06 Agosto 2008 Seguir en 
Es un camino largo. Pero no por la distancia que hay que recorrer, sino por el viaje en el tiempo que significa adentrarse en la historia de los surcos y de los trapiches. La Ruta del Azúcar es un periplo que lleva a los turistas a transitar el camino del desarrollo de la industria azucarera en Tucumán. Los sumerge en las técnicas de la producción y de la industrialización de la caña, una actividad que escapa de las fronteras agrarias para insertarse, profundamente, en la cultura tucumana.
El recorrido empieza en el Museo de la Industria Azucarera "Casa Quinta del Obispo Colombres", en el parque 9 de Julio. Allí está expuesto el primer trapiche que, según el guía Antonio Rafael Carabajal, fue fabricado por pedido del prelado José Eusebio Colombres, de acuerdo con los métodos que utilizaban los jesuitas mientras estuvieron afincados en Tucumán.
La elaboración comercial de azúcar y de aguardiente de caña empezó a desarrollarse en la provincia hacia fines de la Guerra de la Independencia. A mediados de la década de 1830 se suspendió la importación de estos artículos desde Salta y Jujuy (principales zonas productoras de la región) y, con los bloqueos en el puerto de Buenos Aires (por allí llegaba el azúcar de Cuba y de Brasil), la actividad en Tucumán empezó a crecer.
El obispo Colombres fue uno de sus principales impulsores al sembrar caña morada en su quinta. En 1821 reactivó el uso del trapiche. Además de este instrumento, en el museo se exhiben pailas, cucharones, espumaderas y bateas, con los que se elaboraba, de manera casi artesanal, el azúcar. También puede verse el trapiche a vapor que reemplazó al primitivo de madera a fines del siglo XIX.
Un pasado no tan lejano
Las entradas al imponente edificio semejan bocas gigantescas, negras y silenciosas, que parecen haberse tragado para siempre el ruido ensordecedor de los trapiches. Al igual que la Casa del Obispo Colombres, el ex ingenio San Pablo también es un museo, pero representa un avance en el viaje en el tiempo que plantea la Ruta del Azúcar. En su interior, donde funcionó la fábrica entre 1916 y 1989, el paso de los años parece haberse detenido. Sin embargo, a pesar de la quietud y del silencio, al observar los trapiches y las grúas no es difícil imaginar el trajín intenso que se debe haber vivido entre las paredes de ladrillos.
Esta fábrica, que fue fundada por la familia Nougués, tiene otros atractivos: a pocos metros se levanta la casa del ex gobernador Juan F. Nougués y la capilla de la familia. En la actualidad, en ese predio funciona la universidad San Pablo-T.
Fuerza moderna
Como ejemplo contundente de la fuerza que tiene actualmente la industria, La Ruta concluye en el ingenio La Florida, que se encuentra en plena producción. En esta fábrica, los turistas pueden ver de cerca cómo las cañas se convierten en azúcar y en alcohol por medio de la tecnología moderna.
La visita comienza en el canchón donde se descarga la caña que traen los camiones desde el campo. Allí se la lava con agua caliente y se la ingresa al trapiche. Es molida en cinco molinos y se separa el jugo del bagazo. El jugo es filtrado, cristalizado y centrifugado. En este punto, ya dejó de ser líquido para convertirse en un azúcar muy blanco. Tras un proceso de secado, se la embolsa.
El guía Andrés Luna, empleado del ingenio desde 1979, afirmó que todo este proceso demora unas tres horas y que cada ocho horas se llenan 7.000 bolsas de azúcar, 50 kilos cada una.
Un edificio en silencio
* El ex ingenio San Pablo puede ser visitado todos los días de 9 a 17.30.
* La entrada es gratuita.
* Para llegar desde el centro hay que tomar la avenida Roca hacia el sur. Empalmar con la ruta 38 en El Manantial. La localidad de San Pablo se encuentra a 16 kilómetros de la capital.
La casona tradicional
* El Museo de la Industria Azucarera "Casa Quinta del Obispo Colombres" está abierto todos los días de 8 a 20.
