Se viene la tormenta de Santa Rosa
Los nubarrones financieros están a la vuelta de la esquina. Alperovich abre el paraguas frente a problemas que pueden minar sus proyectos políticos. El uso de la vieja receta. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
28 Agosto 2008 Seguir en 
José, te vengo aguantando y ahora dejame que te reclame lo que está en el contrato. Las palabras de Jorge Brito retumbaron en el despacho privado del gobernador. Dejame que vea cómo lo acomodamos, pero si arreglamos no me lo reclamés judicialmente, dicen que contestó José Alperovich. Era lunes y el mandatario iniciaba una semana difícil. Comentan, de todas formas, que el diálogo entre el gobernador y el banquero se desarrolló en buenos términos. El Banco Macro no es cualquier banco, ni Brito cualquier banquero, ya que se trata de un hombre muy cercano a la Casa Rosada, como Alperovich. Sin embargo, los intereses económicos respectivos los encuentran en vías diferentes. La entidad reclama una actualización de los valores por los servicios que le presta a la Provincia. La negociación está abierta y es posible que el Poder Ejecutivo termine cerrando un nuevo acuerdo con el agente financiero por una cifra tres veces superior al medio millón de pesos que hoy le cobra.
El Macro es el agente financiero de varias provincias, entre ellas, dos muy cercanas a Tucumán, Salta y Jujuy, a las que les cobra cerca de un millón y medio de pesos. "Brito hizo públicos los números para tratar de demostrar que Tucumán es la que menos le paga a su agente financiero", le indicó a este columnista un hombre con acceso directo al despacho gubernamental.
El reclamo no es nuevo, pero llegó en un momento inesperado. Alperovich venía pateando el tema con el argumento de que no tenía los fondos suficientes para hacer frente a tal compromiso. Pero la encrucijada es feroz: un juicio del Macro es el escenario más traumático. Si bien puede llevar su tiempo, con el reclamo se corre el riesgo de tener que pagar una cifra millonaria, a la que, hoy por hoy, las cuentas públicas no están en condiciones de hacer frente, sostiene un técnico que maneja ampliamente la situación fiscal. De todas formas, al Macro tampoco le resultará fácil resolver la cuestión por la vía judicial. Actualmente, administra no menos de $ 5.000 millones anuales, la cifra que presupuestó para este período el Gobierno.
Y como si este frente fuera poco complicado, Alperovich debe definir qué hará con el aumento tarifario que le solicitó la Empresa de Distribución de Electricidad (EDET). Se descuenta que habrá incremento de hasta un 11%. Que los empresarios ganen guita, pero que den servicios, suele decir Alperovich ante sus hombres de confianza.
Sin embargo, en el seno del Gobierno el temor se agiganta. Si se acaba la guita, habrá menos margen para gestionar, reza un lema oficial. De todas formas, muchos apelan a la vieja receta: mantener los salarios de los estatales al día y sostener, mínimamente, un plan de obras públicas. Claro que en este punto el Estado tomó nota de que la inflación no es la que mide el Indec y se lo recuerdan los empresarios de la construcción cada vez que van a la Casa de Gobierno a reclamar una redeterminación de precios.
Llueve sobre mojado. La tormenta de Santa Rosa se desatará dentro y fuera de la Casa de Gobierno si alguien no pone un impermeable a los embates de la lluvia de reclamos que le llegan al Poder Ejecutivo. Las cuentas públicas no resistirán los reclamos y el paraguas fiscal ya no es tan seguro como hace dos años. Definitivamente, se acabó la bonanza un año antes de que el Gobierno tenga que poner en juego el título político en las urnas.






