“En las escuelas, la maternidad adolescente ha dejado de constituir casos aislados. Se da con frecuencia, pero ya no suscita un escándalo como antes; está menos dramatizado. Los docentes lo toman con naturalidad y ni siquiera recurren al Gabinete Pedagógico Interdisciplinario. A la alumna embarazada no se la discrimina; por el contrario, se le asegura un régimen especial para que pueda seguir cursando. Se le justifican 45 inasistencias antes y 45 después del parto, como en cualquier trabajo, y tiene dos horas de amamantamiento por día”, explica la titular del Gabinete Pedagógico Interdisciplinario, María Teresa Molina Palazzo.
“Frente a los grandes problemas de violencia en las escuelas públicas, el embarazo adolescente ha pasado a segundo plano. Tampoco se está haciendo prevención, hasta que no se empiece a aplicar el programa de educación sexual que ya se está organizando”, reconoce. “La escuela brinda las adecuaciones en la currícula y las oportunidades necesarias para que no pierda sus clases. Aunque cuenta con el apoyo de la familia, a veces se les torna muy difícil la situación y se cambian de modalidad, a un semipresencial o a adultos”, señala. “Los casos son bastante frecuentes, al menos uno en un año por escuela. A veces se da con efecto dominó, dentro del mismo establecimiento”, añadió.
En los colegios privados la situación no es clara. LA GACETA no encontró rectores que quisieran hablar del tema.
“Es perjudicial para el establecimiento; queda marcado”, justificó una rectora que no quiso dar su nombre. Señaló que los docentes no saben abordar el tema porque no tienen directivas desde Educación, y agregó que cada vez que quieren organizar un taller sobre educación sexual tienen oposición de los padres.








