Creen que Vargas Aignasse murió en la cárcel
Su hermano Rodolfo, ex diputado nacional, identificó a dos participantes del secuestro: Félix Arturo González Naya y Froilán "Carpincho" Ruiz. "Me dijeron que no buscara más, que estaba muerto y en El Cadillal", relató. Cuestionamientos contra Bussi y contra Menéndez.
20 Agosto 2008 Seguir en 
Rodolfo Vargas Aignasse cree que su hermano Guillermo nunca salió vivo del penal de Villa Urquiza. Un llamado supuestamente anónimo efectuado en agosto de 1976 le indicó incluso la fecha del deceso: el 11 de abril, seis días después de que se produjo su desaparición en un presunto secuestro cuando supuestamente era trasladado porque había recuperado la libertad. "Me dijeron que no lo busque más, que estaba muerto y en El Cadillal. El era sumamente inteligente, pero también ingenuo. Decía que no tenía nada que ocultar; era justiciero, imprudente en el debate parlamentario por las verdades que decía, con convicciones profundas", remarcó, el ex diputado nacional al declarar ayer en el juicio oral en el Tribunal Oral en lo Criminal Federal.
Su peregrinar lo llevó incluso al llamado Pozo de Vargas, donde fue con el entonces juez federal René Padilla para comprobar si había huesos humanos y apenas si pudieron mover la tapa de cemento. También obtuvo información de que los restos de su hermano estaba en una tumba en el cementerio de Medinas. "El valor que se les da a los anónimos que recibimos se relaciona con las ganas de tener algo cierto entre todo lo incierto que es que haya un desaparecido", afirmó, y el público presente en la sala rompió en aplausos.
Vargas Aignasse cargó duramente contra los acusados por el hecho, Antonio Bussi y Luciano Benjamín Menéndez: "entre ellos se detestaban, pero ninguno empuñó nunca un arma, ni siquiera en las escaramuzas que hubo en el monte, porque no hubo ningún combate directo; nunca se comportaron valientemente o como fuera en un campo de batalla. Nunca hubo una guerra en Tucumán, sino un ejército con un tremendo poder bélico frente a un grupo de 150 desarrapados".
Agregó que sus camaradas lo llamaban a Bussi "El loco jardinero" por su afición a las plantas y a las flores, y que al conocerse la existencia de cuentas bancarias secretas en Suiza, el entonces gabinete del gobernador le decía en privado "El cacui de Yerba Buena", ya que lloraba porque tenía que pagar sus deudas.
"En 1976, Bussi organizó los grupos de tareas encargados de detener y los de llevarse el botín, que fueron a enriquecer los fondos patrióticos y quizás también las cuentas suizas. Tuvo absoluto dominio de los hechos, pudo detener las acciones en cualquier momento. Tucumán era un páramo de miedo, imperaba el terror. Le llevaban las carpetas con nombres y el de mi hermano tenía el sello DF, Disposición Final", aseveró.
Destacó además la tarea de investigación que realizó el senador desaparecido acerca de irregularidades con narcotráfico y por robos donde se detenía a los delincuentes, pero nunca se recuperaba lo material.
La noche de la detención
El ex diputado nacional relató la noche del 23 y la madrugada del 24 de marzo de 1976, cuando estuvo reunido varias veces con su hermano y su cuñada de entonces, Marta Cárdenas, tratando de convencerlo de que se escondiera y se entregara al día siguiente, tras aparecer en los medios. Se topó con una cerrada negativa de ambos, especialmente de Cárdenas, lo que los distanció muchos años. Admitió que volvieron a saludarse en octubre de 2003, cuando fue detenido Bussi por la causa que él impulsó en 1984 junto con su hermano Julio César Vargas Aignasse, ya fallecido.
El ex legislador nacional identificó a dos personas que participaron de ese operativo: Félix Arturo González Naya y Froilán "Carpincho" Ruiz. Agregó que se movilizaban en tres autos policiales, con botas y ropa de fajina y que los que entraron estaban vestidos con pasamontañas negros. A su hermano lo sacaron con una funda de almohada blanca. Asimismo, negó que el comisario Juan Sirnio haya participado, desmintiendo a Bussi.
Vargas Aignasse reconoció que su hermano no tenía buena relación con el ex senador Dardo Molina y que estaba enfrentado con el ex senador José Emilio Ale, al que vinculó con la derecha del peronismo y con José López Rega. Pero aclaró que eran diferencias políticas, y que no conoció de ninguna amenaza en su contra.
