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Martes 20 de Mayo de 2008
Economía
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El paraíso laboral no existe. Generalmente, ese razonamiento suele escucharse en cualquier oficina, fábrica o puesto de venta por las diferencias de criterio, de estados de ánimo o de perspectivas laborales que conviven entre los recursos humanos de cualquier compañía. En realidad, no existen ni buenas ni malas empresas; tan sólo aquellas que tienen una cultura típica de trabajo en la que conviven aquellas diferencias entre los empleados y los jefes, dice a LA GACETA Ricardo Lange, director de Great Place to Work Institute Argentina, una empresa de investigación y consultoría gerencial, con oficinas centrales en Estados Unidos y filiales en el mundo.
Sin embargo, el ejecutivo considera que las diferencias se marcan cuando una compañía comienza a considerar que tener un buen clima interno es un buen negocio, en el que la confianza y la calidad de las relaciones entre los empleados y la gerencia las posicionan como un buen lugar para trabajar. De visita por Tucumán (Alejandro Martí es el representante local de la firma), Lange plantea que esta tendencia no es una moda ni una cuestión de marketing, sino de competencia empresarial por la cada vez más dificultosa carrera para retener a los mejores empleados. “A las empresas de hoy no les alcanza con pagar un buen sueldo, sino que ahora deben incorporar culturas laborales más atractivas para sus empleados”, indica.
Para establecer cuál es la temperatura interna de una organización, lo principal es hacer un diagnóstico sobre la calidad del ambiente, del mismo modo que una empresa hace el seguimiento de las ventas, de la producción, del ausentismo o de la contabilidad. “Tener la foto es lo primero y luego los propietarios, gerentes, mandos medios u otros conductores deben asumir el riesgo de preguntarles a los empleados qué sienten y qué sugieren”, afirma Lange. Y apunta: “luego habrá que informar el resultado, interpretándolo y no justificándolo para pasar a la acción y comenzar a delinear un mejor clima laboral”. Las encuestas de clima son cada vez más corrientes en las compañías que buscan generar sus propias soluciones a los problemas internos de confianza y de relaciones laborales.
“Se trata de una metodología que arranca de arriba hacia abajo, en la que el personal se siente respetado por los jefes y perciben imparcialidad en las decisiones que se toman. Esto alimenta el orgullo del empleado y lo predispone a la tarea con otro semblante”, afirma Lange. “En los mejores lugares para trabajar -añade Lange-, los jefes cumplen las promesas y si no las pueden cumplir, lo comunican. Además, están al servicio de los empleados, traando de lograr lo mejor de su gente para mejorar la productividad”. “Si hay confianza entre pares, gran parte de la batalla se ha ganado. Eso alimenta el orgullo del empleado por el puesto que ocupa y así también se afianza la camaradería entre empleados”, acota.