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Sábado 26 de Julio de 2008
Información General
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EL GOBERNADOR. Desde la izquierda, en primer plano, el doctor Ezequiel Gallo, el ingeniero José Mariño y el gobernador, ingeniero Luis F. Nougués.
En su último mensaje de apertura de sesiones de la Legislatura, en 1909, el gobernador Luis F. Nougués (1871-1915) dedicó largos párrafos a la necesidad de que los ciudadanos, de todos los sectores, se comprometiesen verdaderamente con la vida cívica. No entrar en un partido, “pretextando que todo está corrompido y que nada se mejorará”, era una posición cómoda y egoísta, que no daba derecho a “protestar de un mal gobierno”. Dentro del tema, se detenía en el papel del periodismo.
A su juicio, la prensa constituía “el terreno donde es más sensible el abandono de estos deberes de acción cívica”. Apuntaba que “de año en año aumenta el número de diarios y su temperamento general es de ataques y censuras, no siempre justos. Pero se puede afirmar que, en general, los saldos son a su favor; por cuanto, en el peor de los caso, sus injusticias permiten el desahogo, en la forma más atenuada de la violencia, de pasiones inherentes a la naturaleza humana”. Ello a la vez “que mantienen vivo un cierto sentimiento de protesta, que obliga a los gobiernos a cuidarse”. Recordaba que la prensa es “el vocero de la opinión” y que ha alcanzado “la eficacia de un verdadero poder”.
Opinaba Nougués que actuar en el periodismo era otra de las obligaciones que engendraba el civismo, para “asumir la responsabilidad moral de lo que se escribe para el público”. Advertía que en Tucumán, “con raras excepciones, no se ve que los hombres públicos asuman la dirección de un diario o siquiera colaboren con ellos”. A su criterio, “delegar estos derechos es cobardía o desidia, cuando se tiene condiciones para ejercerlos, porque la prensa es, sin duda, el medio más eficaz de influir en la dirección de los asuntos públicos”.
Por lo demás, declaraba que concluía su mandato “sin agravios contra la prensa que ha atacado mis actos (a la cual he reconocido muchas veces sinceridad y me he complacido en escuchar, haciendo justicia a sus críticas) y agradecido a la que me ha alentado y ayudado en el cumplimiento del deber, haciéndome llegar la expresión de las necesidades o del sentimiento público”.