"Todavía no sé por qué lo hice", declaró Amín

El joven santiagueño confesó haber ahorcado a su esposa y dijo que durante ese día escuchó una voz que le decía "Pablo, te quieren matar".

BIEN CUSTODIADO. El acusado de homicidio Pablo Antonio Amín es trasladado por un pasillo de Tribunales. LA GACETA/ INES QUINTEROS ORIO
BIEN CUSTODIADO. El acusado de homicidio Pablo Antonio Amín es trasladado por un pasillo de Tribunales. LA GACETA/ INES QUINTEROS ORIO
14 Junio 2008
"Pablo, te quieren matar". Esa es la frase que dijo haber escuchado varias veces Pablo Antonio Amín el día que mató a María Marta Arias, cuando declaró durante casi dos horas ante la fiscala Adriana Reinoso Cuello. Por primera vez, en casi ocho meses, el imputado de homicidio agravado rompió el silencio y confesó haber asesinado a su esposa.
El joven santiagueño, durante su extensa exposición, relató cada uno de los pasos que dio el 27 de octubre, día en el que llegó a la provincia para participar de un encuentro de ventas de la firma Herbalife, empresa para la que él trabajaba. En esa jornada, según describió el imputado de homicidio agravado, estuvo a punto de pelearse con Luis Bader, compañero de trabajo. "Pensé que me querían sacar del negocio; por eso me retiré de la reunión. Salí del estacionamiento y, a los gritos, lo invité a pelear fuera del lugar donde se desarrolló el encuentro", explicó.
"La llamo a mi señora y la subo al auto. Quería volver a Santiago del Estero. Vi todo como una nebulosa; no me acuerdo de nada hasta que una alarma empieza a sonar. Ya estaba en otro lugar y veo una estación de servicio cerca y decido entrar a cargar combustible, pero no cargo. Dejo el auto estacionado. Saco un revólver que tenía y lo arrojo a un tacho de basura, y le digo a María Marta que algo me habían dado de tomar", declaró Amín ante la fiscala.
A partir de allí, según el relato, comenzó a protagonizar incidentes en distintos sectores de la ciudad. Primero se subió a dos ómnibus y después a tres remises de los que se bajó abruptamente, porque, de acuerdo con lo que declaró, una "voz interior" le decía: "bajate de ahí porque te quieren matar".
Después de haber dado varias vueltas, Amín relató que se sentaron en un bar de enfrente de la plaza. "Fui al baño, pero me terminé orinando el pantalón porque pensaba que ahí también me querían matar. Vuelvo a la mesa, pido la cuenta y le digo a mi señora que mirara lo que iba a pasar. Le pago al mozo con $ 100 y le pregunto cómo me llamo. El me contestó: ?Pablo de Santiago del Estero?. Me asusto y María Marta se sorprende. La agarro de la mano y vuelvo a escuchar la voz que me decía: ?Pablo, movete que te quieren matar?".

De la iglesia a la comisaría
Según el relato de Amín, de allí se fueron a la Catedral. "El cura estaba dando la misa y la iglesia estaba llena. Me le acerco y le digo que necesitaba hablar con él. El me respondió que esperara a que terminara la misa. Ahí descubro que se acercaban madres con bebés. Me puse en la cola y me hice bautizar de nuevo", declaró.
Amín también relató los escándalos que protagonizó en el templo. "Le pedía a la gente que me fotografiaran, pero los fotógrafos se negaban. Agarré una jarra de agua bendita y la empecé a tomar. Después agarré el celular de mi señora y lo empecé a desarmar porque pensaba que nos iban a seguir por el teléfono y lo dejé en una mesita", comentó.
El joven santiagueño explicó que, después de ese incidente, decidió salir a la calle y acostarse en un banco de la plaza Independencia. "Vi que pasaba un móvil de la Policía y me tiré encima del capot. A los gritos, les pedí que me llevaran detenido", señaló.
Los uniformados cumplieron con su deseo y lo trasladaron hasta la Dirección de Patrulla Urbana. "Le dije al comisario que me quería quedar a dormir en un calabozo porque me sentía más seguro allí. Pero me dijo que no podía porque no había dónde. Le dije que dormiría en el piso porque tenía miedo de que me pasara algo en la calle, pero no quiso", declaró. Con lujo de detalles, Amín contó cómo lo trasladaron hasta el Hospital Padilla, lugar donde fue retirado por los amigos con los que había viajado para participar del encuentro de Herbalife. Confirmó que después de haber sido dado de alta, se dirigieron al hotel Catalinas Park, donde se habían alojado.

El último reclamo
El joven también explicó cómo y por qué se produjo el desenlace. "Estábamos los dos acostados en la cama de la habitación 514; ella me daba la espalda. Le pregunté por qué se demoró tanto en ir a buscarme al Hospital Padilla. Ella me respondió: porque queríamos internarte, Pablo. Ahí me enloquecí", declaró.
En uno de los momentos más escalofriantes de su declaración, el imputado dijo: "me subí arriba de ella. Con la rodilla en el pecho, la agarré del cuello con las dos manos y con todas mis fuerzas la empecé a asfixiar hasta no dar más, hasta que me cansé. La solté y ella no se movía más. Se me vino una nebulosa como la que sentí cuando andaba en el automóvil. Todo duró hasta que sentí la voz de una señora vestida de blanco que me dijo que había muerto. No recuerdo nada más".
No dijo ni una palabra respecto de dónde sacó el bisturí con el que le cortó los párpados a la víctima. Tampoco contó por qué le extrajo los globos oculares, ni por qué la arrastró cuatro pisos hasta que fue descubierto por el personal del hotel.
"La amaba mucho a mi señora. Estoy arrepentido de lo que hice, pero no por la causa ni por lo que estoy pagando ahora, sino porque la extraño mucho. No sé por qué lo hice", fueron las últimas palabras que declaró Amín.
A pesar de que confesó haber matado a Arias, sus defensores, Roberto Flores y Martín Zottoli, se mostraron satisfechos. "Para nosotros era importante que la fiscala escuchara qué fue lo que ocurrió. Evidentemente estamos ante una persona que sufrió un ataque de paranoia", expresaron. "Solicitamos que se le impute el delito de homicidio simple y no agravado, puesto que la ahorcó mortalmente y todas las otras lesiones que sufrió la víctima fueron post mortem", señalaron Flores y Zottoli.
La fiscala debe pedir la elevación a juicio de la causa, tras analizar el planteo de los defensores.

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