21 Julio 2008 Seguir en 
Casi no hablan en el recinto, a pesar de que algunos llevan más de cuatro años en la función. Incluso, cuesta encontrar en los archivos periodísticos alguna referencia acerca de su labor o su posicionamiento político. Sin embargo, integran comisiones internas de trabajo al igual que sus pares más verborrágicos. Son, en definitiva, los legisladores provinciales y concejales de la capital con más bajo perfil o menor protagonismo.
Ellos no reniegan de su falta de exposición pública. Por el contrario, reivindican su trabajo territorial y vecinal como representantes de la sociedad y hasta aseguran que, algunas veces, es más provechoso cerrar la boca antes que pronunciar palabras que no aportarán nada sustantivo al debate.
Calidad de gestión
¿Puede medirse la calidad de una gestión legislativa sobre la base del discurso o de las intervenciones de un parlamentario? Seguramente que no, como tampoco podría merituarse la labor de un representante a partir de la cantidad de proyectos por él presentados. Ni una ni otra mención, por sí solas, permiten evaluar el trabajo de un legislador. Sin embargo, el complemento de ambas facetas puede ayudar a dirimir el grado de compromiso de estos para con su función dentro de un cuerpo legislativo, sea nacional, provincial o municipal.
La voz del pueblo
Los especialistas coinciden en que, en los sistemas republicanos, el bastión por excelencia de la democracia es la rama legislativa del poder público, porque allí se congrega la representación de todas las expresiones de la ciudadanía y donde se toman las decisiones trascendentales que habrán de señalar el rumbo de los diversos aspectos de la vida en sociedad.
Hecha esta aclaración, bien se podría agregar que la influencia de las nuevas tecnologías de comunicación puede resultar decisiva a la hora de juzgar públicamente a un representante. Como ejemplo basta con mencionar lo que ocurrió durante las últimas dos semanas en el Congreso de la Nación, cuando se discutió sobre el conflicto entre el Gobierno y el campo. Las sesiones en el Senado y en Diputados fueron transmitidas en vivo por los principales canales y seguidas con atención por la ciudadanía.
Incluso, tras seguir las imágenes de televisión, gran parte de la sociedad centró luego sus discusiones de café en torno de la cantidad de veces que los senadores y diputados abandonaron sus bancas, sobre la poca atención que prestaron a quien, circunstancialmente, hizo uso de la palabra o hasta se fustigó sin reparos a quienes, directamente, no se expresaron en el recinto.
Intervenciones
Palabras más, palabras menos, las muchas o escasas intervenciones en el recinto quedan registradas para la historia en las versiones taquígraficas de las sesiones. Sin llegar a hacer una valoración cualitativa, sino más bien cuantitativa, un sondeo de LA GACETA permite concluir que casi un tercio de los legisladores provinciales no exhibe como una de sus prioridades la de expresarse desde su banca.
Sobre un total de 49 parlamentarios, al menos 16 no acostumbran a hacer uso de su derecho de opinar en sesión. Y, quizás por tratarse del bloque mayoritario, todos representan a la bancada oficialista Tucumán Crece.
En el caso del Concejo Deliberante de la capital, la situación es un tanto similar. Incluso, quienes poco apego por la dialéctica pública expresan son al menos tres oficialistas: Cristian Rodríguez, Luis Humberto Marcuzzi y Elsa Arias de Aguilar. Ellos, ante una consulta de este diario, reivindicaron su trabajo territorial ya que, según dicen, esa es la principal función para la que fueron elegidos como representantes vecinales.
Ellos no reniegan de su falta de exposición pública. Por el contrario, reivindican su trabajo territorial y vecinal como representantes de la sociedad y hasta aseguran que, algunas veces, es más provechoso cerrar la boca antes que pronunciar palabras que no aportarán nada sustantivo al debate.
Calidad de gestión
¿Puede medirse la calidad de una gestión legislativa sobre la base del discurso o de las intervenciones de un parlamentario? Seguramente que no, como tampoco podría merituarse la labor de un representante a partir de la cantidad de proyectos por él presentados. Ni una ni otra mención, por sí solas, permiten evaluar el trabajo de un legislador. Sin embargo, el complemento de ambas facetas puede ayudar a dirimir el grado de compromiso de estos para con su función dentro de un cuerpo legislativo, sea nacional, provincial o municipal.
La voz del pueblo
Los especialistas coinciden en que, en los sistemas republicanos, el bastión por excelencia de la democracia es la rama legislativa del poder público, porque allí se congrega la representación de todas las expresiones de la ciudadanía y donde se toman las decisiones trascendentales que habrán de señalar el rumbo de los diversos aspectos de la vida en sociedad.
Hecha esta aclaración, bien se podría agregar que la influencia de las nuevas tecnologías de comunicación puede resultar decisiva a la hora de juzgar públicamente a un representante. Como ejemplo basta con mencionar lo que ocurrió durante las últimas dos semanas en el Congreso de la Nación, cuando se discutió sobre el conflicto entre el Gobierno y el campo. Las sesiones en el Senado y en Diputados fueron transmitidas en vivo por los principales canales y seguidas con atención por la ciudadanía.
Incluso, tras seguir las imágenes de televisión, gran parte de la sociedad centró luego sus discusiones de café en torno de la cantidad de veces que los senadores y diputados abandonaron sus bancas, sobre la poca atención que prestaron a quien, circunstancialmente, hizo uso de la palabra o hasta se fustigó sin reparos a quienes, directamente, no se expresaron en el recinto.
Intervenciones
Palabras más, palabras menos, las muchas o escasas intervenciones en el recinto quedan registradas para la historia en las versiones taquígraficas de las sesiones. Sin llegar a hacer una valoración cualitativa, sino más bien cuantitativa, un sondeo de LA GACETA permite concluir que casi un tercio de los legisladores provinciales no exhibe como una de sus prioridades la de expresarse desde su banca.
Sobre un total de 49 parlamentarios, al menos 16 no acostumbran a hacer uso de su derecho de opinar en sesión. Y, quizás por tratarse del bloque mayoritario, todos representan a la bancada oficialista Tucumán Crece.
En el caso del Concejo Deliberante de la capital, la situación es un tanto similar. Incluso, quienes poco apego por la dialéctica pública expresan son al menos tres oficialistas: Cristian Rodríguez, Luis Humberto Marcuzzi y Elsa Arias de Aguilar. Ellos, ante una consulta de este diario, reivindicaron su trabajo territorial ya que, según dicen, esa es la principal función para la que fueron elegidos como representantes vecinales.








