MADRID (Especial, por Irene Benito).- A Kevin Johansen (Alaska, 1964), cantautor argentino y estadounidense, no le llama la atención la invitación de hacer un recital en el ámbito del festival Vivamérica, que el domingo, día de la Hispanidad (nombre que recibe aquí el día de la Raza), concluyó con una concentración en el centro de Madrid. Johansen aporta el toque argentino a una semana dedicada a la cultura iberoamericana. Y cree que eso está bien: “tengo una historia bipolar, entre América del Norte y del Sur”.
- Una canción suya, “Sur o no sur”, trata sobre los que no se sienten en casa en ningún sitio...
-Sí, de los que tienen que cambiar su cultura por otra, sacrificar lo propio para vivir mejor por cuestiones políticas o económicas. Aunque hay muchos tipos de exiliados: los que se van por razones culturales, porque son gays o por el color de la piel. “Sur o no sur” cuenta lo que me pasa a mí, que tengo dos culturas y no me hallo del todo en ninguna de ellas. Por suerte América es grande.
Caminos
“Me voy porque soy un sudaca; me vuelvo porque soy un sudaca”, canta Johansen, que este año visitó Tucumán por primera vez. Y el verso se aplica a la mayor parte del público que acudió al concierto en la mítica sala madrileña Galileo Galilei. Y que estuvo muy cerca de ser cancelado por las restricciones que el gobierno de España aplica a la entrada al país de los ciudadanos extracomunitarios. “Soy consciente de que la cultura va por un lado y la política, por otro. Dos de mis músicos tuvieron muchos incovenientes en Barajas. Casi no los dejan pasar; están cerrando las fronteras cuando, en realidad, debería ocurrir todo lo contrario”, explica Johansen diez minutos antes del comienzo de la presentación. Entre sorbos de agua e ingestas de miel, comenta a LA GACETA que los españoles se olvidan de cómo los recibió América 60 años atrás. “Al final, son ciclos. Mis bisabuelos eran de Galicia, Castilla y Cataluña. Si pasó una vez, puede pasar de nuevo. Todo vuelve”, agrega.
- Y todo llega. Por ejemplo, cada vez se habla más de los bicentenarios que Argentina celebrará en 2010 y 2016. ¿Tiene algún deseo para esos aniversarios?
-Me gustaría que nadie se crea con el derecho de monopolizar el poder, que no haya dudas de que hay que compartirlo. Creo que la frase del Martín Fierro tiene más importancia que nunca: si no aprendemos a compatibilizar, nos devorarán los de afuera. En verdad, ya nos devoraron y nos escupieron, porque no nos pudieron tragar. Entonces, ahora tenemos la oportunidad, siempre dentro de los ciclos, de no volver a ser devorados y de unirnos un poco más. Y si gana Barack Obama en el norte, capaz que nos va un poco mejor a todos en el sur.
La tele satura
En el camerino de Johansen hay un despliegue abundante de jamón crudo, tortilla de papas y queso manchego. El cantante se acomoda el pelo sin cesar y asegura que no está nervioso, que le sienta bien calentar la voz antes de salir al escenario. Pared de por medio, el músico Lisandro Aristimuño cumple el rol de “telonero” ante un público que pagó 25 euros (110 pesos) para ver a Johansen.
- El escritor Mario Vargas Llosa ha criticado hace poco a lo que él llama “la civilización del espectáculo”, donde la gente sólo quiere divertirse y no pensar...
-La desconexión es parte del show. El trabajador quiere desenchufarse. La práctica de consumir y tirar siempre ha existido en el espectáculo, aunque quizá ahora suceda más velozmente, porque todo está acelerado. Ahora consumimos y tiramos por “Youtube”, además de la televisión. Esto produce una resina que se acumula y se pudre. El egoísmo de la TV argentina me produce hartazgo. Sólo habla de sí misma; hay programas sobre otros programas. Es una saturación. Esto ocurre hasta en las propuestas buenas y críticas que, en definitiva, hablan de lo que ocurre en la tele, como si lo que no sucediese ahí, no existiese en ninguna parte.







