Los Beatles pasan por Tucumán
Fuimos a buscar al loco que desde hace 40 años viene juntando objetos del cuarteto de Liverpool. Rodolfo Vázquez nos contó qué tiene, qué le falta, y cómo pasó de ser un fanático más al principal coleccionista del mundo. En la muestra que se abrirá mañana sólo faltarán John, Paul, George y Ringo, aunque su espíritu revoloteará por la Pan Islámica.
07 Agosto 2008 Seguir en 
“Me gusta mucho que se hagan tantas versiones de Los Beatles. En cumbia, rock o tango, no importa, porque eso confirma que no hay otra banda igual”, afirma convencido, pero sin llegar a convertirse en un predicador de la fe beatle, Rodolfo Vázquez.
El es el fanático que se convirtió en coleccionista para no deprimirse con la muerte de Johnn Lennon, el 8 de diciembre de 1980. Muchos de sus objetos, que ya son más de 8.000, se expondrán desde mañana en la sociedad Pan Islámica (Santiago del Estero 761).
Todo empezó cuando tenía 10 años y le regalaron el disco “Rubber Soul”. “Cuando escuché el tema ‘In My Life’, me enamoré para siempre de su música, y empecé a coleccionar cosas; primero eran los discos y las revistas que llegaban a Buenos Aires...”, cuenta este porteño fanático de 50 años, que en 2001 ingresó al libro de los récords Guinness por tener la colección más grande del mundo sobre los cuatro fantásticos de Liverpool.
En el 80, con el asesinato de Lennon, descubrió que era coleccionista. “Por nostalgia y dolor me puse a revisar lo que tenía, y descubría que había más de 1.000 cosas, y a partir de ahí empecé a buscar lo que me faltaba o me enteraba que existía, a conectarme con otros coleccionistas, a escribirles cartas a clubes de fans de todo el mundo...”, explica, como si en ese momento hubiera tenido una revelación mística. De alguna manera fue así, y de ese modo se convirtió en el principal coleccionista mundial de Los Beatles.
Cuando a Rodolfo se le pregunta por su objeto más preciado, duda y empieza a caminar entre las vitrinas que está armando para la exhibición. “Aquellos muñecos...”, dice señalando a las cuatro réplicas de John Lennon, Paul McCartney, Ringo Starr, George Harrison de unos 20 centímetros de alto. En las estatuillas que él adora, los músicos aparecen como en sus primeras apariciones: pelo corto, impecables trajes, y caras de adolescentes fascinados.
Pero después se detiene en otra vitrina, en la que aparece un ladrillo. “Es original, de The Cavern”, cuenta entusiasmado, refiriéndose al mítico pub de Liverpool en el que Los Beatles alcanzaron la gloria definitivamente, después de varios años de tocar sin demasiadas repercusiones en su tierra natal. Al lado de ese objeto, un trozo de madera justifica su existencia con un certificado en alemán, que dice que es parte del escenario del Indra Club de Hamburg, Alemania, hacia donde la banda viajaba frecuentemente a fines de los 50 por la falta de respuestas en Inglaterra. Sigue por las lujosas ediciones piratas de países como Japón o Italia, que se vendían en grandes cajas con discos, remeras, merchandisin y varias cosas más. Tiene, pero no saca de la caja fuerte, un autógrafo de Lennon (ya le robaron uno de Ringo).
Y si no se lo detiene, Rodolfo sigue redescubriendo los chiches que más le gustan, uno por uno. Al final, son todos.
El coleccionista dice que es imposible saber qué le falta, y que nunca una colección de Los Beatles podría estar completa. Sobre todo, porque siguen saliendo al mercado productos y reediciones interesantes. “No es un álbum de figuritas, que conseguís la difícil y listo”, ejemplifica.
“Lo único que vengo buscando hace varios años es un plato de porcelana, de una colección de 14... Tengo 13, pero no conseguí en ningún lugar del mundo el que falta, parece que no existe más”, se lamenta.
Rodolfo no se parece a ninguno de los cuatro, ni hace ningún intento por mimetizarse con ellos. Su fanatismo se limita a adorar su música y a coleccionar cosas.
“No escucho todo el día Los Beatles, ni me corto el flequillito...”, dice señalando un corte brusco sobre la frente, mostrando el corte de pelo de los músicos en los 60.
Tanto, que se relacionó con gente que estuvo muy cerca de la banda: Yoko Ono, la hermana de John, Olivia Harrison (la viuda de George), George Martin (productor) y Pete Best (el primer baterista de la banda, hasta que grabaron su primer simple con Ringo Starr).
Además, conoce tanto a Los Beatles, que siente una identificación diferente con cada uno de ellos. “Con John, es ideológica; con Paul es musical, porque es ‘el’ músico del siglo, un tipo muy prolífico, que pinta y escribe, una máquina; y George era un místico que también era un capo musical...”, explica.
