11 Octubre 2008 Seguir en 
El presbítero -y luego obispo- doctor José Eusebio Colombres (1778-1859) era un hombre resuelto y decidido. Junto a su ministerio había desempeñado importantes funciones públicas, además de fundar la industria azucarera tucumana.De todas esas experiencias, acaso la más insólita fue la que afrontó la noche del 13 de noviembre de 1840, en su casa. Colombres se desempeñaba entonces como Cura Rector de la Catedral y Vicario Foráneo. En una nota del 14, dirigida al Gobierno de la Provincia, narró lo sucedido.
Consideraba su deber, decía, "poner en noticia del Excmo. Señor Gobernador, que ayer a las nueve y minutos de la noche fue sorprendido por el porta-estandarte D. Zeferino Alvarez y doña Feliciana Silva, que acompañados de D. José Sosa y D. Pedro Lenzinas en clase de testigos, se introdujeron bruscamente en el cuarto de su habitación, donde a presencia de dichos testigos y de otro caballero que accidentalmente se halló presente, se declararon mutuamente por esposos".
Continuaba Colombres diciendo que "no es del caso resolver por ahora el problema de si están o no legítimamente casados. Sólo debo limitarme a interpelar el justo castigo de tan enorme atentado". Subrayaba que habían "hollado atrevidamente los respetos debidos al Párroco", además de haber "atropellado e infringido las respetables leyes y canónicas sanciones" que la Iglesia tiene establecidas.
Entendía Colombres que habían abierto "con este escandaloso hecho, una espaciosa puerta a todos los que quieran entrar al mismo estado, sin sujetarse a las leyes, estatutos y saludables preceptos a que está obligado todo católico". Agregaba que "no considerando de absoluta necesidad levantar un proceso, para condenarlos a las penas que según él merecieran, creo suficiente esta sencilla exposición, para que V.E. ordene el arresto del expresado Alvarez y depósito de la mujer en casa segura y a satisfacción del Gobierno, hasta tanto esta Vicaría tome las medidas conducentes a rectificar su yerro".
Pedía que asimismo se castigara a los testigos, para que ni ellos ni otros "se presten a rendir igual servicio en casos semejantes". El curioso documento se conserva en la sección "Oficios Varios" del Archivo Histórico.