"No tengo sentimientos de rencor ni de odio, sino de búsqueda de verdad, memoria y justicia que, por fin y gracias a muchos hombres y mujeres y a la excelente Justicia que estamos recuperando, está siendo posible", sostuvo.
En contraposición, cargó contra la Justicia Federal del regreso de la democracia, al aseverar que el expediente con su denuncia se extravió durante el tiempo necesario para que operara el plazo máximo establecido por la ley de Punto Final y se la archivara. Mencionó en especial al presidente de la Cámara Federal de Apelaciones, Lucio Vallejo. "La Justicia Federal hizo la vista gorda, era un camino ciego", dijo.
Su peregrinar lo llevó incluso al llamado Pozo de Vargas, donde fue con el entonces juez federal René Padilla para comprobar si había huesos humanos y apenas si pudieron mover la tapa de cemento. También obtuvo información de que los restos de su hermano estaba en una tumba en el cementerio de Medinas. "El valor que se les da a los anónimos que recibimos se relaciona con las ganas de tener algo cierto entre todo lo incierto que es que haya un desaparecido", afirmó, y el público presente en la sala rompió en aplausos.
Vargas Aignasse cargó duramente contra los acusados por el hecho, Antonio Bussi y Luciano Benjamín Menéndez: "entre ellos se detestaban, pero ninguno empuñó nunca un arma, ni siquiera en las escaramuzas que hubo en el monte, porque no hubo ningún combate directo; nunca se comportaron valientemente o como fuera en un campo de batalla. Nunca hubo una guerra en Tucumán, sino un ejército con un tremendo poder bélico frente a un grupo de 150 desarrapados".
Agregó que sus camaradas lo llamaban a Bussi "El loco jardinero" por su afición a las plantas y a las flores, y que al conocerse la existencia de cuentas bancarias secretas en Suiza, el entonces gabinete del gobernador le decía en privado "El cacui de Yerba Buena", ya que lloraba porque tenía que pagar sus deudas.
"En 1976, Bussi organizó los grupos de tareas encargados de detener y los de llevarse el botín, que fueron a enriquecer los fondos patrióticos y quizás también las cuentas suizas. Tuvo absoluto dominio de los hechos, pudo detener las acciones en cualquier momento. Tucumán era un páramo de miedo, imperaba el terror. Le llevaban las carpetas con nombres y el de mi hermano tenía el sello DF, Disposición Final", aseveró.
Destacó además la tarea de investigación que realizó el senador desaparecido acerca de irregularidades con narcotráfico y por robos donde se detenía a los delincuentes, pero nunca se recuperaba lo material.
La noche de la detención
El ex diputado nacional relató la noche del 23 y la madrugada del 24 de marzo de 1976, cuando estuvo reunido varias veces con su hermano y su cuñada de entonces, Marta Cárdenas, tratando de convencerlo de que se escondiera y se entregara al día siguiente, tras aparecer en los medios. Se topó con una cerrada negativa de ambos, especialmente de Cárdenas, lo que los distanció muchos años. Admitió que volvieron a saludarse en octubre de 2003, cuando fue detenido Bussi por la causa que él impulsó en 1984 junto con su hermano Julio César Vargas Aignasse, ya fallecido.
El ex legislador nacional identificó a dos personas que participaron de ese operativo: Félix Arturo González Naya y Froilán "Carpincho" Ruiz. Agregó que se movilizaban en tres autos policiales, con botas y ropa de fajina y que los que entraron estaban vestidos con pasamontañas negros. A su hermano lo sacaron con una funda de almohada blanca. Asimismo, negó que el comisario Juan Sirnio haya participado, desmintiendo a Bussi.
Vargas Aignasse reconoció que su hermano no tenía buena relación con el ex senador Dardo Molina y que estaba enfrentado con el ex senador José Emilio Ale, al que vinculó con la derecha del peronismo y con José López Rega. Pero aclaró que eran diferencias políticas, y que no conoció de ninguna amenaza en su contra.
"No tengo sentimientos de rencor ni de odio, sino de búsqueda de verdad, memoria y justicia que, por fin y gracias a muchos hombres y mujeres y a la excelente Justicia que estamos recuperando, está siendo posible", sostuvo.
En contraposición, cargó contra la Justicia Federal del regreso de la democracia, al aseverar que el expediente con su denuncia se extravió durante el tiempo necesario para que operara el plazo máximo establecido por la ley de Punto Final y se la archivara. Mencionó en especial al presidente de la Cámara Federal de Apelaciones, Lucio Vallejo. "La Justicia Federal hizo la vista gorda, era un camino ciego", dijo.