“Eran el rompecabezas perfecto, se complementaban los cuatro, y entendí que Pete Best no era un beatle”, insiste, y alude al ex baterista del grupo, de quien se hizo muy amigo y hasta lo tuvo viviendo en su casa en Buenos Aires.
El es el fanático que se convirtió en coleccionista para no deprimirse con la muerte de Johnn Lennon, el 8 de diciembre de 1980. Muchos de sus objetos, que ya son más de 8.000, se expondrán desde mañana en la sociedad Pan Islámica (Santiago del Estero 761).
Todo empezó cuando tenía 10 años y le regalaron el disco “Rubber Soul”. “Cuando escuché el tema ‘In My Life’, me enamoré para siempre de su música, y empecé a coleccionar cosas; primero eran los discos y las revistas que llegaban a Buenos Aires...”, cuenta este porteño fanático de 50 años, que en 2001 ingresó al libro de los récords Guinness por tener la colección más grande del mundo sobre los cuatro fantásticos de Liverpool.
En el 80, con el asesinato de Lennon, descubrió que era coleccionista. “Por nostalgia y dolor me puse a revisar lo que tenía, y descubría que había más de 1.000 cosas, y a partir de ahí empecé a buscar lo que me faltaba o me enteraba que existía, a conectarme con otros coleccionistas, a escribirles cartas a clubes de fans de todo el mundo...”, explica, como si en ese momento hubiera tenido una revelación mística. De alguna manera fue así, y de ese modo se convirtió en el principal coleccionista mundial de Los Beatles.
Cuando a Rodolfo se le pregunta por su objeto más preciado, duda y empieza a caminar entre las vitrinas que está armando para la exhibición. “Aquellos muñecos...”, dice señalando a las cuatro réplicas de John Lennon, Paul McCartney, Ringo Starr, George Harrison de unos 20 centímetros de alto. En las estatuillas que él adora, los músicos aparecen como en sus primeras apariciones: pelo corto, impecables trajes, y caras de adolescentes fascinados.
Pero después se detiene en otra vitrina, en la que aparece un ladrillo. “Es original, de The Cavern”, cuenta entusiasmado, refiriéndose al mítico pub de Liverpool en el que Los Beatles alcanzaron la gloria definitivamente, después de varios años de tocar sin demasiadas repercusiones en su tierra natal. Al lado de ese objeto, un trozo de madera justifica su existencia con un certificado en alemán, que dice que es parte del escenario del Indra Club de Hamburg, Alemania, hacia donde la banda viajaba frecuentemente a fines de los 50 por la falta de respuestas en Inglaterra. Sigue por las lujosas ediciones piratas de países como Japón o Italia, que se vendían en grandes cajas con discos, remeras, merchandisin y varias cosas más. Tiene, pero no saca de la caja fuerte, un autógrafo de Lennon (ya le robaron uno de Ringo).
Y si no se lo detiene, Rodolfo sigue redescubriendo los chiches que más le gustan, uno por uno. Al final, son todos.
El coleccionista dice que es imposible saber qué le falta, y que nunca una colección de Los Beatles podría estar completa. Sobre todo, porque siguen saliendo al mercado productos y reediciones interesantes. “No es un álbum de figuritas, que conseguís la difícil y listo”, ejemplifica.
“Lo único que vengo buscando hace varios años es un plato de porcelana, de una colección de 14... Tengo 13, pero no conseguí en ningún lugar del mundo el que falta, parece que no existe más”, se lamenta.
Rodolfo no se parece a ninguno de los cuatro, ni hace ningún intento por mimetizarse con ellos. Su fanatismo se limita a adorar su música y a coleccionar cosas.
“No escucho todo el día Los Beatles, ni me corto el flequillito...”, dice señalando un corte brusco sobre la frente, mostrando el corte de pelo de los músicos en los 60.
Tanto, que se relacionó con gente que estuvo muy cerca de la banda: Yoko Ono, la hermana de John, Olivia Harrison (la viuda de George), George Martin (productor) y Pete Best (el primer baterista de la banda, hasta que grabaron su primer simple con Ringo Starr).
Además, conoce tanto a Los Beatles, que siente una identificación diferente con cada uno de ellos. “Con John, es ideológica; con Paul es musical, porque es ‘el’ músico del siglo, un tipo muy prolífico, que pinta y escribe, una máquina; y George era un místico que también era un capo musical...”, explica.
“Eran el rompecabezas perfecto, se complementaban los cuatro, y entendí que Pete Best no era un beatle”, insiste, y alude al ex baterista del grupo, de quien se hizo muy amigo y hasta lo tuvo viviendo en su casa en Buenos Aires.







