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Sábado 26 de Julio de 2008
Policiales
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“Disculpe señor. Soy evangelista y, a pesar de que sé que Dios me protege, no puedo decir nada de lo que ocurre aquí porque me van a hacer daño”, disparó Cristina cuando el periodista de LA GACETA intentó averiguar qué sucede en San Cayetano.
La mujer, con la puerta entreabierta, primero desconfió, y después habló lo justo y necesario. “En este lugar se consume mucha droga. Se vende mucha. Esa basura está destruyendo a los chicos. El Señor los espera con sus brazos abiertos para ayudarlos”, dijo antes de despedirse.
Los vecinos reconocen que, en los últimos tiempos, se ha desatado una guerra en el barrio. Sin embargo, pocos se atreven a decir qué ocurre en las polvorientas calles. “Sé que hubo un señor al que hace poco le pegaron dos tiros. Le pasó eso por hablar de más. Evidentemente, es nuevo en el barrio y no conoce los códigos. Acá, hablar con la Policía se paga muy caro, no importa si denunciás que están vendiendo drogas o si decís de la existencia de algún prostíbulo”, dijo Juan Carlos, uno de los pocos que se atrevió a comentar lo que sucede.
Muchos de los entrevistados comentaron que la agresión que sufrió el testigo de identidad reservada no fue la única. “Hay un mecánico que intentó rescatar a una chica que, según los comentarios de la gente, estaba retenida en la casa de un hombre peligroso. Todo se acabó cuando dispararon contra la casa de ese muchacho”, comentó Mario.
LA GACETA intentó dialogar con la víctima, pero se negó a realizar declaraciones. “No quiero tener más problemas”, dijo un hombre que ni siquiera dejó ver su rostro. El mecánico, según confirmaron fuentes policiales, tampoco realizó denuncia alguna sobre el atentado.
“Es obvio que ese tipo no dirá nada. Como todas las personas que vivimos en este barrio y que sabemos lo que ocurre, tenemos terror de que nos pase algo por denunciar”, dijo Lucía.