La crisis y el dilema de América latina

Por William I. Robinson - para LA GACETA
Los Angeles (EE.UU.)

19 Octubre 2008

El telón de fondo de la compleja coyuntura latinoamericana y mundial está conformado por los grandes cambios de nuestra época:
1) existe un nuevo sistema de capitalismo global.
2) este capitalismo está en crisis sistémica, y la humanidad enfrenta graves peligros e incertidumbre.
3) América latina está en el meollo de la crisis.
El capitalismo global atraviesa una nueva fase, que surge a raíz de la crisis de los años 70 y da inicio a una vasta reestructuración del sistema. El modelo desarrollista en América latina -versión local del capitalismo de estado-nación del siglo XX- se agota y abre camino a un vasto proceso de reestructuración, transnacionalización y neo-liberalización.
¿Cuáles son los rasgos novedosos del capitalismo global? Surge un nuevo mecanismo de producción y de finanzas al cual todos los países se ven integrados, de manera que cada economía nacional se decontruye y se reconstruye, como segmento del sistema globalizado financiero y productivo.
En América latina, un nuevo modelo globalizado de acumulación reemplaza el viejo modelo desarrollista. La región se inserta en la economía global sobre la base de nuevos ejes de acumulación; entre ellos, la transformación de los sistemas agropecuarios y la transición del sistema oligárquico-terrateniente al sistema agroindustrial capitalista; la transformación industrial -maquiladorización y externalización -; los servicios, las finanzas y el comercio transnacionales; un repunte en la explotación de las materias primas y de la minería para abastecer la economía global; la exportación al mercado laboral global de la mano de obra y el flujo inverso de remesas.
Una nueva clase capitalista transnacional surge en todo el mundo. Estos grupos transnacionales en América latina están vinculados a los mencionados circuitos de acumulación. Nuevos bloques transnacionales de poder captaron el poder estatal en los 80 y en los 90, y utilizaron ese poder para integrar la región al nuevo sistema global para llevar a cabo el ajuste neoliberal.
Pero ahora, el sistema, independientemente de que pueda tener algún respiro coyuntural, está en crisis. La combinación de la crisis energética con la hipotecaria y con la alimenticia, a la que se suman el colapso del sistema financiero global y la recesión que engendra, evidencian que el desafío que enfrentamos no es cíclico sino estructural, y con cuatro dimensiones sobresalientes: polarización social global; sobreacumulación; ilegitimidad de los estados; devastación ecológica.
El vertiginoso crecimiento de las desigualdades globales está llegando a niveles sin precedentes en la historia. El sistema no puede satisfacer las necesidades de la mayoría de la humanidad. Esta polarización desenfrenada está íntimamente conectada con la sobreacumulación. La nueva economía acarrea una expansión de la producción mundial en paralelo con un encogimiento de la demanda, tendencia que es inherente al capitalismo y se ve agravada por la globalización.

Sustitución del modelo
El desafío para la clase capitalista transnacional es la búsqueda constante de nuevas salidas para el excedente. Cuando ya no hay oportunidades para la inversión productiva pasan a la frenética especulación financiera, la que parece haber llegado a su límite. También el estado norteamericano busca nuevas salidas con la acumulación militar.
En la medida en que los estados responden a las exigencias del capital trasnacional no pueden captar ni redistribuir excedentes como antes y no pueden cumplir con su función social. Mientras no puedan absorber las demandas populares experimentarán crecientes crisis de legitimidad, crónica inestabilidad, aumento de las tasas de criminalidad y, finalmente, un desmoronamiento del tejido social. Los grupos dominantes manipulan la inseguridad generada por esta situación para promover campañas ideológicas de “seguridad y orden”; leyes “antiterroristas” que tienen poco que ver con el terrorismo, y un sinnúmero de medidas e instituciones represivas que subrayan una transición de estados de bienestar social a estados de control y apuntan hacia lo que he calificado como un proyecto de neofascismo. La lucha por lo que reemplazará al moribundo modelo neoliberal ya comenzó. En Estados Unidos, la derecha neoconservadora está en desbandada, al igual que la derecha neoliberal en muchos países, pero busca recomponerse. En América latina el modelo transnacional entra en crisis hacia finales de los 90. Primero se produjeron las explosiones sociales e institucionales; luego la revuelta adquirió una expresión política popular. El viraje clave se produjo en 2001-2002 en la Argentina, donde se rompió la hegemonía neoliberal. Se abrieron nuevos espacios políticos, expresados institucionalmente en el ciclo de triunfos populares electorales entre 1998 y 2006, y en propuestas alternativas.
Si no hay salida popular a la crisis, estaremos encaminados hacia interminables conflictos globales. La única alternativa, tanto en América latina como en el resto del mundo, es la democratización del sistema socioeconómico y de los medios comunicativos/discursivos, junto con una profundización de la democracia política. Esto requiere una redistribución hacia abajo del poder y de la riqueza. © LA GACETA

William I. Robinson - Ph. D. en Sociología, profesor de Estudios Globales y Estudios Latinoamericanos de la Universidad de California, colaborador de los diarios San Francisco Examiner (San Francisco), Insight (Washington), The Guardian (Londres) y El País (Madrid). Es autor de A theory of Global Capitalism (Johns Hopkins University Press, 2004) y Promoting polyarchy (Cambridge University Press, 1996).

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