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Jueves 7 de Agosto de 2008
Espectáculos
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En su debut en un filme en lengua inglesa, el aclamado director Wong Kar Wai (el mismo de “Felices juntos”) muestra el dramático viaje entre la ruptura de una relación amorosa y un nuevo comienzo.
Elizabeth (Norah Jones) es una jovencita recientemente separada de su novio, que comienza a frecuentar una pequeña confitería que tiene como especialidad, la elaboración de pasteles. Noche tras noche, asiste a comer una porción de pastel de arándanos y escuchar las historias de amor sin final que le narra el dueño del local (Jude Law).
Recorriendo el país, Elizabeth se encuentra con otras personas cuyos anhelos y conflictos son incluso mayores a los de ella, incluyendo a un problemático policía (David Strathairn) que ha perdido a su esposa (Rachel Weisz), y a una joven apostadora (Natalie Portman) que pierde no sólo dinero el dinero y su juventud, sino también a su anciano padre.
Claro, Elizabeth ven a todos estos personajes, registra sus dramas, intercede algunas veces, se involucra, gana y pierde, como si ella también estuviera en un juego de azar.
Todos los personajes que desfilan por la película tienen el corazón roto y son víctimas de amores que frustran el alma y carcomen el cuerpo. De víctimas pasan a victimarios, como si fuera un juego de roles donde cada uno va ocupando sucesivamente el lugar del otro. El amor como una fuerza centrífuga arroja a los protagonistas fuera de la historia, los abandona en la ruta, en un bar, en el casino para que encuentren o se encuentren ellos mismos.
Son cuerpos solitarios en constante movimiento que nos recuerdan el ir y venir del personaje femenino. Rodeada de esos compañeros de ruta, Elizabeth logra llegar a los niveles más profundos de la soledad, del vacío y comienza a entender que su propio viaje es parte de la mayor exploración de si misma que haya hecho. Esa será su redención.