Sobrevivir para acceder a un futuro prometedor
Los citricultores aseguran que están listos para reingresar a Estados Unidos con sus limones. En el azúcar, en cambio, a muchos les costará llegar a producir biocombustibles. or Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.
Hace sólo un par de años, las crónicas periodísticas daban cuenta de los disímiles momentos que vivían los sectores azucarero y citrícola, las principales actividades productivas de Tucumán. En 2006, la temporada era altamente beneficiosa para los azucareros, mientras que los productores de limón sólo apuntaban a salvarse de una crisis larga y con perspectivas altamente desfavorables. Hoy la situación es exactamente al revés, pero nada garantiza que esta tendencia se mantenga por mucho tiempo.
En el plano productivo, las heladas tempranas de este año castigaron al limón y a la caña de azúcar, aunque sin consecuencias tan dramáticas como las de temporadas anteriores. Sí hubo diferencias marcadas en el aspecto comercial.

En la citricultura, prevaleció una contracción de la oferta internacional de limones en fresco, que terminó favoreciendo a la fruta tucumana. También mejoró la demanda de productos industrializados del citrus. Este hecho quebró una racha negativa de al menos dos años de valores bajos del jugo concentrado, de la cáscara deshidratada y de los aceites esenciales, y -en consecuencia-, posibilitó que crezcan los ingresos del sector, particularmente de los productores que no están calificados para exportar en fresco.
La renovación de expectativas en la citricultura no pudo llegar en mejor momento, ya que la actividad hacía frente a una verdadera encrucijada por efecto de costos productivos y de logística que no encuentran un techo y que obligaban a que muchos analicen su continuidad o no en el sector. Finalmente, la noticia de que el año próximo los limones podrían exportarse a Estados Unidos -la principal economía del mundo-, generó una nueva oleada de optimismo, tras haber pasado exactamente siete años desde que la Justicia de California dictaminó que los cítricos argentinos tenían prohibido el acceso a ese mercado (sin que por ello se haya cuestionado la calidad o la sanidad de la fruta).

Oportunidad histórica
En el sector azucarero las perspectivas no son menos alentadoras que en el citrus, ya que los empresarios de la actividad tienen por delante una oportunidad histórica de despegar y de olvidarse de los viejos problemas de sobreoferta. En pocos años, los ingenios pasarán a ser verdaderas unidades energéticas, porque desde su seno se generará energía para proveer a la población y biocombustibles para abastecer el creciente parque automotor argentino, y también para exportar.
Esta tendencia es irreversible a escala mundial. Pero habrá que ver en qué condiciones llegan los actores del sector azucarero para responder a la demanda energética y de biocombustibles. Hasta que el nuevo paradigma económico que regirá en el sector azucarero se imponga y se generalice, los cañeros y los industriales deberán subsistir con la venta de azúcar como principal fuente de ingresos y tratar de no repetir los desajustes tradicionales a futuro, para que los beneficios de la etapa por venir alcancen a la mayoría. Lo que sí está claro es que el cambio en la matriz productiva del azúcar es necesario, puesto que este año los industriales mostraron verdadera inoperancia para manejar la comercialización interna y externa del producto. Y para colmo, en la presente zafra se elaborarán casi 300.000 toneladas de azúcar más que en la campaña pasada, lo cual indica que en 2009 continuará la lucha contra los excedentes.
Con miras al futuro inmediato, los citricultores se encuentran en posición óptima, y sólo deben ajustar detalles para que las campañas exportadoras de aquí en más no presenten inconvenienes insalvables. La inteligencia y una política sectorial seria deben primar por sobre los individualismos, las mezquindades y la irresponsabilidad. En el sector azucarero la situación se presenta más compleja, porque la puesta a punto de las fábricas con vistas a responder los desafíos en agenda demandará fuertes inversiones, que algunos factores ya encararon. El momento parece clave para determinar si la bonanza futura llegará a todos los azucareros o sólo a los que sobrevivan a este difícil presente.







