¿Qué es el microrrelato?

¿Qué es el microrrelato?

Por Alba Omil, para LA GACETA - Tucumán.

07 Septiembre 2008
En el microrrelato (MR), el nombre define su función: relatar. Si esto es así, tenemos que verlo como un texto narrativo. Que por detrás de ello razone, filosofe, ironice, etc. es posible, pero si no relata algo, aunque sea mínimo, no puede ser considerado MR. Redactar uno implica no sólo contar una historia, sino organizarla dentro de un marco predeterminado que, se sabe, es reducido. Por lo tanto, exige un cuidadoso trabajo léxico, morfosintáctico y de procedimientos.
Los hay planos que en seguida se esfuman. Otros buscan trascendencia, tienen espesor y son como la punta visible de un iceberg que, en su enorme cuerpo oculto, encierra magia, milagros, inquietudes, lirismo, mensajes et al.
Esta carga oculta depende del factor conocido como "el poder de lo no dicho". Quien está familiarizado con el MR conoce sus exigencias y sus técnicas, y puede manejar ese poder a través de diferentes procedimientos y valiéndose de indicadores que conducen a las entrelíneas, esto es, señaladores, o "indicios, vectores primarios y elementales signos de guía hacia las claves -ya más complejas y ocultas- del universo representado" (1).

La palabra
A nuestro juicio, una de las claves es el adecuado manejo de la palabra. Si intentamos relatarlo oralmente, pierde su magia, su color, su encanto. Porque la oralidad no conserva las palabras exactas, su acomodo exacto, sus vecinas, su secreto ritmo; y el MR es una construcción, no sabemos decir si geométrica, o matemática; entonces digamos mejor, exacta.
Selección cuidadosa del vocablo adecuado, porque esas palabras no deben ser sólo representación de objetos sino una mina, o una selva para explorar. Miniatura que en virtud de sus potencialidades puede levar -como algunos panes a cuya harina se integraron fermentos- y mostrar su capacidad de expansión, y, en consecuencia, la cantidad de información que puede encerrar.
Si buscáramos una imagen en el territorio de la microelectrónica, podríamos pensar en un microchip, un pequeño punto donde se almacenan los elementos que trasmiten información, para poder conectarlos con otros aparatos. La información almacenada puede servir para producir determinados resultados, accionar resortes que reposan en la memoria o en la conciencia, aprovechar al máximo los mensajes de ciertos sentidos, etc.
Una palabra, una construcción verbal bien seleccionada pueden funcionar a la manera de excitantes exteriores que activan la imaginación. Así, el creador artístico puede modificar el mundo objetivo (al cual refleja) al combinarlo con sus propios componentes espirituales.
"? El lenguaje se muestra lo bastante tolerante como para admitir una ayuda extraña en sus fronteras" (2). Es lo que pasa con el MR, donde no se trata de tolerancia sino de necesidad: puede recibir aportes de diferentes áreas (son evidentes e insoslayables los de la plástica y la música). Y bienvenidos sean si se incorporan con compatibilidad -nada de siliconas que evidencien su carácter de préstamo-, y esto sólo se logra con oficio y competencia en el manejo de las herramientas lingüísticas.
También es notable la función de la metáfora: la de crear mundos superpuestos, a veces inasibles, cierto es, pero igualmente válidos. Esos mundos erigen sus propios cánones, y a ellos debemos adaptarnos, o la comunicación no funcionará.
En muchos casos, el cable a tierra que une el MR con lo real es, esencialmente, metafórico. La figura nos traslada a la esencia llevando la palabra más allá de sí misma, a lo que ella alude o evoca. De ahí que en el discurso los significantes se abran como en una dehiscencia, hacia un campo de posibilidades que se ampliará o empequeñecerá según el lector y según sus competencias.© LA GACETA

NOTAS
1. López Casanova, A. (1994): El texto poético; Madrid, p. 34.
2. Bühler, K.(1979): Teoría del Lenguaje, p. 51

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