CONCEPCION.- El mal de Alzheimer golpea duro a la familia de Eduardo Nicolás Navarro, de 15 años. Su abuela, Ernestina, sufre el mal desde hace dos años y, antes, una tía, que ya murió, también lo padeció. Esta experiencia le encendió la inquietud de indagar sobre la enfermedad. Pero él decidió hacerlo poniendo énfasis en el tratamiento del paciente. Este estudio le valió dos distinciones en la XXIII Muestra Internacional de Ciencia y Tecnología (Mostratec) que se realizó en Brasil.
El estudiante del 9º año de la Escuela de Comercio República de Panamá de Concepción, denominó la investigación "Aprendiendo a transitar juntos el laberinto del mal de Alzheimer: para cuidar hay que saber hacerlo". Los premios que recibió en la ciudad de Novo Hamburgo, de Rio Grande do Sul, fueron el cuarto lugar en el rubro Ciencias Sociales y Comportamiento Humano, y otra instituida para el trabajo destacado del país al que representa. De esta manera quedó acreditado para representar a la Argentina en la Feria Internacional Milset 2009 que se hará en Túnez, Africa.
"Al trabajo lo hice con el fin de que mi familia y yo estemos informados sobre este terrible mal con el que convivimos diariamente. Es una forma también de tratar de mejorar la calidad de vida de mi abuela y de otras personas", explicó.
El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa de carácter progresivo que afecta especialmente a las personas mayores de 65 años. Los síntomas más frecuentes son la pérdida de memoria temporal, alucinaciones, cambios en su personalidad, agresividad y apatía, entre otros signos.
Además de volcar su experiencia personal, Eduardo apeló a especialistas (neurólogos, psicólogos y nutricionistas). "En la investigación descubrí que en la enfermedad hay dos tipos de pacientes: uno es el que tiene la enfermedad, que es tratado por profesionales, y el otro, denominado paciente oculto, que es el cuidador. Este último también tiene que tener asistencia de profesionales porque puede sufrir desgastes físicos y psicológicos al estar tanto tiempo al lado del paciente", advirtió el adolescente.
"Cuando aparece un enfermo en la familia se produce un cambio muy grande. Afecta a todos y no sólo emocionalmente. También modifica hábitos y obliga al grupo a reorganizarse, porque siempre tiene que estar alguien con el enfermo", explicó.
El joven elaboró una guía para familiares y cuidadores de enfermos en la que brinda pautas para la atención del paciente. "Ahora me propongo difundir el estudio por medio de publicaciones, folletos, charlas y otros medios", aseguró.
En la Argentina hay cerca de 400.000 personas afectadas por este mal. A nivel mundial, son cerca de 22 millones que padecen la enfermedad. La Organización Mundial de la Salud anticipa que para el 2025 la cifra puede llegar a 34 millones. "Lo de Brasil fue muy emocionante. Pero lo más gratificante fue haber desarrollado un trabajo que ayude a mi abuela y a otros enfermos a tener una mejor calidad de vida", afirmó. (C)







