Mirada sobre su obra

El escritor francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, en su medio centenar de libros se ha centrado en el paraíso perdido y en los rastros de su propia historia personal. Es un ecologista enamorado de la cultura amerindia. La vida de Le Clézio ha estado signada por los viajes que realizó desde muy pequeño. De hecho, sus dos primeros libros los escribió con tan sólo siete años en el barco que llevaba a su padre a Nigeria, durante la Segunda Guerra Mundial.

10 Octubre 2008

“Urania”
Fragmento de la ultima novela de le clezio traducida al español

“Era la guerra. Aparte de mi abuelo Julien, no había ningún hombre en casa. Mi madre era una mujer de cabellos muy negros, la piel del color del ámbar, unos ojos grandes bordeados de pestañas que parecían un dibujo al carbón. Ella pasaba mucho tiempo al sol, me acuerdo de la piel de sus piernas, brillante sobre las tibias, por las que me gustaba deslizar los dedos.
No teníamos gran cosa que comer. Las noticias que nos llegaban eran muy alarmantes. Sin embargo, conservo de mi madre en aquella época el recuerdo de una mujer alegre y despreocupada, que tocaba melodías en la guitarra y cantaba. Le gustaba leer también, y es de ella de quien he heredado la convicción de que la realidad es un secreto, de que es soñando como se está cerca del mundo”.

Crónica publicada en España en 2003
Revela como Inglaterra y EEUU hicieron desaparecer el archipielago de Chagos

“Habría podido ser el paraíso. Perdido en el océano Indico, a más de dos mil kilómetros de Islas Mauricio y de las islas Seychelles, un rosario de islas de coral sembrado sobre bancos de arena blanca, encerrando lagunas color turquesa, cada isla con una cabellera de cocoteros inclinados por la dulzura de los alisios, lejos de cualquier ciclón. Para los habitantes de estas islas, fue, en efecto, durante generaciones, no el paraíso, sino su tierra, suspendida entre el cielo y el mar, donde la vida no era nada idílica (...)
Esto habría podido durar eternamente, y Chagos habría podido deslizarse suavemente en el nuevo milenio con la gracia despreocupada de las sociedades criollas, e incluso recoger un poco más de ese maná providencial (...]”.

“El pez dorado”
Fragmento de la novela escrita en 1999

“Cuando tenía seis o siete años, me raptaron. En realidad no me acuerdo muy bien de cómo fue, porque era demasiado pequeña y todo lo que he vivido después ha borrado ese recuerdo. Es más bien como un sueño, como una pesadilla lejana, terrible, que se me repite algunas noches y me deja alterada durante todo el día. Hay una calle blanca por el resplandor del sol, polvorienta y vacía, el cielo azul, el grito desgarrador de un pájaro negro y, de pronto, unas manos de hombre me arrojan al fondo de un gran saco y me ahogo. Lalla Asma fue quien me compró.Por eso no sé cuál es mi verdadero nombre, el que mi madre me puso al nacer, tampoco el de mi padre ni el del lugar donde nací. Lo único que sé es lo que me contó Lalla Asma: que llegué a su casa una noche y que por eso me llamó Laila, la Noche...”.

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