Rodolfo Luis Vigo tanto extraña la magistratura que cuando habla, sin darse cuenta, a veces afirma: “nosotros, los jueces”. Y no es para menos. Comenzó como camarista civil en 1984, y entre 1988 y el año pasado fue ministro de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe.
Ahora, pese a la nostalgia, sigue firme con su otra pasión: la filosofía del derecho (preside la asociación argentina de la especialidad). Ambos amores conviven en su pasión por la ética judicial y en su convicción de que los Poderes Judiciales deben contar con código sobre el particular. ¿Por qué? “Porque la sociedad exige austeridad. Si los jueces no fueran funcionarios, podrían andar en el auto que quisieran, pero no si son magistrados”, dijo a LA GACETA este autor de 17 libros. Vigo, que vino a Tucumán a participar de las XXII Jornadas Argentinas de Filosofía Jurídica y Social está contento. La próxima semana, la Corte Suprema de Panamá presenta el Código de Etica Judicial de ese país.
-¿El ciudadano debe exigir éticamente más a un magistrado?
-Sí. Lo ha dicho la Corte Suprema y lo dice la Ley de Etica en el Ejercicio de la Función Pública, que el Congreso sancionó cumpliendo la Constitución, porque esta le da estatus constitucional (artículo 36). A los funcionarios se les exige austeridad republicana. Si no fueran funcionarios, podrían usar el reloj que quisieran, pero si son funcionarios, no. Pero, además, el Código Iberoamericano de Etica Judicial les dice a los jueces que deben tener conciencia que la ciudadanía les exige más o cosas que al ciudadano que no es funcionario no le exige. Y si alguien considera que esto es muy exigente, nadie los obliga a ser juez o funcionario. Es un pacto que viene con ventajas, con beneficios, pero también con restricciones.
-La ética está muy ligada también a la independencia…
-La independencia es un proceso permanente, porque a partir de la distribución del poder en tres, hay tensión. Tiene que haber balanceos permanentes y, si un poder no ejerce su tercio de poder, seguramente otro lo hará. Por suerte hay una clara preocupación por la independencia judicial. Los Poderes Judiciales viven un momento ideal, porque hay conciencia social de lo que deben exigir como poder a los otros para ejercer su espacio.
-¿Cómo se hace con los poderes políticos que descalifican constantemente las decisiones judiciales que les son adversas?
-En Estados Unidos, donde nadie va a dudar de la independencia de la Justicia, la tensión es permanente y alcanzó momentos culminantes. El poder es algo que el que lo tiene lo ejerce y, si no, lo terminará perdiendo.
-¿No hay que temerles, entonces, a los ruidos institucionales?
-El control judicial de constitucionalidad avanzó tanto que ya prácticamente no hay cuestiones políticas no justiciables. No hay que asustarse. Más bien es un signo de salud, porque, a veces, si no hay ruidos, el riesgo puede ser que un poder se esté comiendo a otro poder. La lógica del poder es constante distribución, balanceo y tensión.









