El desafío de la oposición es vencer la fragmentación

El futuro de los radicales K, de los justicialistas no kirchneristas y del bussismo son algunas de las variantes que inquietan al alperovichismo. Algunos partidos pretenden asimilar el ejemplo del agro y ya evalúan la integración de alianzas que vayan más allá de una elección.

CONFLUENCIA. El desafío de la oposición pasa por superar las disputas personales y conformar un espacio de discusión entre diferentes sectores sociales. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
CONFLUENCIA. El desafío de la oposición pasa por superar las disputas personales y conformar un espacio de discusión entre diferentes sectores sociales. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
07 Septiembre 2008
Mientras el kirchnerismo aún trata de acomodarse después de varios meses de zozobra, las desperdigadas fuerzas políticas de la oposición se muestran movedizas e inquietas, como dispuestas a iniciar mucho tiempo antes una carrera que indefectiblemente las depositará en las elecciones legislativas de mitad de mandato, allá por octubre de 2009.
"Una minoría organizada vence a una mayoría desorganizada", planteó el pensador Gaetano Mosca en su ensayo titulado "La clase dirigente". La experiencia reciente que dejó la unidad de cuatro entidades agropecuarias -en apariencia disímiles entre sí- en pos de un objetivo común parece figurar en la primera línea de los anotadores de cada expresión política ajena al oficialismo gobernante. Tan es así que el radicalismo discute su interna puertas hacia afuera y se deshoja entre recibir de nuevo o no a los correligionarios K. El encuentro de hace una semana entre el vicepresidente Julio Cobos y el ex presidente Raúl Alfonsín es una muestra de la gestación de ese dilema. El peronismo no kirchnerista también ensaya variantes y agudiza el ingenio en busca de un común denominador que le permita quebrar dentro de un año la hegemonía santacruceña vigente desde 2003.
Si en el ámbito nacional los escurridizos movimientos dirigenciales adelantaron los tiempos electorales, en Tucumán sus implicancias comenzaron a ser evaluadas con más detenimiento por los principales actores alperovichistas. En Casa de Gobierno tejen hipótesis y prestan un oído a los chismes que traen desde Buenos Aires sus aliados radicales y otro a los que provengan desde el entorno del ex vicegobernador, Fernando Arturo Juri, hoy en busca de un espacio propio bajo el sello duhaldista.
Desde la vereda de enfrente, Fuerza Republicana se topó con una disyuntiva de difícil resolución: cómo capitalizar políticamente la exposición pública que generó el juicio por delitos de lesa humanidad en el que resultó condenado su fundador, Antonio Domingo Bussi. Los hermanos Luis José y Ricardo Bussi, hijos del ex gobernador y legisladores, ensayan variantes y avizoran un 2009 propicio para reposicionar electoralmente a un alicaído sello político familiar.
A pesar de la ebullición con la que promete cerrar 2008, hasta el momento los avances preelectorales se asemejan más a voluntarismos personales e intentos oportunistas que a proyectos políticos estructurados sobre bases sólidas y consensuadas. En rigor, aún no se vislumbra un movimiento opositor razonable, afianzado sobre la base de un partido político. Es decir, alejado del liderazgo circunstancial de un apellido y sustentado detrás de un proceso regular de democracia interna, que incluya discusión y debate de ideas.
Los partidos políticos suelen ser el reflejo de las sociedades. Por ello, no resulta casual que, en una reciente recopilación, la Cámara Nacional Electoral advirtiera sobre la existencia de una "clara disociación entre la representatividad inicialmente requerida a las agrupaciones y aquella con la que se desenvuelven luego, casi siempre significativamente menor". El trabajo, que indagó sobre la realidad de las 740 agrupaciones reconocidas en el país, concluyó que al menos el 70% de esas estructuras no respeta el piso mínimo de afiliados exigido por la ley. Para ser admitido como tal, un partido político debe acreditar adherentes equivalentes al cuatro por mil de los votantes del distrito. En Tucumán, esto representa 3.800 afiliaciones. Sin embargo, no es un requisito para continuar actuando como fuerza electoral mantener ese piso de adhesiones. En la provincia, apenas seis de las 30 expresiones legalmente constituidas ante la Justicia Electoral superan ese mínimo.
Frente a esta realidad, el principal desafío de la oposición, según entienden los especialistas, es superar la fragmentación. La reestructuración que debe producirse, entienden los politólogos, tiene que partir de dos premisas.
En primer lugar, que haya un conjunto de ideas. No hay renovación si no hay un mix entre sociedad civil y dirigencia política que diseñen y asuman el compromiso de defender ciertos preceptos de acción. En segundo lugar, la ejecución de ese conjunto de ideas requiere de la aparición de una figura carismática, que despierte la adhesión e identificación de la sociedad hacia ese proyecto.
Cuando el vaciamiento ideológico se apodera de la política, las estructuras partidarias tienden a diluirse frente a los intereses particulares. Sería saludable para el fortalecimiento de la democracia en el país que surgiera una oposición razonable, en la que converjan distintos sectores consustanciados con una idea común que vaya más allá de un oportunismo electoral. Como bien lo expuso Guillermo Lascano Quintana en la web del Club del Progreso, "la oposición no es, ni tiene que ser, un bloque uniforme de personas o instituciones".

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