Quizás el hincha de Altético nunca borrará de su memoria a Fabián Bustos. Y no porque el delantero "decano" de finales de la década del 90 haya protagonizado una hazaña para el club de 25 de Mayo y Chile. Todo lo contrario, según afirma el sentimiento popular. El artillero tuvo en su botín izquierdo la posibilidad de conseguir el pasaje a la final del Reducido por el ascenso a Primera contra Chacarita, en el 99.
Pero una fallida definición mano a mano contra el achique desesperado de Jorge Vivaldo, cuando restaban menos de 10 minutos para el ocaso del cotejo, fue la última chance que dejó escapar el conjunto tucumano para igualar el pleito y así acceder a la gran definición. Por ventaja deportiva (en la ida había ganado Atlético 1-0), avanzó el "funebrero".
Lo que sucedió después es historia conocida. En el repechaje el plantel de Humberto Zuccarelli tampoco funcionó y, con los años, la institución se desplomó hasta llegar al Argentino "A". Con "Chaca" pasó algo similar. Luego de militar en el fútbol grande, descendió y tampoco pudo volver.
Pasaron nueve años desde aquel choque inolvidable. El lunes, un actor de primera línea estará en cancha para revivir aquel duelo, aunque lo hará con otra camiseta. Se trata de Héctor Rivoira, DT de aquel grupo que dejó sin gloria a los "ojitos verdes".
"El ascenso a Primera iba a ser para Atlético o Chacarita. Eran los dos mejores equipos de aquel entonces", recuerda "Chulo", que se ríe y respira profundo al recordar cuál fue su reacción luego del remate de Bustos, que salió desviado.
"Uff, en ese momento me pasaron mil cosas por la cabeza. Se podría haber terminado todo para Chacarita", admite hoy el técnico "decano", que guarda un gran cariño por el club porteño. "Es parte de mi vida. Estuve muchos años allí", dice. Después de tanta espera, Atlético vuelve a medirse con "Chaca". "Yo quiero ganar, sí o sí", asegura Rivoira, al compás silencioso de todo un pueblo que anhela lo mismo.
Trabajo dividido
El plantel volvió a reunirse ayer en Unidad, Sionista tras el día libre. Rivoira dividió al grupo en dos: los que jugaron con la "lepra" realizaron trabajos regenerativos; el resto hizo fútbol en espacios reducidos. Azconzábal (foto) también practicó.







