La desmesura en acción
Alperovich opera para preparar la salida del juez Goane de la Corte. El combate contra el proceso militar sumó a Sisto Terán a la causa. Las especulaciones en torno de las candidaturas para 2009. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.
07 Septiembre 2008 Seguir en 
La pelea por el poder es una constante en la democracia. El ejercicio responsable del gobierno exige satisfacción de las demandas sociales, en el marco de las limitaciones constitucionales. Estas, en definitiva, son el producto del pacto fundacional del Estado, que comúnmente se conoce como Constitución.
El próximo turno en que el oficialismo y sus contendientes medirán fuerzas está datado para 2009. Los aprestos para esa contienda se preparan desde ahora, en una atmósfera signada por la incertidumbre económica y las tensiones sociales causadas por la inflación y la mala prestación de servicios públicos por empresarios amigos del Gobierno federal. Las pantallas televisivas inundaron el país con escenas de violencia protagonizadas por usuarios del ex Ferrocarril Sarmiento entre Merlo y Castelar. Como otras veces, hubo cruces y réplicas entre ministros kirchneristas y partidos de izquierda. El problema, sin embargo, subsiste. La Justicia, mientras, debe castigar a los actores de los desmanes.
Se habla de mejorar la gestión de la Casa Rosada, pero se piensa más en las urnas. El matrimonio K enfrenta tiempos ásperos, razón por la cual trata de cercar lo más posible el territorio justicialista. Cristina se mueve de un lado a otro del país -con preferencia en el bastión bonaerense-, al tiempo que Néstor busca suturar las heridas abiertas por la crisis del campo.
La oposición se muestra dispersa en distintas parcelas ideológicas y políticas, sin cristalizar acuerdos, ni mucho menos lideratos alternativos a los K. Radicales dueños del sello y cobistas, socialistas enfrentados a los Kirchner, la Coalición Cívica sin expansión, y el duhaldismo sin despegar forman parte de ese paisaje. Los macristas hacen su juego sin comprometerse en exceso.
La situación no es diferente en Tucumán. José Alperovich no abandonará la política de dividir a sus adversarios, que tan buenos réditos le dejó en los últimos años. Dispone de recursos para seducir a rivales pragmáticos y potencia el vedetismo de los otros. El gobernador conoce el paño ajeno y usa de la tijera para fragmentarlo en múltiples pedazos. Fracasó en la última elección interna del partido Socialista -ganó la interna Rodolfo Succar, que no es proK-, pero no renuncia a ordenar otras operaciones.
Tentaciones por doquier
Un hombre de confianza de Alperovich, en el Día del Abogado, le hizo llegar una oferta tentadora a la dirigencia de Recrear. Habría financiamiento electoral para Pablo Walter y Ernesto Padilla, si llegaran a optar por la lista propia. Desvincular a Padilla de un eventual entendimiento con Fernando Juri, cabecera de playa del duhaldismo, es lo que se persigue.
Gumersindo Parajón (Pueblo Unido) favorece los planes oficialistas con sus ataques contra el vocal de la Corte Suprema de Justicia, Mario Goane. Para él, 2009 es un desafío de supervivenci, y actúa guiado por esa meta excluyente. Bloquear las alianzas que puedan hacerle daño es una especialidad que practicó cada vez que le convino. Alperovich, agradecido. De los tres senadores, dos le pertenecerán al oficialismo; el tercero, a quien salga segundo. La preocupación se centrará, entonces, en conseguir el mayor número de diputados (se renuevan cuatro).
La mayoría de las líneas justicialistas acatará las directivas del gobernador, a quien la Rosada bendijo para pilotear las elecciones de 2009. Pero los roces están a la orden del día en el kirchnerismo. El interventor del Consejo Federal de Radiodifusión, Gabriel Mariotto, hizo valer su jerarquía, ante el veto que Alperovich oponía a la diputada Stella Maris Córdoba. A esta, en Casa de Gobierno, no pueden verla ni en la sopa. Mariotto no cedió a las presiones y avaló, así, a quien gestó su presencia en Tucumán, para que explicara las bases del proyecto de radiodifusión. La senaduría tienta a Córdoba y la enfrenta con Beatriz Rojkés.
Puertas adentro del alperovichismo, el duelo entre Jorge Gassenbauer y Mario Koltan desgasta las energías del oficialismo. Paredes que se pintan y se despintan aceleradamente, en detrimento de Koltan. La esposa del gobernador será la cabeza de la lista al Senado; el segundo puesto activa la disputa.
Las otras ramificaciones
Alperovich, por su vocación expansiva de poder, no se detiene ante las líneas divisorias de la Constitución. El juez Goane fue el blanco de andanadas simultáneas de Parajón y de Sisto Terán, ambos alfiles de la Casa de Gobierno.
El ex vicegobernador de Julio Miranda se sumó al coro de voces que predica la revisión de conductas a la luz del más furioso antiprocesismo militar. Sintonizó la nueva onda, pero es inexplicable que no haya objetado antes a Goane, por su desempeño como funcionario de la dictadura militar. Pudo haberlo hecho desde 2003 en adelante, pero no lo hizo. Ya regía entonces la Constitución de 1994, que en el artículo 36 excluye de los cargos públicos a los partícipes en regímenes de facto.
Tampoco Terán mostró prurito alguno al votar por el pliego de Francisco Sassi Colombres, que venía recomendado por Alperovich para llenar la vacante de Alfredo Dato en la Corte, pese a que había sido fiscal de Estado y secretario de Gobierno de Antonio Merlo. Y a Sassi Colombres lo volteó el propio Kirchner, en violación de la autonomía provincial, por su pasado procesista. Los legisladores Hugo Balceda y Héctor Romano (Libres del Sur) no lo votaron y se sienten con las manos libres al haber obrado sin seguir la voluntad del gobernador.
Alperovich dio vía libre al ataque contra Goane porque necesita eliminar los pensamientos independientes dentro de la Corte. Siendo legislador no levantó la mano en contra del juez cuestionado cuando este presidió el proceso de juicio político contra Bussi, en 1998. La Constitución de 1994 regía en plenitud. Pero ahora insinuó que Goane podía haber facilitado documentos de identidad para dar cobertura a la desaparición de personas durante el proceso.La desmesura en el desempeño del poder irrita. El armado de la oposición es una incógnita, pero la defensa de las limitaciones que le fija la Constitución al Gobierno incumbe a la sociedad.







