Los líderes más efectivos entienden que la mejor manera de obtener el mejor desempeño de cada uno de los miembros de su equipo es crear un ambiente que motive a las personas a dar lo mejor de sí. ¿Cómo generar un clima de incentivos? Según el Institute Dale Carnegie Argentina, hay ciertos pasos testeados en las empresas que contribuyen hacia esa meta:
• Hacer saber a las personas que se interesa por ellas. Conocer a cada miembro de su equipo, sus metas y sus aspiraciones. Hablar con ellos acerca de su vida fuera del trabajo, especialmente sobre situaciones que puedan estar afectando su desempeño laboral.
• Ayudar a las personas a entender cómo su trabajo se relaciona con las metas de la empresa. Es importante que los gerentes expliquen de qué forma cada persona del equipo agrega valor al panorama total. Así incrementa el compromiso y la confianza.
• Asegurar que el equipo fije metas realistas. Las metas amplias inspiran a las personas a destacarse. Hay que asegurarse de que el equipo se fije metas que puedan ser alcanzadas.
• Indicar a las personas de qué forma las beneficiará una alta performance. Cada vez que se rinden buenos resultados para la empresa, el prestigio mejora. Las recompensas pueden consistir en una mayor compensación financiera o un reconocimiento publicado en el boletín de la empresa.
• Escuchar sugerencias, opiniones e ideas. Los gerentes que no valoran lo que su equipo piensa anulan toda motivación.
• Expresar aprecio y reconocimiento. Todos desean ser valorados por sus contribuciones. De hecho, hay estudios que demuestran que para las personas la aprobación y el aplauso son mucho más significativos que sus ganancias financieras.
• Tener en mente que el logro en sí mismo es un gran motivador. Nada incentiva más la autoconfianza que la experiencia del éxito. Es un poderoso estímulo que lleva a las personas a esforzarse aún más para alcanzar logros mayores.
• Cambiar de puesto a las personas que no están aportando. Algunos líderes cometen el error de mantener en el equipo personas que no están aportando demasiado al esfuerzo del grupo. Frecuentemente se espera que la presión del equipo los inspire a mejorar su desempeño. A veces este enfoque funciona. Pero lo malo es que la presencia de miembros vagos o perezosos puede causar resentimiento. A largo plazo, esto puede dañar el espíritu del equipo y obstaculizar la productividad.