Un joven fue asesinado de un tiro en la frente

Los investigadores del caso sospechan que el homicidio está relacionado con el consumo o con la venta de estupefacientes de la zona. El asesino habría intentado vengarse de un robo. La Policía busca a los ocupantes de un auto color rojo. Gran frialdad.

UNA FAMILIA DESTRUIDA. Los familiares de la víctima, aseguraron que Rojas no tenía problemas con nadie y que no andaba en cosas raras. LA GACETA / FRANCO VERA
UNA FAMILIA DESTRUIDA. Los familiares de la víctima, aseguraron que Rojas no tenía problemas con nadie y que no andaba en cosas raras. LA GACETA / FRANCO VERA
27 Junio 2008
Un joven de 19 años murió ayer a la mañana. Había recibido dos balazos, uno de ellos en la cabeza, en horas de la madrugada, cuando se encontraba con varios amigos en el barrio Antena, en Banda del Río Salí. Hasta anoche los investigadores manejaban varias hipótesis sobre los motivos del mortal ataque, y la más plausible está relacionada con la venta de estupefacientes.
Poco después del mediodía, Jorge Luis Rojas salió de la casa de su hermana Silvana Frías, ubicada en la zona del barrio El Salvador, en la capital tucumana. "Ni cuenta me di cuando salió. Pero después pensé que se había ido a la casa de una tía, en Banda del Río Salí y me despreocupé", indicó la mujer.
El muchacho, efectivamente, fue al barrio Antena, pero no estuvo con familiares, según establecieron luego policías de la División Homicidios y Delitos Complejos, al mando de los comisarios Miguel Gómez y Hugo Cabezas, y de la Brigada Este, al mando de los comisarios Miguel Angel Alanís, Mario Francisco Ponce Madrid y Abel Soria.
María Rosa Jiménez, la madre de Rojas, dijo que el muchacho se ganaba la vida como vendedor ambulante y que tenía un hijo de pocos meses. "No entiendo nada. El no tenía problemas con nadie, ni andaba en cosas raras", afirmó la mujer. Sin embargo fuentes policiales dijeron que el joven, a quien conocen como "El Orejudo", habría tenido antecedentes delictivos.
Algunos testigos afirmaron que Rojas había estado tomando con otros muchachos en calle Salta primera cuadra y permaneció gran parte de la noche con ellos. Poco después de las 3, se desencadenó la tragedia. El ataque fue muy rápido pero certero. Al menos tres hombres que se movilizaban en un autómovil color rojo se detuvieron a pocos metros de donde estaba el grupo. Uno de ellos, aparentemente el que manejaba, se bajó del rodado con una pistola en la mano. No dudó. Se acercó a Rojas, quien estaba apoyado contra una pared, aparentemente borracho, y disparó cinco veces. Luego escaparon rápidamente en el vehículo. Uno de los proyectiles dio en la frente de la víctima, y otro en la zona del cuello. Los otros tres rebotaron contra la pared.
Los vecinos, luego, dijeron estar acostumbrados a los tiros, por lo que no salieron de sus casas. Por eso pasó un rato antes de que una mujer advirtiera que Rojas estaba tirado en medio de un charco de sangre, a metros de su vivienda, y llamara a la comisaría de Güemes, ubicada a pocas cuadras. Cuando los policías llegaron, encontraron que el muchacho agonizaba. Pidieron una ambulancia, en la que lo trasladaron al Hospital Padilla, pero los médicos que lo recibieron advirtieron que no se podía hacer nada. La bala había causado lesiones cerebrales irreversibles. Rojas murió a las 9.30.
Néstor Cajal, cuñado de la víctima, negó que el muchacho hubiera estado vendiendo drogas. "El era consumidor, pero no vendía. No tenía ni un peso. La Policía ahora quiere cubrirse. A nosotros nos dijeron que los que le dispararon eran policías de civil, que andaban en un Ford Falcon rojo", afirmó el hombre. Según se supo, cuando el muchacho yacía en el piso, un ladrón de la zona, conocido como "Ratita", le robó las zapatillas que tenía puestas.
Los investigadores habían identificado anoche seis testigos. No se descarta que uno de los que había estado con Rojas haya participado en esa misma zona en un atraco, durante el cual le robaron a un hombre un teléfono celular o el dinero con el que supuestamente había ido a comprar sustancias prohibidas a la casa de una mujer de la zona. Los policías creen que el dueño de ese teléfono puede haber regresado a buscar al delincuente, pero acompañado por otros hombres, que terminaron matando a Rojas.
María Jiménez pidió Justicia. "No quiero que ahora empiecen a mentir sobre mi hijo. Que digan lo que quieran sobre él, pero no puedo aceptar que lo hayan matado de esta forma. No era un perro. Era un ser humano. Quiero que identifiquen a los que lo balearon y que los detengan", dijo llorando.
El fiscal Arnoldo Suasnábar interrogaba al cierre de esta edición a los amigos de la víctima para establecer que había ocurrido.

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