El clima político empuja a la gente a leer más

Los adultos buscan textos sobre actualidad y de historia, y la Nación impulsa estrategias para fomentar la lectura en la escuela. Lo que dicen las estadísticas.

INTERESES. Los lectores tucumanos consumen autoayuda, narrativa y libros de actualidad, dicen los libreros. LA GACETA / INES QUINTEROS ORIO
INTERESES. Los lectores tucumanos consumen autoayuda, narrativa y libros de actualidad, dicen los libreros. LA GACETA / INES QUINTEROS ORIO
24 Agosto 2008
Jorge Luis Borges cumpliría hoy 109 años y tendría algunos motivos para festejar: el escritor más famoso de la Argentina (pero no por ello el más leído) se encontraría con la noticia de que la gente parece estar volviendo al hábito/ placer de la lectura. Esa es, por lo menos, la impresión que transmiten libreros y expertos tucumanos,  que corroboran una tendencia que muestran las últimas estadísticas sobre público lector que ha difundido el Gobierno nacional. Según se observa en los últimos documentos del Sistema de Información Cultural de la Argentina (de la Secretaría de Cultura de la Nación) sobre el tema, la cantidad de población que no había leído ningún libro en 2004 trepaba al 52 %; pero esa cifra bajó al 43, 8 % en 2006, lo que implica una ganancia de lectores del 8 %.
Las mismas estadísticas sobre hábitos de lectura también indican que la porción de lectores que leyeron en un año entre uno y cinco libros fue del 32,5% en 2004, y subió al  37,9% en 2006. La franja de los que leyeron cinco o más libros también registró alzas en los períodos analizados: el 13, ( % de 2004 trepó al 17,2% en 2006.
Las experiencias de venta de  los libreros tucumanos avalan la módica mejoría que muestran las encuestas oficiales. “Creo que hay una vuelta a la lectura. Y que tiene que ver en parte con una política nacional por medio de la cual se insiste en estimular la lectura en los chicos”, afirma Silvia Giraudo, de Librería “El Griego”.  La librera y doctora en Letras señaló que n o sólo la escuela muestra esfuerzos, sino que se nota un cambio en la actitud de los padres.  “Para el Día del Niño hemos vendido muchísimo. Mucho más que en años anteriores”, aseguró la librera.
Giraudo también señala  la eficacia de las estrategias editoriales para conquistar al lector infantil. “Las editoriales, como tienen que competir con un mundo de imágenes cada vez más avasallador, diseñan libros cada vez más vistosos. El libro ya no es sólo para leer, sino, también, para jugar”, opinó la experta.
Pero no sólo ha aumentado el público de lectores pequeños. También los adultos leen más, coinciden los libreros. “En ese grupo, el regreso a la lectura es más lento, pero se observa que la gente está empezando a darse cuenta de que ni la computadora ni la televisión pueden reemplazar al libro”, destacó Giraudo. “A este despertar también ha colaborado cierta repolitización de la sociedad, que hace que la gente esté buscando más información, tanto sobre el pasado reciente como sobre el Presente”, señaló Giraudo.
En la librería “El Ateneo”, la impresión es la misma. El vendedor Matías Pinna dijo que aunque la autoayuda sigue liderando las preferencias lectoras, el conflicto entre el Gobierno y el campo despertó nuevos intereses. “La gente está buscando libros de política y de historia, y títulos sobre el campo. Por supuesto que están los libros que “se venden solos”, como los de Isabel Allende, entre otros. El tucumano es un buen comprador de libros”, afirmó Matías.

Un libro permite acceder a un mundo del que se sale fortalecido

Como dice el profesor de Letras Joaquín Acevedo, en las librerías de Tucumán (que no son las suficientes, en particular en el interior de la Provincia) siempre hay gente de las edades más diversas que sigue encontrando en la lectura la posibilidad de conocer otros mundos posibles. Como muestra, allí está, entre los libros coloridos de la librería “El ateneo” la pequeña Julieta Martínez (6 años, Jardín de Infantes del Imep), con su pequeña Biblia colorida, en forma de valija. Y más allá, con las narices metidas en el “Elogio de la fealdad”, de Umberto Eco, la estudiante de historia Melina Zanaccchi, Augusto Albarracín y el futuro fotógrafo Agustín Basilotta hablan de libros.
Melina, que ha crecido en un hogar de padres lectores, opina, ante una consulta de LA GACETA: “la gente cree que hay otras fuentes de conocimiento, pero lo concreto es que por la falta de lectura se va vaciando el lenguaje”. 
Melina cuenta que en su mesita  de luz conviven ‘“América”, de Kafka con “La edad de la razón”, de Sartre con“Patas para arriba”, de Eduardo Galeano. Augusto cuenta que lee “todo lo que le cae en las manos”, y que suele quedarse dormido con un libro abierto. Cuando se le cuenta que hoy es el natalicio de Borges, Augusto pregunta, con tono respetuoso: “¿por dónde hay que empezar a leerlo a Borges?”. Sin saberlo, él  está graficando lo que media horas antes le acaba de decir a LA GACETA la librera Silvia Giraudo: “a Borges se lo lee  poquísimo, porque existe la fantasía de que su obra es de difícil lectura”.
Sin embargo, así como la lectura de la obra de Borges inspira una mezcla de respeto y temor, las nuevas generaciones se acercan al libro con más libertad, según afirma la profesora “Kuki” Amado de Nieva.
“Los chicos, opina la experta, están más libres para opinar, para  dejarse llevar por el mundo de la magia”. “ Charles Bettleheim dice que la literatura le permite al niño entrar en un mundo en el que él se identifica con el héroe: un mundo que le aporta adrenalina, miedo, desafíos. Pero es un mundo que, aunque le aporta todo eso, le permite volver a la realidad. Y cuando vuelve, lo hace fortalecido por todas las “experiencias” nuevas que ha adquirido en ese recorrido por la ficción, y que siempre terminan modificándolo”, explica la coordinadora Regional del Plan Nacional de Promoción de la lectura.
“Esa es la razón por la cual desde este programa intentamos que los docentes entiendan que la lectura es para el chico una especie de ensayo para la vida”, enfatiza la profesora Amado.

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