosiguió. "Muchas veces -interpretó- un suicidio es en realidad un homicidio; es un homicidio que se quiere concretar sobre alguien, y que recae sobre uno mismo. Es un homicidio desplazado. Por otro lado, un suicidio siempre es un mensaje; Y en un ámbito mediático es un mensaje multiplicador acerca de su valentía; de todo aquello de lo que él ha hecho gala a lo largo de su vida, y que lo ha colocado en el centro de la escena. Un mecanismo que se suele analizar en el suicidio es que hay un altísimo monto de hostilidad. Hostilidad que, al no poder ejercerse sobre otro, retorna sobre sí mismo".







