11 Octubre 2008 Seguir en 
"Al deseo, los frenos le sientan fatal". Con este verso del compositor español Joaquín Sabina, el jurista Atilio Aníbal Alterini cerró la conferencia que pronunció durante las Jornadas Nacionales de Consumo y Ambiente, que ayer concluyeron en Tucumán. La cita bien podría ser utilizada con otro fin: expresar lo que el propio catedrático piensa que sienten los poderes políticos cuando son debidamente controlados. "Es un grave error desprestigiar a los jueces por el contenido de sus sentencias. Hay que cambiar esta actitud porque le hace mal al sistema. Si eso ocurre, la Argentina deja de ser un país apetecible para las inversiones", alertó el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.
-¿En qué circunstancia institucional está el país a partir de la nueva integración de la Corte Suprema de Justicia?
-Los 90 fueron de enorme desprestigio para el Poder Judicial, lo que tenía que ver con la baja consideración que había sobre la Corte. Según algunas encuestas, sólo el 5% de la ciudadanía tenía confianza en sus jueces; es decir, el 95% no la tenía. Eso es gravísimo para las instituciones, porque la gente puede comportarse de acuerdo con esa creencia. Ahora, la imagen de una Corte con gente de prestigio y de méritos, reconocida por sus pares y por la comunidad, le hace bien a la República y es la base para que empecemos a afirmar las instituciones.
-Los jueces siguen exigiendo garantías para la independencia judicial, como si esta no estuviera garantizada aún...
-Esto tiene que ver con el riesgo de que una buena idea, como el Consejo de la Magistratura, sea desvirtuada. La presencia política en los Consejos es absolutamente desaconsejable, porque la presencia política está asegurada en el Senado o en las Legislaturas, para que presten acuerdo a los seleccionados. En los Consejos el componente debe ser técnico... El Consejo de la Magistratura le debió hacer bien a la República, pero hoy, en el orden nacional, por la reforma (por la Ley 26.080), soporta demasiadas objeciones para que sea la institución que sabiamente se previó en 1994. Esto baja lamentablemente a las provincias.
-¿Cómo se garantiza entonces la independencia?
-Los jueces deben tener absoluta libertad. No deben manejarse en función de cómo les caerá lo que decidan a los que juzgarán. No tienen que estar atemorizados por el sentido de sus convicciones expresadas en los fallos. Además, el que no se da cuenta de esto no entiende la realidad del país. Si no tenemos un Poder Judicial confiable no habrá inversiones de capitales de riesgo. Cada vez que la Argentina no dio un piso de seguridad jurídica a las inversiones, estas se fueron a otra parte.
-El hiperpresidencialismo, que baja a las provincias, ¿no conspira contra esto?
-Todo el costo que generó la crisis por las retenciones a la agroexportación ha hecho institucionalmente que la gente vuelva o empiece a hablar de la Constitución y sepa que hay un Congreso en el que se debate, con sus más y con sus menos; es decir, que la autoridad no es sólo el Poder Ejecutivo. Esto le hizo muy bien a la república. Si el PE recoge el mensaje, andaremos bien; si no, habremos perdido otra oportunidad.
-¿En qué circunstancia institucional está el país a partir de la nueva integración de la Corte Suprema de Justicia?
-Los 90 fueron de enorme desprestigio para el Poder Judicial, lo que tenía que ver con la baja consideración que había sobre la Corte. Según algunas encuestas, sólo el 5% de la ciudadanía tenía confianza en sus jueces; es decir, el 95% no la tenía. Eso es gravísimo para las instituciones, porque la gente puede comportarse de acuerdo con esa creencia. Ahora, la imagen de una Corte con gente de prestigio y de méritos, reconocida por sus pares y por la comunidad, le hace bien a la República y es la base para que empecemos a afirmar las instituciones.
-Los jueces siguen exigiendo garantías para la independencia judicial, como si esta no estuviera garantizada aún...
-Esto tiene que ver con el riesgo de que una buena idea, como el Consejo de la Magistratura, sea desvirtuada. La presencia política en los Consejos es absolutamente desaconsejable, porque la presencia política está asegurada en el Senado o en las Legislaturas, para que presten acuerdo a los seleccionados. En los Consejos el componente debe ser técnico... El Consejo de la Magistratura le debió hacer bien a la República, pero hoy, en el orden nacional, por la reforma (por la Ley 26.080), soporta demasiadas objeciones para que sea la institución que sabiamente se previó en 1994. Esto baja lamentablemente a las provincias.
-¿Cómo se garantiza entonces la independencia?
-Los jueces deben tener absoluta libertad. No deben manejarse en función de cómo les caerá lo que decidan a los que juzgarán. No tienen que estar atemorizados por el sentido de sus convicciones expresadas en los fallos. Además, el que no se da cuenta de esto no entiende la realidad del país. Si no tenemos un Poder Judicial confiable no habrá inversiones de capitales de riesgo. Cada vez que la Argentina no dio un piso de seguridad jurídica a las inversiones, estas se fueron a otra parte.
-El hiperpresidencialismo, que baja a las provincias, ¿no conspira contra esto?
-Todo el costo que generó la crisis por las retenciones a la agroexportación ha hecho institucionalmente que la gente vuelva o empiece a hablar de la Constitución y sepa que hay un Congreso en el que se debate, con sus más y con sus menos; es decir, que la autoridad no es sólo el Poder Ejecutivo. Esto le hizo muy bien a la república. Si el PE recoge el mensaje, andaremos bien; si no, habremos perdido otra oportunidad.
NOTICIAS RELACIONADAS








