LA POLEMICA DE SIEMPRE

¿Qué es ser de izquierda o de derecha?

En el país, el problema de las retenciones resucitó ciertos conceptos que, más que describir cuerpos de ideas, son usados para descalificar.
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OTRA EPOCA. Diez años atrás, Menem hablaba del fin de las ideologías. TELAM

Quince años atrás era impensable. Hoy, en cambio, la Argentina asiste a un interesante debate sobre la resignificación, según algunos -resurrección, según otros-, de las viejas categorías políticas "derecha e izquierda". Esto ha quedado a la intemperie en la polémica por las retenciones móviles impuestas al sector agroexportador. Desde el gobierno nacional no dudaron en calificar (o descalificar) a los ruralistas como oligarcas o piqueteros de la abundancia. Por eso, con cierto tono irónico, los instaron a formar un partido de derecha, pero moderno, no "golpista, como en el pasado". Desde el otro sector tampoco escatimaron las adjetivaciones contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que fue rotulada como "zurda" y montonera (por su militancia en la Juventud Peronista de los años 70 junto a su esposo, Néstor Kirchner). Frente a este cruce, mucha gente, en particular los jóvenes, se pregunta en qué consiste hoy ser de izquierda o de derecha. ¿Una opción es buena y la otra, mala?
El miércoles, durante una intervención en un programa televisivo para analizar el acto de ese día en la plaza de Mayo en apoyo a la Presidenta, el politicólogo Torcuato di Tella se jactó de que se estaba cumpliendo su pronóstico. "Este peronismo remixado (sic) de los Kirchner es la izquierda real y posible del país, así como el Partido Demócrata representa el centro-izquierda en Estados Unidos. El peronismo ha ido perdiendo muchas alas, como el menemismo, los Rodríguez Saá y el mismo Eduardo Duhalde, que seguramente confluirán en una gran alianza de centro-derecha", argumentó.
Desde 2003, el matrimonio Kirchner viene insistiendo en que su objetivo es implementar un proyecto nacional, popular y progresista, que sea inclusivo. Por eso, el martes, el ex presidente advirtió que, en el tema de las retenciones, no estaba en juego una simple medida tributaria o fiscal, sino un modelo de redistribución social para el país.

Lo sólido se deshace
No se trata de un cambio sólo discursivo. En América Latina, con distintos grados de intensidad, se están dando procesos políticos similares. Son los casos de Hugo Chávez en Venezuela o Evo Morales en Bolivia. Esto coincide con una discusión sobre la preponderancia internacional de Estados Unidos -fundamentalmente desde al atentado contra las Torres Gemelas de 2001-, la que ya no se admite a libro cerrado, como parecía suceder en los años 90. Basta recordar que, entonces, el presidente Carlos Menem proclamaba la teoría de las relaciones carnales con EE.UU.
El panorama es notoriamente diferente que en los 90. Entonces y tras la caída del Muro de Berlín (y de los países alineados con la ex Unión Soviética), la distinción entre derecha e izquierda parecía ser un recuerdo arqueológico. En el mundo el bloque simbolizado por EE.UU. irrumpía triunfante y el capitalismo se imponía como pensamiento único (no en vano, algunos pronosticaban el fin de la historia). Fue cuando, para acomodarse a este cuadro, muchos teóricos europeos de izquierda comenzaron a hablar de una tercera vía conciliadora, representada por el inglés Tony Blair. En España, desde la derecha, José María Aznar instaba a concretar un profundo viaje hacia el centro.

La tolerancia, ese desafío
Este resurgimiento de la díada izquierda-derecha, que no encierra definiciones absolutas y estáticas, sino contenidos que varían y que se van actualizando según los tiempos y las sociedades, tiene en la Argentina un agravante.
La inestabilidad institucional y los continuos golpes militares impidieron que una y otra tendencia pudieran convivir con tolerancia, como en otros países. Esto hace que ambas designaciones, por una historia de excesos, más que significar diferentes actitudes políticas, suelan ser utilizadas valorativamente para estigmatizar como "zurdo" o como "facho", en un peligroso maniqueísmo. A eso se suma el peronismo que, al operar como un movimiento, que puede oscilar pero nunca identificarse totalmente con la izquierda ni con la derecha, según sus exégetas, bloqueó desde 1946 el desarrollo de fuerzas ubicadas claramente en un arco o en otro. Todo, entonces, pasó a ser un debate, por momentos simplista, entre los peronistas y los que no lo son.
Izquierda y derecha siempre representaron actitudes filosóficas, políticas, sociales, económicas y hasta existenciales bien diferenciadas, aunque admiten grados (los matices del centro) y extremos. Si bien la sustancia de ambas categorías está en permanente mutación, hoy en la Argentina, más allá de los partidos y simplificando, se identifican con la izquierda quienes ponen énfasis en el acortamiento de las brechas sociales a través de un Estado que intervenga activamente en la economía y que promueva en materia de derechos humanos una revisión completa de los crímenes de la dictadura militar, algo que en los años 90 parecía cerrado. En el frente se ubican quienes acentúan la importancia de que la economía y las fuerzas productivas se desarrollen libremente a partir de un Estado pequeño, concentrado en brindar seguridad y servicios esenciales, y en permitir fundamentalmente el despliegue de los derechos inherentes a la propiedad.
Quienes militan en una u otra concepción se parecen -aunque no lo sepan- en que no han aprendido a disociar estos conceptos de la carga prejuiciosa que aún hace que derecha e izquierda sirvan más para descalificar o, lo que es lo mismo, para lastimar antes que para definir modelos de convivencia racionales, perfectamente diferenciables.