* La entrada es gratuita.
* El museo se encuentra en el parque 9 de Julio. Para llegar hay que tomar la avenida Soldati hasta el 700 e ingresar al parque.
El recorrido empieza en el Museo de la Industria Azucarera "Casa Quinta del Obispo Colombres", en el parque 9 de Julio. Allí está expuesto el primer trapiche que, según el guía Antonio Rafael Carabajal, fue fabricado por pedido del prelado José Eusebio Colombres, de acuerdo con los métodos que utilizaban los jesuitas mientras estuvieron afincados en Tucumán.
La elaboración comercial de azúcar y de aguardiente de caña empezó a desarrollarse en la provincia hacia fines de la Guerra de la Independencia. A mediados de la década de 1830 se suspendió la importación de estos artículos desde Salta y Jujuy (principales zonas productoras de la región) y, con los bloqueos en el puerto de Buenos Aires (por allí llegaba el azúcar de Cuba y de Brasil), la actividad en Tucumán empezó a crecer.
El obispo Colombres fue uno de sus principales impulsores al sembrar caña morada en su quinta. En 1821 reactivó el uso del trapiche. Además de este instrumento, en el museo se exhiben pailas, cucharones, espumaderas y bateas, con los que se elaboraba, de manera casi artesanal, el azúcar. También puede verse el trapiche a vapor que reemplazó al primitivo de madera a fines del siglo XIX.
Un pasado no tan lejano
Las entradas al imponente edificio semejan bocas gigantescas, negras y silenciosas, que parecen haberse tragado para siempre el ruido ensordecedor de los trapiches. Al igual que la Casa del Obispo Colombres, el ex ingenio San Pablo también es un museo, pero representa un avance en el viaje en el tiempo que plantea la Ruta del Azúcar. En su interior, donde funcionó la fábrica entre 1916 y 1989, el paso de los años parece haberse detenido. Sin embargo, a pesar de la quietud y del silencio, al observar los trapiches y las grúas no es difícil imaginar el trajín intenso que se debe haber vivido entre las paredes de ladrillos.
Esta fábrica, que fue fundada por la familia Nougués, tiene otros atractivos: a pocos metros se levanta la casa del ex gobernador Juan F. Nougués y la capilla de la familia. En la actualidad, en ese predio funciona la universidad San Pablo-T.
Fuerza moderna
Como ejemplo contundente de la fuerza que tiene actualmente la industria, La Ruta concluye en el ingenio La Florida, que se encuentra en plena producción. En esta fábrica, los turistas pueden ver de cerca cómo las cañas se convierten en azúcar y en alcohol por medio de la tecnología moderna.
La visita comienza en el canchón donde se descarga la caña que traen los camiones desde el campo. Allí se la lava con agua caliente y se la ingresa al trapiche. Es molida en cinco molinos y se separa el jugo del bagazo. El jugo es filtrado, cristalizado y centrifugado. En este punto, ya dejó de ser líquido para convertirse en un azúcar muy blanco. Tras un proceso de secado, se la embolsa.
El guía Andrés Luna, empleado del ingenio desde 1979, afirmó que todo este proceso demora unas tres horas y que cada ocho horas se llenan 7.000 bolsas de azúcar, 50 kilos cada una.
Un edificio en silencio
* El ex ingenio San Pablo puede ser visitado todos los días de 9 a 17.30.
* La entrada es gratuita.
* Para llegar desde el centro hay que tomar la avenida Roca hacia el sur. Empalmar con la ruta 38 en El Manantial. La localidad de San Pablo se encuentra a 16 kilómetros de la capital.
La casona tradicional
* El Museo de la Industria Azucarera "Casa Quinta del Obispo Colombres" está abierto todos los días de 8 a 20.
* La entrada es gratuita.
* El museo se encuentra en el parque 9 de Julio. Para llegar hay que tomar la avenida Soldati hasta el 700 e ingresar al parque.







