El boom de la literatura infantil

Según los últimos datos de la Cámara Argentina del Libro, en el país se publicaron 4 millones de volúmenes con obras destinadas a niños y a jóvenes. Es decir, un ejemplar cada nueve argentinos. El rubro tiene su propia feria desde hace 19 años en el país. Las editoriales abren grandes departamentos para atender ese segmento y nacen sellos destinados sólo a ese sector. Pero el gran cliente aún es el Estado. La Direción.

10 Agosto 2008
La Literatura Infantil ya no es menor. Y nada mejor que los números para confirmar el verdadero auge que viven las letras destinadas a los niños en la Argentina. De acuerdo con los últimos datos de la Cámara Argentina del Libro, este rubro editorial pelea, codo a codo, con los grandes. Y es uno de los cinco que mayor crecimiento ha experimentado.Según el informe del año pasado (aún no se ha dado a conocer el de este), durante 2006 la producción editorial, en la Argentina, superó los 72 millones de ejemplares. El 5,6% correspondió a Literatura Infantil y Juvenil. Es decir, prácticamente 4 millones de volúmenes.
O, lo que es igual, un libro de este segmento cada nueve argentinos.Semejante performance ha convertido esta temática en una de las cinco más editadas de la industria argentina. Está a la par de las publicaciones de Derecho (6% del total de los títulos lanzados al mercado) y por encima, incluso, de las de Poesía (4,8%). Solamente la superan las de Ficción (10%) y las de Educación y Educación Especial (9,6%).
El fenómeno es tal que, desde hace 19 años, se realiza ininterrumpidamente en Buenos Aires la Feria del Libro Infantil y Juvenil. La de este año, concretamente, comenzó el 21 de julio y concluyó anteayer, en el Centro de Exposiciones de la Ciudad de Buenos Aires. En la otra Feria del Libro, la original, la senior, la que se realiza en la Rural, las publicaciones para los jóvenes lectores también se hicieron notar.
En concreto, esa gran exposición destinó un espacio exclusivo para los pequeños: un Patio Infantil con biblioteca, salón para narrar cuentos y un sector para talleres. Ya no había que dejar los niños en casa para ir a la Feria: había que acudir con ellos. Y eso también se notó en términos mensurables. De acuerdo con un relevamiento publicado durante la muestra por la agencia de noticias Télam, los stands de las grandes firmas editoriales declararon que las ventas de libros para niños y jóvenes creció entre un 15 y un 30% respecto del año anterior.El negocio ha alcanzado una envergadura tal que han surgido sellos abocados única y excluyentemente a editar obras para los pequeños, como La Brujita de Papel, mientras que otras grandes empresas, como Alfaguara, han creado departamentos con marcada autonomía para atender a este sector del mercado: Alfaguara Infantil.
Indudablemente, Harry Potter y su saga de aventuras y desventuras se ha convertido en una suerte de alma pater de la bonanza de las jóvenes letras para jóvenes. De acuerdo con las estadísticas del año pasado, desde la pubicación del primer tomo, en 1997, las historias del mago llevaban vendidos 325 millones de ejemplares en todo el mundo.
Semejante éxito de la soñadora J.K. Rowling sacudió los baúles polvorientos de las editorales, que se acordaron, por ejemplo, de las Crónicas de Narnia. La fantasía volvía a ser un negocio fabuloso, incluyendo el traslado del papel al celuloide del séptimo arte. Lo demostraba, por su propia cuenta, la trilogía cinematográfica de El Señor de los Anillos, que rescataba del olvido a J.R.R. Tolkien, cuyos títulos volvían a aparecer en las góndolas anglosajonas y que, en muchos casos, debutaban en las estanterías de muchas librerías argentinas.
En rigor, lo sorprendente es la capacidad del mercado editorial para no agotarse. Las generaciones anteriores también tuvieron, aunque con menos parafernalia publicitaria y multimediática, a Emilio Salgari, a Julio Verne, a Hans Christian Andersen, a los hermanos Grimm, a Louisa May Alcott, a María Elena Walsh, a Quino.
Ahora, los nombres son otros y, decididamente, son más. Muchos más. Según un dossier de la periodista Alejandra Folgarait, publicado en la revista cultural ADN a principios de este mes, la edición de libros para chicos y jóvenes crece sin pausa en la Argentina desde 2002, cuando se publicaron 242 textos para ese sector. En 2006, el número alcanzaba los 1.048 títulos, que este año ascendieron a 1.417. En ese informe, se estima que los libros para el segmento puestos en venta desde las 187 editoriales del país, rondaron los 6 millones.
Sin embargo, y a pesar de la contundencia de las cifras, lo cierto parece ser que el mejor cliente del ramo no es otro sino el Estado. Lo cual es, en sí mismo, toda una paradoja. "Ante la falta de fomento estatal a la edición de libros en la Argentina, muchos editores locales miran con esperanza las compras que decide el Ministerio de Educación (de la Nación) y la Conabip (Comisión Nacional de Protectora de Bibliotecas Populares). Una compra de estos organismos equilibra las cuentas", advierte Folgarait.
Hace ocho años, en Cartagena de Indias, Colombia, ya advertía ese hecho Daniel Divinsky, director gerente de Ediciones de la Flor. "Los principales compradores de libros para niños y jóvenes en los países latinoamericanos son los respectivos gobiernos nacionales, con fondos propios o con los asignados por diversas instituciones internacionales y algunas ONG dedicadas al tema", consignó en su ponencia, durante el 27 Congreso Mundial del Consejo Internacional sobre Libros para Gente Joven.
Esta realidad implica dos cuestiones. La primera es que muchos niños tienen contacto con la literatura en bibliotecas de sus escuelas, gracias a los planes estatales, como esclarece Folgarait. La segunda, como advirtió Divinsky, es que, al menos en materia de libros, los Reyes Magos, mal que le pese a muchos, no son los padres.© LA GACETA

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