La magia de casarse una y otra vez ante Dios

El sábado, 30 parejas de entre 25 y 50 años de casados renovarán sus promesas matrimoniales en la parroquia de la Medalla Milagrosa. La Iglesia alienta esta práctica. "Insufla energías para seguir adelante", dice un sacerdote.

TODAVIA ENAMORADOS. Luisa López González y Bernardo “Dino” Ladetto, quienes cumplieron 50 años de casados y tienen siete hijos. LA GACETA / HECTOR PERALTA
TODAVIA ENAMORADOS. Luisa López González y Bernardo “Dino” Ladetto, quienes cumplieron 50 años de casados y tienen siete hijos. LA GACETA / HECTOR PERALTA
12 Octubre 2008
Frente al aumento de divorcios, el mérito de mantenerse casado merece una celebración. Así lo entienden muchos esposos que, al llegar a los 25 o a los 50 años, según cumplan sus bodas de plata u oro matrimoniales, renuevan sus promesas frente al altar, en una ceremonia religiosa de la que participan hijos, nietos y hasta bisnietos y amigos.
En la parroquia de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, ubicada frente al parque 9 de Julio, se prepara una misa en acción de gracias para el sábado 18, a las 20, en la que 30 matrimonios que cumplen entre 25 y 50 años de casados renovarán sus promesas frente al altar. La ceremonia será presidida por el arzobispo de Tucumán, monseñor Luis Villalba, en el marco de su visita pastoral y en coincidencia con los 50 años de la parroquia.
La Iglesia Católica alienta esta práctica, ya que la considera saludable para oxigenar el vínculo. "Si fuera posible, todos los años las parejas deberían renovar sus promesas, para devolverle frescura a la relación e insuflarle energías para seguir adelante", dijo el asesor arquidiocesano del Secretariado de la Familia, padre Marcelo Barrionuevo. El religioso se desempeña en la parroquia de la Medalla Milagrosa y acercó la noticia a LA GACETA.
"La Iglesia es consciente de que la vocación de matrimonio es ardua y que tiene sus naturales dificultades, no imposibles de superar. Por eso promueve que se haga este tipo de celebraciones, tanto a nivel espiritual como humanamente, junto a la familia ", destacó el sacerdote. Por su parte, el padre Jorge Gandur, párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Caridad, comentó algunas de las características de esta celebración. La fecha elegida para la renovación de las promesas matrimoniales suele ser un aniversario, pero puede ser cualquier día, siempre que en el corazón de los esposos haya fuego para iluminar el camino que queda por recorrer, dijo. De la misma manera, los festejos suelen ser íntimos o con con muchos invitados. El lugar elegido es, generalmente la iglesia donde se casaron. Hay quienes acostumbran a llevar regalos y otros simplemente tarjetas con la clásica frase: "¡qué aguante!". Por medio de los sacerdotes, LA GACETA obtuvo el testimonio de dos parejas que cultivan esta práctica.
Cada 4 de octubre, Bernardo "Dino" Ladetto, de 78 años, y su señora Luisa López González, de 69, vuelven a jurarse amor eterno, como hace 50 años. Lo hacen frente al altar de la iglesia de San Francisco, donde se casaron y soñaron con la familia que tienen hoy, de siete hijos y muchos nietos. "Renovamos nuestro compromiso de amor frente a Dios y no frente a nuestras pasiones", definió Luisa. Silvia y Luis Pérez, que se casaron hace 18 años, suelen renovar sus votos matrimoniales durante retiros. "La ceremonia puede hacerse frente al altar o ante una imagen. No interesa el lugar. Lo importante es que en este mundo, donde la palabra parece devaluada y todo se relativiza, este acto nos sirve para gritar a los cuatro vientos que queremos mantener firmes nuestras promesas", reveló Silvia.

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