Defensa del juicio oral en 1945
Juan Heller entendía que daba prestigio a la Justicia. Por Carlos Páez de la Torre (h) - Redacción LA GACETA.
25 Julio 2008 Seguir en 
El doctor Juan Heller (1883-1950) talentoso jurisconsulto que presidió muchos años la Corte Suprema de Justicia de Tucumán, publicaba cada tanto en LA GACETA artículos literarios o jurídicos. En uno de estos últimos (junio de 1945), insistía en la necesidad de modificar la ley, para que el procedimiento judicial fuese oral en la mayor cantidad de casos posibles. Era la época en que esa modalidad no existía entre nosotros. Pensaba Heller que uno de los grandes beneficios de la oralidad, es que "hace que el juez experimente de inmediato la repercusión social de su sentencia". Es más, opinaba que sería una "gran emulación y ejemplo" para los magistrados, "que ellos mismos tuvieran que sostener un litigio propio cada dos año". Constituiría eso una "admirable Escuela de Jueces".Narraba que un día encontró en los Tribunales de Tucumán a un conocido médico, que mostraba aire de desorientado. Heller se ofreció a ayudarlo, y el médico le confió "que en los Tribunales perdía completamente su tino, no obstante que concurría para recibir el pago de unos honorarios". Lo mismo "ocurre a los letrados cuando penetramos a una sala de hospital". Siendo ministro de Gobierno, el famoso médico Amador Lucero fue a realizar una visita protocolar a los Tribunales. Era curioso ver "la actitud engolada" que el ambiente de la Justicia causaba a este hombre de tanto talento y desenvoltura.
"Médicos, abogados y jueces se familiarizan con el sufrimiento y los trámites. Una enfermedad en el propio organismo o un pleito sobre los propios intereses, les da conciencia de su misión profesional, y todo lo que la costumbre ha vuelto indiferente o rutinario adquiere sabrosa importancia. Y hasta el modesto ?agréguese? sobre una prueba ya realizada, les alarmaría ante la posibilidad de un extravío o de un olvido del actuario".
En el procedimiento oral, "todos ven al juez, le oyen, le observan moverse en el ámbito estrecho de las posibilidades humanas, y adquieren la conciencia y certidumbre de la limitación de su poder. El prestigio de la institución sale acrecentado".







